30 de marzo de 2020

Cuentos de andar por casa: Una historia de Internet




Una historia de Internet
Mi nombre es HP, mi apellido Windows; de lo que podéis deducir que pertenezco a una familia y a un momento donde la ficción y la realidad se confunden.
Tengo un cuerpo equilibrado, altura y peso estables, mientras que mis pulsaciones y tensión son más cambiantes, mi cabeza es ancha y plana y tiene matices y opciones de color e intensidad, en general, diría que este cuerpo que la técnica me dio es proporcionado y justo.
Funciono mediante los impulsos que generan en mi pecho las caricias de las prestadas manos de un ser raro y complejo, sin embargo y a pesar de esos contrastes, me he acostumbrado a su presencia y con el tiempo he llegado a la conclusión de que él me necesita más a mí, que yo a él.
Este extraño ser, tiene un comportamiento curioso: se emociona, ríe, llora, gime, grita, patalea, susurra, canta y todo ello, solo, delante de mis virtuales narices.
Os cuento que una vez lo vi alegrarse hasta la locura cuando le abrí un mensaje que decía: «Tenemos el gusto de comunicarle que su proyecto del Museo de Luciérnagas de París ha sido premiado».
Os cuento que otra vez lo vi llorar de amargura, cuando recibió un correo que decía: «Estimado señor lamentamos comunicarle que después de las pruebas pertinentes le confirmamos que ese tumor que le detectamos en su día, es maligno».
Os cuento, que una vez, me sobresaltaron sus jadeos, no conocía el Ciber sexo, pero confieso que a él, le debió impactar sobremanera pues enrojeció hasta el desmayo, permaneciendo exhausto e inmóvil durante unos largos minutos.
Os cuento que otra vez, escribía y escribía participando en un debate sobre letras, textos, libros y cosas parecidas, detecté por la temperatura de mis teclas que el intercambio de opiniones era acalorado y apasionante.
Os cuento que una vez me llevó de viaje, fue muy divertido, utilizó mi estómago para obtener unos billetes de avión, que pagué sin darme cuenta, reservó una habitación doble con desayuno incluido, al que le acompañé sin invitarme a probar bocado, me paseó por Avenidas y Bulevares y, de regreso, me tuvo horas y horas encendido relatando sobre mi vientre los momentos que habíamos compartido.
Os cuento que alguna vez me he resfriado y mi cara se ha quedado totalmente negra, inmersa en la más absoluta de las oscuridades y este ser tan especialmente raro, me ha curado y cuidado hasta recuperar mi habitual luminosidad y colorido.
Ahora, os cuento que ya soy mayor y ha llegado mi hora, creo que mis Enter están contados y un joven HP ocupará mi sitio, porqué él —el raro—, no puede o no quiere o no sabe estar sin Internet.



2 comentarios:

  1. Bravo amigo , que lindo lo has hecho ..vamos me quedo prendada con tus cuentos de andar por casa ..ya quiero otro jjajaj . Un abrazo

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  2. Interesante la personalización del ordenador.

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