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6 de febrero de 2012

Con el miedo en el cuerpo


Para Tomás, el día pintaba mal. Había recibido una carta certificada, por la que se le citaba esa mañana en el Servicio de Urología.

El contenido de la carta era el siguiente: "Pauta de preparación para la Cistoscopia y recogida de orina para la Citología" seguido de un texto farragoso en letra pequeña que hablaba de laboratorios, biopsias, anatomía patológica y antibióticos.
A Tomás le cambió el color de la cara y la gama de violetas, morados y lilas pintaron un nuevo lienzo en su rostro que le acompañó el resto del día.
Consultó a la Wikipedia para confirmar que no estaba equivocado... ¡Dios mío, no estaba equivocado!

Aguardó impaciente en la sala de espera, hasta que su nombre sonó por los altavoces...
-Tomás García, pase a consulta 8.

Muerto de miedo, y siendo consecuente con los conocimientos que al respecto había adquirido en las últimas horas, empezó a bajarse los pantalones. Cuando estuvo desnudo de cintura para abajo, se presentó a la enfermera, ante el asombro de esta.
-¡Pero que hace Ud. buen hombre!-
-Pues yo... no sé... ya estoy preparado, no?
-Preparado... para mear en este frasquito no hace falta tanto exhibicionismo. Ande llénelo en el Baño, déjelo en el mostrador y pida hora para conocer el resultado... ¡Eso es todo!

Tomás, confundido se marchó de la consulta 8 de Urología, contento como un niño con zapatos nuevos, pero avergonzado y acordándose de la "Mamá" del administrativo que redactó aquella citación.

18 de enero de 2012

Este jueves, relato. Desnudar el Corazón, en pretérito perfecto simple.


Divague.
Nuestros estados de ánimo no siempre son coincidentes, y es posible, que cuando a unos se nos afloja el lagrimal, a otros les pueda el caos de una confusa identidad personal. Con lo cual, la necesaria conexión emocional, inexplicablemente se repele como polos del mismo signo. Por eso, es difícil desnudar nuestro corazón hasta tal punto, podría ser incluso, irrelevante o contraproducente.

Relato.
Me emociona pensar que he servido para algo y que he servido a alguien. Hoy, con 64 excusas para justificar mi paso por esta senda de elefantes, miro hacia atrás y busco entre imágenes en sepia un momento sublime, tan especial y tan mío, que sólo yo sea conocedor de su existencia y me atreva a vomitarlo.

Pero los recuerdos, (incluso los del futuro) se amontonan.
Se solapan edades, personas, lugares y circunstancias, como los naipes de una baraja ordenando un Solitario... Y tengo que jugar, aunque sea conmigo mismo.
Los vuelvo sobre el tapete, que huele a vida vivida y elijo entre varios... El primer beso o el último, aquel anhelado cambio de curso, los primeros pantalones largos, ese necesitado aumento de sueldo, el viaje a Italia que por primera vez me distanció de mi casa o tropezar con aquella piedra que tanto daño me hizo y volver a tropezar de nuevo en el mismo sitio y con la misma piedra... ¡Menudo idiota!

Lo veo claro, mi secreto inconfesable, ese que se aloja en mi interior y que ahora comparto, no es un momento, sino un estado... ¡Ser joven! Y confieso arrepentido, que mientras lo fui, no utilicé el privilegio del descaro, no alboroté por temor a ser despedido, no cultivé el oído y el paladar, no aguanté resacas ni seduje constantemente, y lo peor, no dudé de la existencia de Dios.

¡Que manera mas estúpida de desaprovechar la juventud!

23 de agosto de 2011

Sentado, en la arena de la Bahía.



(Un viejo libreto y cuatro textos de antesdeayer)

Libro 1º
        Escucho a Rodolfo (Luciano Pavarotti), mientras suelta la mano de Mimí (Mirella Freni), quien yendo hacia atrás, encuentra una silla sobre la que se deja caer, abatida por la emoción…

“¿Chi son? Sono un poeta. Che cosa faccio? Scrivo.
E ¿come vivo? Vivo”.
(La Bohème. Acto Primero)

“Al caer la tarde entramos en Montevideo. No me apunté a la excursión. Achanté la mui y aguanté a bordo, que es lo sano. La chavala se puso de morro y me salió con que ella prefería no comer a perder la oportunidad de ver el Uruguay. La dije que bueno, pero ni intención. Ella porfió y yo acabé diciéndole que yo me visto por los pies y que acá y allá, en mi casa mando yo. Terminamos mal y se largo al camarote sin despedirse. A mí que me registren.
El sol tiene ya color de otoño. ¡Qué cosas! Retrasamos los relojes otra media hora. Mañana a la mañana en Buenos Aires. A lo que dicen ya no navegamos por el mar, sino por el río de la Plata. Si eso es un río, yo soy obispo. ¡No te giba! ¿Pero es que tiene uno cara de mamarse el dedo?”
(Miguel Delibes. Diario de un emigrante)


Libro 2º.
        Musetta (Sandra Pacetti), sentada, se dirige intencionadamente a Marcelo (Gino Quilico), que empieza nervioso a removerse en la silla de la terraza del café Momo…


“Quando men vo soletta per la via, 
la gente sosta e mira e la bellezza mia tutta
ricerca in me da capo a pie”...
(La Bohème. Acto Segundo)


“Camille se levantó y apagó la música.
-Tienes razón, no lo vamos a conseguir… Más vale que te largues… Pero déjame decirte un par de cosas antes de desearte buen viaje: la primera tiene que ver con los intelectuales, justamente… Es muy fácil descojonarse de ellos… Si, es tan fácil que te cagas… Muchas veces no son muy cachas y además no les gusta meterse con nadie… No les emocionan las demostraciones de fuerza, ni las medallas, ni los cochazos, así que es muy fácil… Basta con arrebatarles el libro de las manos, la guitarra, la pluma o la cámara de fotos, y ya no dan pie con bola, los muy  gilipollas… De hecho, es la primera cosa que suelen hacer los dictadores: romper gafas, quemar libros o prohibir conciertos, no les sale caro, y les puede evitar más de un problema más adelante… Pero déjame que te diga que si ser intelectual significa que a uno le gusta aprender, ser curioso, atento, admirar, emocionarse, tratar de comprender como funcionan las cosas e intentar irse a la cama un poco menos tonto que la víspera, entonces sí, reivindico mi condición totalmente: no sólo soy una intelectual, sino que además estoy orgullosa de serlo…”
(Juntos, nada más. Anna Gavalda)


Libro 3º
Mimí, tose entre sollozos, revelando su presencia a Rodolfo, que se lamentaba ante Marcelo. Al verla en tal estado, sorprendido, se acerca a ella invitándola a que se refugie en la taberna, donde, Musetta en un ambiente sofocante, se ríe y burla de Marcelo.


“¿Che?, !Mimí! ¿Tu qui? ¿M'hai sentito?
¿Ella dunque ascoltava?
Facile alla paura per nulla io m'arrovello.
¡Vien là nel tepor!
No, quel tanfo mi soffoca!
(La Bohème. Acto Tercero)


“…Pedimos un whisky con hielo y Perrier como aperitivo y, luego, vino tinto con una comida que apenas probamos. Chez Eux tenía un menú fijo, compuesto de exquisiteces que venían en unos cazos hondos, y nuestra mesa se fue llenando de patés, caracoles, ensaladas, pescados y carnes, que los sorprendidos camareros se iban llevando casi intactos para hacer sitio a una gran variedad de postres, uno bañado de chocolate hirviendo, sin entender por qué desairábamos todos esos manjares. Robert Arnoux me preguntó desde cuándo la conocía. Le mentí que sólo desde 1960 o 1961, en París, cuando pasó rumbo a Cuba, como una de las becadas del MIR para recibir entrenamiento guerrillero.
(Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa)


Libro 4º
       Mimí, recordaba su encuentro con Rodolfo aquella tarde de Navidad. Estaban a oscuras y su rubor no se apreciaba. Ahora, le susurraba aquellas mismas palabras al oído, pero presa de un espasmo de tos, extenuada, en silencio, se dejó caer sobre la cama…

“Che gelida manina...
Se la lasci riscaldar!...
Era buio e la man tu mi prendevi..."
(La Bohème. Acto cuatro)

"Era noche entrada,
mis vacaciones llegaban a su fin. Tenía que reconocer que habían pasado más
bien sin pena ni gloria. Algún amigo nuevo, alguna fiesta vieja. En fin, nada
que mereciese la pena. Bien es cierto, que yo tampoco ponía mucho de mi parte,
quería descansar y eso me predisponía en contra de aventuras incómodas, riesgos
innecesarios o desgastes emocionales de costosa reparación, me preguntaba si no
me estaba haciendo mayor. Apuré las últimas horas, para despedirme del lugar y
saludar por última vez a amigos y conocidos antes de mi regreso a mi global
mundo de mentiras, ruidos y contaminación.

        Macao cerraba al amanecer y decidí dejarlo para el final. Richard era mi amigo y quise quedarme con su compañía como último recuerdo. El local estaba lleno, fuera reinaba una tormentosa lluvia acompañada de fuerte aparato eléctrico. Me refugié en un hueco próximo a la barra, con un gesto salude a Sammy, la novia francesa de Richard, le hice señas de que tal y como avanzase entre la gente me acercaría a saludarlos, mientras tanto quedé durante unos minutos bloqueado, contemplando el espectáculo.

    Pasaba el tiempo y mi posición seguía siendo la misma, no avanzaba y me apetecía tomar una copa. Levanté el brazo junto a otros, y como pude le toque el hombro a una mujer que estaba de espaldas en primera línea:
-Señorita, por favor, me pide un Gin Tonic- Se volvió con desgana y con desgana asumió que total… un favor se le puede hacer hasta a un desconocido, asintió sin responder, lo que me hizo pensar que tendría Gin Tonic, pero no compañía.
Me acerqué como pude para recogerle la copa, al menos, era de agradecer su esfuerzo y pendiente de obsequiarle con la mejor de mis sonrisas, me apuré en dedicarle un comentario amable y agradecido, le cogí el combinado y tal y como me lo alcanzó por el aire, le susurre: “volando la copa del Amor, de las alas de un Ruiseñor”, ni que decir tiene que me arrepentí de inmediato de semejante cursilería. Pero ya estaba dicha y partir de ese momento, sólo quedaba esconder mi mirada cada vez que se cruzase con la suya durante el resto de la noche. Su mirada sí, que no su boca, que me atrajo especialmente y a la que perseguí con la vista el resto de la velada. 

        Era fácil localizarla entre la multitud, destacaba de la mayoría por una atractiva madurez dentro de un ajustado y sedoso vestido de color turrón oscuro, casi chocolate. La luz del Bar era justa y puntual, y a ella la adivinaba aprovechando el secuencial giro de algún foco en movimiento.
Esa situación, que generaba nuevas expectativas me gustó y me inquietó, me sentí vulnerable justo en el momento que menos tiempo tenía para reaccionar.

        Cesó el temporal y remitió la lluvia, y el personal buscó acomodo en la terraza que daba al oscuro mar, vi su cuerpo entallado luciendo provocadora sobre una de las barandillas, pero era tarde y la decisión ya estaba tomada, agotaría la velada con Richard y regresaría a Valencia a la mañana siguiente.

       Amaneció por el Peñón y me despedí de mis amigos. La vista de la playa era espectacular, repasaba mentalmente lo sucedido y el común denominador de todas las imágenes era Ella. Sus labios mermelada reclamados por los míos, su cuerpo enfundado en un papel de caramelo y aquella caricia que durante unos segundos mantuvieron mis manos con las suyas al recogerle la copa.

La reconocí paseando lentamente en dirección contraria y me acerqué a Ella, la salude y me saludó. Creo que me esperaba con la misma intuición y deseo que yo la buscaba. Nos temimos por un segundo, pero también creo que ambos asumimos aquella realidad que nos hizo bajar la guardia.

-¿Qué haces por aquí, Ruiseñor?- le dije
-Buscaba soledad- me respondió.
       La miré toda, y con un imprevisto descaro, le susurré al oído:
-Déjame que acaricie de nuevo tus manos, hoy, puedo ser yo tu soledad-“
(Alfredo, y su musa – Altea 2011)

A veces los reencuentros con un mar en sepia, son un refugio para perder el conocimiento y encontrar todo lo demás.

13 de abril de 2011

Este jueves, relato. Un relato histórico


Convinieron la Boda para Mayo. Eran muchos años de relaciones y el final de la Guerra Civil propiciaba una normalidad aparente. Todavía quedaban temores e incertidumbres, pequeños resquicios por donde cualquier nueva ilusión podía sucumbir a los miedos propios o a los recelos de los demás.
En Valencia, todavía con la secuela de "zona roja" nadie podía estar plenamente tranquilo.

Hubo que conseguir y rellenar muchos "papeles" certificados de buena conducta, partidas de nacimiento, documentos de empadronamiento...
Él lo tuvo fácil, había nacido en la ciudad y pertenecía a una discreta familia de notorias costumbres cristianas.
Lo de ella en cambio, era más difícil, inmigró de niña desde un pueblecito de la Mancha y ante lo inminente de la Boda, pidió al abuelo Máximo que viajara al pueblo para obtener algunos de aquellos tan complicados como necesarios papeles que sólo el cura o el alcalde podían validar.

Máximo, regresó a su pueblo después de muchos años e inició las gestiones en la Iglesia y Ayuntamiento para conseguir los documentos que posibilitarían la boda de Amparo. El pueblo estaba malherido, el enfrentamiento entre hermanos dejaba rastros de desconfianza que no se disimulaban al mirar a los ojos, las victimas de uno y otro bando compartían sangre y apellidos y a partir de ese momento y por muchos años, el odio se instaló en sus corazones.

Alguien comentó en el cuartel de la Guardia Civil, que el "valenciano" había regresado al pueblo. Si, ese bastardo comunista que durante la contienda organizaba el auxilio social en un barrio de la "roja" ciudad levantina. Rápidamente y sin mediar mas explicaciones el abuelo fue encarcelado a la espera de sentencia por republicano y subversivo.

La boda se suspendió y ellos dos se desplazaron al pueblo para interceder por la libertad del abuelo. Alegaron que su labor era humanitaria, que no era un militante activo y que su afiliación a la base del PSOE la obtuvo para desarrollar acciones sindicales en la RENFE donde había trabajado siempre de maquinista.

A veces los enemigos dan más miedo por lo que representan que por lo que son en realidad y Máximo representaba la independencia, la autonomía, la libertad, en un pueblo manchado de odio, que seguramente jamás le perdonó su marcha, y que ahora, alguien de su "familia" se había encargado de remediar.

Un año después Amparo y Alfredo se casaron.
Máximo no pudo asistir, murió a las pocas semanas de su detención en la cárcel de Villarrobledo...

Más relatos históricos en la hemeroteca de Gus

27 de noviembre de 2010

Ernest Lluch


Eran las 10 de la mañana, Iñaki Gabilondo dirigía el programa con más audiencia de la radiodifusión española, “Hoy por Hoy” de la cadena SER. Dolorosamente emocionado hizo una pausa para rendir un especial homenaje a su amigo Ernest Lluch y presentó la que según él, era el aria favorita del catedrático catalán.
O mio babbino caro (Gianni Schicchi), sonó llenando el más absoluto de los silencios y la canción de Lauretta quedó unida para siempre a la memoria de Ernest Lluch.
Esta semana se han cumplido 10 años de su asesinato a manos de ETA.

Fue un intelectual valorado, un político respetado, escritor comunicador, profesor, parlamentario, ministro socialista, rector de universidad y hombre extraordinariamente sencillo.

La Plaza del Diamante, le recuerda con cariño mientras escuchamos la música de Puccini.




20 de julio de 2010

Corriendo, corriendo.


Llegó tarde al autobús de las 12, era el último, asumió el contratiempo con resolución y al instante decidió que cubrirá los 6 kilómetros que le separaban de su casa con una entusiasta carrera.
6.000 metros corriendo, corriendo, sin parar.
Alegre, contento, ilusionado. Primero una gran avenida, luego otra, un cruce y a la derecha, el largo boulevard. Llegó al portal de su casa, extenuado y feliz, acababa de cumplir los quince y le habían dado el primer beso de su vida.
Foto de Iban Ramón

9 de junio de 2010

Este jueves, Relato. ¿Hacemos deporte?



Transcurría el minuto 43 de la segunda parte, el resultado estaba equilibrado , que no así el juego, el dominio del equipo visitante era tal, que el asedio a la portería local se hacia insostenible. El esfuerzo de los defensores no garantizaba controlar el empate inicial, empate que por una parte mantenía en la categoría a unos, pero que no era suficiente para la obtención del campeonato a los otros.

La lucha indistinta por el título y por la permanencia, se decidía metro a metro en aquel terreno de escaso césped recién regado. Un metro que para unos era de una defensa a ultranza y para otros de una conquista irrenunciable.

Los cuerpos fibrosos, húmedos y tensos chocaban en buena lid disputando una posesión que les permitiera lograr un sueño largamente acariciado.

Cumplido el último minuto, el balón salió despedido de la bota del extremo izquierdo y voló por encima de defensores y delanteros, superada la línea de la portería y en su lógico descenso, éste quedó a una altura y distancia en la que sólo el otro extremo y su marcador tenían opciones para disputarlo. El forcejeo era mutuo, la espalda de uno y el pecho de otro intercambiaron flujos y ansiedades, ambos se elevaron al tiempo, en busca del cabezazo definitivo y resolver de una vez por todas.

Suspendidos en el aire y a escasos centímetros del balón giraron sus cabezas hacia él, cada uno de ellos en su búsqueda para dirigirlo hacia donde más le interesaba, el atacante hacia el interior del Marco y el defensor lejos de su área en lo que parecía ser la última oportunidad del equipo evidentemente superior.

El contacto de las dos cabezas produjo un ruido seco, contundente, un chasquido corto y duro que se detuvo en el aire durante unos segundos, el justo para que los dos jugadores perdieran la verticalidad y cayeran derrumbados en la tierra mojada, la conmoción era evidente, la ausencia de realidad para ellos y la realidad temerosa para otros, se manifestó en los siguientes segundos, ...el botiquín de emergencia, el sanitario de pega, los botellines de agua del Carmen, ¡Un médico, por favor, un médico!

En aquel campo de cuarta, había deporte... ¡pero no había médico!


Nota del relator: Para los que hayan quedado preocupados por la ambigüedad del final, les diré que el hecho es autobiográfico, es decir, que tanto el extremo como yo, estamos vivitos y coleando.



Más balones, pelotas y pelotitas en la plaza de Vezdemarbán

28 de enero de 2010

...Otra de "romanos"



Siendo consecuente con las intenciones que dieron origen a este Blog, debo de vez en cuando y con mucho gusto, relatar algún recuerdo de los que para mí han significado algo especial, así pues, aquí va, ...otra de romanos:



Nunca me ha gustado el Camping, ni ningún otro sistema similar de acampada, he desestimado siempre cualquier posibilidad de adquirir o utilizar para nuestros viajes o vacaciones las Caravanas de todo tipo.

En una ocasión como consecuencia de la enfermedad de una de nuestras hijas, el médico, le prescribió inexcusablemente largas sesiones de sol.

Así, tomar el Sol al aire libre formaba parte de un tratamiento inicial para combatir una bronconeumonía, con unos supuestos síntomas de raquitismo.

Conseguimos una tienda de campaña y nos ubicamos en un conocido Camping en la Playa de El Perelló, próximo a Valencia, que nos permitiría ir a trabajar sin largos desplazamientos. Pasamos los meses de Julio, Agosto y Septiembre aceptando, no sin cierto estoicismo, las incomodidades propias de la acampada.

Un domingo, al final de ese verano hicimos un viaje a la localidad castellonense de Benicassím con la intención de iniciar un Proyecto de Reforma y Amueblamiento para un amigo. La estancia durante ese día en Princicasim, que así se llamaba la Urbanización resultó estimulante y prometedora, atraídos por la personalidad del complejo, su entorno y la proximidad al mar, nos planteamos, la compra de un apartamento, dejando de esta forma zanjada la cuestión sobre donde y como pasar a partir de ese momento las temporadas de Sol.
Lo habitamos de inmediato, junto al jardín en la primera de un edificio de diecisiete plantas.

Al principio y con solo una de las tres fases de que constaba el complejo terminada, la relación de los vecinos que formábamos la incipiente comunidad, crecía en un entorno eminentemente familiar, un solo edificio parcialmente habitado en un espacio urbanístico proyectado para tres y con casi la totalidad de las zonas comunes terminadas, daba una sensación de amplitud de uso y disfrute muy satisfactoria, todas las actividades, eran compartidas indistintamente por la mayoría de nosotros.

Al principio, las reuniones, alcanzaron una magnitud entrañable, fueron las comidas de fin de semana, cenas de nochevieja o meriendas estivales, las que el reducido grupo comunal compartía, habilitábamos locales comerciales todavía vacíos o un ala de la vieja masía, todavía ocupada por los antiguos caseros, y que hasta su demolición era ocupada parcialmente para el acopio de materiales de la obra restante.

Esos encuentros, habituales por otra parte para las comunidades de vecinos, se planteaban con total ausencia de lujos y ostentaciones, totalmente innecesarios.

Así, las veladas se resolvían en el ámbito familiar más desenfadado, todos colaboraban con todo y así de pronto el economista de Petromed, se convertía en el cocinero que elaboraba para todos unas magnificas sopas de ajo, el químico de Pamesa, arreglaba el local para la ocasión, mientras otros grabábamos en el magnetófono de bobina las canciones que nos animarían durante la velada.

Siempre me ha parecido innecesario recurrir a la música basura para animar en una fiesta, y menos en esta ocasión para que un grupo de desenfadados treintaañeros (entonces) perdieran el aliento al ritmo de cualquier canción vulgar y alineante, lo cual complicaba y mucho la selección musical, pero era cuestión de buscar, recordar y oír de nuevo muchos temas que escondidos duermen en los vinilos de nuestra poco frecuentada discoteca, para la ocasión rescatamos entre otras la banda sonora de la película Fiebre del Sábado Noche y aunque reconozco que ni una ni otra me apasionan, cumplieron perfectamente su cometido, pero lo importante fue recuperar la memoria de los Bee Gees, y escuchar de nuevo sus temas de los sesenta, “Massachussets, Words, I’ve gotta get a message to You”, etc.

Poco duró también, aquella relación vecinal que nos hizo compartir momentos entrañables, la Urbanización creció, se hizo grande y con la incorporación de nuevos vecinos, los intereses y las preferencias de algunos cambiaron, desviando sus atenciones hacía los recién llegados, a pesar de esta circunstancia adversa, pero por otro lado totalmente irrelevante, unos pocos mantuvimos y fomentamos los encuentros, distantes del incómodo circo de posturas aparentes y relaciones interesadas en que se estaba convirtiendo aquel pequeño pueblo que ya lo empezaba a ser llamado Princicasim.

28 de diciembre de 2008

...a propósito de Raimon

(guardaba este recuerdo a la espera del momento propicio, pero una entrada de Maac, http://cantanellas.blogspot.com/2008/12/cant-e-tenor-cantaven-tal-balada.html que por cierto, me ha gustado mucho, he hecho que “reviscolara” esta admiración y respeto por el cantautor de Játiva)

...el de Raimón, fue mi primer concierto en directo.

Había conocido al fotógrafo Paco Alberola trabajando en un catálogo de promoción de producto para una empresa de ascensores y cuyo diseño y maquetación corrían por mi cuenta, Paco, ya era en ese momento un destacado fotógrafo de Studio, con unos conocimientos y propuestas superiores a la media que yo frecuentaba, era vanguardia pura, atrevido, colaborador y respetuoso con las iniciativas de los demás, que él se encargaba de llevarlas a unos limites de calidad inusuales, era generoso con sus posibilidades, con sus conocimientos y con su tiempo, era un artista culto y como la mayoría de ellos de “izquierdas”, mi larga relación con él y con otros de similar talante me llevaron durante mucho tiempo a alimentar la afirmación de que la “Cultura es de Izquierdas”

En su Studio colgaban originales de Equipo Crónica y Genovés y se oía con frecuencia música de Pau Riva, Pi de la Serra o Llach, pero sobre todo todos los temas editados hasta el momento por Raimon, sus primeros himnos, que así lo eran “Al vent”, “la Nit” y “Diguem no”, sus hermosas canciones de amor como “Veles e Vents”, “En un Puny”, “De Nit a Casa” o los formidables poemas musicados de Auxias March, Salvador Espriu o Víctor Jara. Un día nos contó entusiasmado la posibilidad de asistir a una actuación del cantautor de Játiva en una pequeña sala de Valencia y con todas las reservas planeamos junto con Estrella su mujer y otros amigos el asistir al concierto, evidentemente, si éste se llegaba a autorizar.

El Concierto de Raimon en la Sala Studio de Valencia, fue un acontecimiento a caballo entre el miedo y el riesgo que entonces, por los años sesenta llevaba implícito exteriorizar incondicionalidad por un personaje de su contenido socio político y al mismo tiempo por la gran ilusión de ver en directo al autor de temas tan entrañables y comprometidos, como lo eran los suyos en aquel momento.
Raimon con pantalón y camisa de seda negra y con un solo foco iluminándole parcialmente su figura, nos ofreció una actuación emotiva e inolvidable.


A los pocos días Paco me presentó a los componentes del Equipo Crónica, Manolo Valdés y Rafael Solbes, pues Joan-Antoni Toledo tercer componente del grupo lo había dejado recientemente, estos me recibieron en su viejo y pequeño estudio de la Calle del Mar, el motivo de la entrevista no era otro sino, encargarme el Diseño y la Reforma de unos bajos ubicados en la calle Turia, destinados a convertirse a partir de ese momento en su nuevo Estudio, el local era grande y muy alargado, situamos en primer lugar y a ambos lados, una zona de espera y atención al cliente con unos enormes bancos corridos de grandes cojines, a continuación varias estancias dedicadas a taller y administración y al final del pasillo que desembocaba en un corral que dejaría de serlo para convertirse en un espacio ajardinado, antesala del gran estudio situado al fondo del local, de aquella experiencia solo guardo, además del recuerdo, una serigrafía de Crónica, firmada como prueba de autor, que me regaló el propio Paco Alberola.

14 de septiembre de 2008

...Otra de romanos



Dedicado a mis amigos Paredes, Parra, Garrigós, Medina, etc. con los que compartí nuestro primer viaje de Fin de Estudios.
Aquella noche del siete de Julio, el Ciudad de Granada nos esperaba en el puerto de Valencia, dispuesto para embarcar y trasladarnos en lo que iba a ser nuestra primera experiencia tras mediterránea, a las 21 horas en punto el viejo barco inició su andadura. Desde unas butacas situadas en la popa superior vivimos inquietos y despiertos toda la noche la lenta y larga travesía que al amanecer, nos dibujó como por arte de magia en el horizonte, las primeras siluetas de la Isla. Caminamos por Palma, en un recorrido turístico típico como era de esperar, en el que no faltaron la compra de postales y las visitas a Iglesias y Catedral.
Dormíamos y comíamos en Masías o Casas propiedad del la familia del Padre Juan, excepto en la Ciudad de Palma que ocupamos las viejas instalaciones de un casi desmantelado antiguo Club de Tenis.
Una semana más tarde, el mismo Ciudad de Granada nos devolvió a Valencia en una travesía similar, menos inquietos y evidentemente más cansados.
Pero en nuestros recuerdos quedarían para siempre como postales virtuales, las playas cristalinas de Formentor, Cala de San Vicente o Deiá, la musical estancia con el consiguiente paseo en barca por el lago en el interior de las cuevas del Drahc, próximas a Porto Cristo, en cuya playa, existía una escollera partida por la mitad, desplazadas las piedras como consecuencia de los grandes temporales en la que se producían unas fuertes corrientes, y que nuestro entrañable compañero Medina se empeño en cruzar a nado, por momentos veíamos que a pesar de su esfuerzo por recuperar el lado opuesto cada vez se adentraba mas en el espacio del mar abierto, ante nuestros gritos, él insistía con una cara de susto tremenda que podía llegar, "si, si, dejarme, que yo puedo," pero lógicamente de inmediato hubo que rescatarlo de aquella situación complicada, supongo que todavía hoy, pensará que podría haber llegado con su propio esfuerzo, pero lo que afortunadamente no sabremos nunca es ¿Hasta donde?, o aquel otro peligroso y aventurado viaje en el descubierto y lento tren que abarrotado de gente comunicaba Soller con su aconchada y bonita Bahía y que por evitar al revisor, saltábamos en marcha de un vagón a otro.
Pueblos como Inca, Pollensa, Alcudía o Valldemosa y noches como aquella en la que dormimos al aire libre, casí pegados a las estrellas, después de rezar un interminable rosario, en el patio superior de un Convento próximo a la Cartuja, "Sublime rosario".

30 de abril de 2008

...una de naranjas


Naranjas “La Huertana”. tremendamente dulces, respondía incansablemente el locutor y experto presentador de programas musicales de Radio Valencia: Ramiro Planells, así durante seis meses en los programas que estuvimos grabando para la promoción de este "manjar de la huerta" y que se emitían todos los sábados a las 16’30 en la emisora regional de la Cadena SER de Badajoz. El programa de media hora de duración tenia un formato de crónica musical al uso pero de contenido muy rompedor, con estreno de novedades discográficas, críticas, biografías, y obviamente las referencias publicitarias a la fruta valenciana por excelencia que esponsorizaba un productor de Cullera, sería muy presuntuoso por mi parte creer que por primera vez y a través de la emisión de ese programa, en Extremadura podían oír hablar y escuchar la música de los Hendrix, Crimson, Zeppelín, Cream, Floyd etc. pero esa fue nuestra difícil y gratificante apuesta.
Toda la documentación y elaboración del guión era tarea mía y Ramiro ponía la voz y el énfasis publicitario, al mismo tiempo que dirigía a su equipo en la realización y grabación del programa, todo ello sobre un soporte de cinta magnética en un equipo de bobinas Revox y a través de lo que me parecía una complicada mesa de mezclas con incontables pistas, grabábamos de una sola vez, por lo que aunque el programa se emitiera semanas mas tarde no dejaba de ser un riguroso directo, el descubrimiento que para algunos asiduos radio oyentes supuso conocer la existencia de músicos como los citados con aportaciones biográficas y musicales, pudo compensar la forma transgresora con la que planteábamos por otra parte despiadadas críticas de otros músicos, recuerdo haber roto en pedazos delante del micrófono un disco del insufrible Georgie DanTodas las ediciones tenían inevitablemente dos cosas en común, por un lado la obligada referencia al Patrocinador y sus marcas y por otra la música de presentación que encabezaba todas y cada una de las emisiones, esta fue una acertada aportación de Ramiro gran conocedor de toda la música contemporánea del momento, el tema en cuestión era el prólogo que utilizó Neil Diamond en su memorable concierto del Teatro Griego de Los Angeles, empezaba con una corta pieza sinfónica que se fundía a los pocos segundos con el trepidante Cunchy Granola Suite, un ritmo frenético y envolvente que rápidamente te hacía entrar en situación.

                                          
Algún día se remasterizará el citado concierto presentándose en formato DVD y no perderé la oportunidad de añadirlo a mi colección de imprescindibles, fueron mas de veinte programas de los que inexplicablemente no guardo ninguna copia, pero fue una experiencia apasionante, estremecía solamente pensar que alguien, aunque desde la distancia pueda esperar con cierta ilusión al próximo sábado para compartir una inquietud por un apartado musical, como lo era entonces de inusual proyección publica y aparentemente desconocido para la mayoría.

20 de abril de 2008

...un viaje a la sombra de los Beatles


Nuestra segunda aventura viajera a mediados de los 60, dibujó un recorrido por el norte de España, viaje de fin de estudios, correspondiente a los dos años de Oficialía Industrial.
Transportados en un viejo autocar salimos de Valencia con un destino muy definido, pues nuestras estancias estaban directamente relacionadas con las ciudades en donde los Jesuitas tenían internados, alojamientos que en esas fechas estivales quedaban vacíos al coincidir con las vacaciones de sus habituales ocupantes, así, intencionadamente y en este orden, Zaragoza, Javier, Loyola, San Sebastián, Bilbao, Burgos y Madrid, y sus alrededores, se convirtieron en objetivo de nuestra primera lección práctica de Geografía Política.
En la tercera jornada, desde Javier a Loyola y aprovechando la coincidencia con los primeros días de las Fiestas de San Fermín, habíamos previsto una larga visita a la Capital Navarra, comimos en el Colegio de los Jesuitas y por la tarde el responsable del Viaje el Padre Solaesa (Hermano realmente), nos autorizó a pasear libremente por la Plaza del Castillo y alrededores con la condición de que a una determinada hora, nos reagrupáramos de nuevo en un lugar cercano donde estacionado el autocar, reanudaríamos el viaje para dormir en Loyola, importante enclave religioso próximo a la localidad Guipuzcoana de Azpeitia.
Uno de mis inseparables compañeros de entonces era Martínez Arbizu, con el que esa tarde mantuve una singular competencia respecto a ver quien de los dos conseguía bailar con más chicas en la Verbena situada en el centro de la famosa plaza y tal fue nuestro énfasis y por que no decirlo el éxito de aquella tarde, que el tiempo, se nos paso volando y cuando regresamos al lugar acordado con una hora de retraso el autocar ya no estaba. Parecía increíble, pero era dramáticamente cierto, se habían ido sin nosotros y nosotros, no nos lo podíamos creer.
Al despertar a tal dura realidad nos dimos cuenta de que estaba anocheciendo y que no teníamos nada mas que lo puesto, que no era precisamente dinero, en un alarde de autosuficiencia decidimos dejar pasar la noche y al amanecer hacer auto stop hasta San Sebastián, siguiente punto de destino después de la confortable noche que habría pasado el resto de la expedición en Loyola.

Cansados y después de deambular sin orden ni concierto por los alrededores de la Plaza, encontramos acomodo en el extremo de un banco corrido de un bar repleto de gente, donde intentamos acortar la noche con unos tímidos e infructuosos duermevelas, interrumpidos constantemente por la algarabía y el jolgorio reinante en el citado establecimiento.

Una furgoneta de reparto comercial, nos recogió a las afueras de Pamplona una vez despuntado el día y a las pocas horas nos dejaba en la capital donostiarra, justo en un tramo al final del paseo de la Concha próximo al Ayuntamiento, con tal fortuna que el primer autocar que vimos nada mas poner los pies en el suelo, fue increíblemente el nuestro, que iniciaba un paseo turístico por la preciosa Playa.

En Bilbao tuve mi primer controvertido y a la vez feliz encuentro con El Corte Inglés, mucho antes de que pusieran en funcionamiento el Centro de la calle Pintor Sorolla de Valencia, para nosotros el concepto de Grandes Almacenes no iba mas allá de lo que aquí conocíamos como “Gay” o “Lanas Aragón” que no eran sino unas grandes tiendas con una oferta mas bien escasa y limitada, como decía del Corte Inglés me sorprendieron las diferentes plantas y la gran variedad de secciones cada una de ellas con sus ilimitados artículos, el grato descubrimiento bien merecía un recuerdo, en la sección de Complementos de Señora vi un juego de bonitos pañuelos de seda, que supuse le quedarían muy bien a Regina, pero ante la imposibilidad de poder comprarlos decidí robarlos, al distanciarme unos pasos en busca de la salida mas próxima, sentí una fuerte mano que me sujetaba por la espalda, al tiempo que una voz masculina me rogaba que por favor le acompañase, al final del interminable pasillo había una sala privada, una vez allí me preguntó por lo que había sustraído y en un arranque de lastimosa sinceridad le conté los motivos del hecho delictivo y el destino del regalo, supongo que satisfecho por mi reacción y haciendo gala de esa clase que caracteriza a algunos empleados del citado Centro, me pidió que le acompañara a la caja central y ordenó que me envolvieran los pañuelos para regalo, no sin antes hacerle prometer que nunca mas reincidiría en tales acciones.
El resto del viaje transcurrió con relativa normalidad, si tenemos en cuenta que el percance del autocar se repitió una vez más y en esta ocasión los que tuvieron que hacer “dedo” desde Burgos a Madrid fueron José Parra y el mayor de los hermanos Colón, que aún no perteneciendo a las Escuelas también nos acompañaba en este viaje.
A nuestro regreso, se empezó a escuchar, ya con cierta pasión a un grupo de Liverpool cuyos primeros singles formarían de inmediato parte de nuestras discografías.
Cuando The Beatles se reunieron por primera vez en los estudios de Abbey Road aquel Once de Febrero, poco imaginarían lo que ese pistoletazo de salida significaría para la Música, la Cultura y la Sociedad de los años posteriores.
Trece temas componían aquel primer álbum y todos fueron grabados en una maratoniana sesión que duró once horas, finalizando con la impresionante demostración de John Lennon cantando el “Twist and Shout”, tema con el que acababan sus conciertos y que no estaba previsto grabar, pero que decidieron incluirlo porque “aún tenían algo de tiempo”.
Lo que vino después, su música, sus textos, sus películas, sus compromisos, sus filosofías, etc., ya forma parte de nuestra Historia mas reciente. Y siempre habrá una canción de The Beatles, que nos traslade a más de uno de nuestros mejores recuerdos.

14 de marzo de 2008

Un dúo de entonces


La primera chica de la que me enamoré, se llamaba Blanca, apareció un día en el barrio y de pronto, se tambalearon las inocentes relaciones que hasta ese momento todos los niños y niñas del vecindario soñábamos como definitivas, acababa de llegar un ángel y como si de la propia Marisol se tratara, cautivó a propios y extraños.
Su familia se instaló en un bajo, a la vez comercio y vivienda situado justo en la esquina de la Av. Gaspar Aguilar con la calle Agustina de Aragón, y estableció en lo que había sido hasta entonces un viejo ultramarinos, una moderna tienda de comestibles, dejamos de comprar queso y mortadela envueltos en papel de estraza, el aceite ya no lo obteníamos en cualquier recipiente medido en un aparatoso artilugio de cristal y con la aparición de los primeros refrigeradores dejamos de comprar el hielo en barras, pero cualquier excusa era buena para dejarse ver por la tienda-casa de los Sres. de Luna.

Blanquita, como le llamaba su familia era curiosamente muy morena y con unos grandes y hermosos ojos negros,
solía salir a pasear únicamente los Domingos y lo hacía acompañada de una amiga menos agraciada que ella, la persecución de la chiquillería masculina era por tanto despiadada y unidireccional, era agotador esperar durante toda la semana y centrar todos los esfuerzos y recursos conquistadores en las pocas horas de una tarde de Domingo que además, para todos los efectos, inevitablemente acababa siempre poco antes de esconderse el Sol.


Desde el principio me pareció percibir cierta predilección, que se manifestaba sobre todo en la elección de pareja en los juegos compartidos y en los intercambios de las miradas, sin embargo, donde yo más cómodo y seguro me encontraba era cuando coincidíamos en nuestros gustos musicales, teníamos preferencias comunes por algunos cantantes o grupos del momento.
Nos gustaban los “Blue Diamonds”, “Connie Francis” o “Paul Anka” pero seguíamos con exagerada ilusión las canciones del “Dúo Dinámico”, hasta memorizarlas de principio a fin.

Mi único acceso a la música, era a través de los programas musicales que emitían las pocas emisoras de radio que en ese momento existían, La Voz de Levante (Emisora del Movimiento), Radio Valencia o Radio Popular eran algunas de ellas, y en esta última, el incombustible Enrique Gines nos ponía al corriente de los últimos temas que llegaban al mercado nacional. A través de su programa diario “Discomoder”, podíamos conocer los últimos éxitos del Dúo Dinámico, que él repetía día tras día hasta la saciedad.

Manolo y Ramón nos abrumaban con sus canciones, las ediciones de sus “singles” se sucedían con una inmediatez asombrosa y a la vez gratificante, pues nuestra avidez por descubrirles nuevas canciones no tenía límite.
En aquel momento y de no ser por curiosear en los créditos de los discos, todos los temas nos parecían suyos, ya que las versiones originales nos llegaban meses mas tarde de que las hubieran hecho famosas los versioneros locales de turno, pero lo cierto es que el Dúo Dinámico, combinaba composiciones propias con versiones que personalizaba con mucho acierto.

Siempre he recordado con una extraña precisión, las letras de aquellas canciones que el inefable Dúo, componía o versioneaba con tanta regularidad, “Oh Carol, Amor de verano, Esos ojitos negros, Poseía en movimiento, Somos jóvenes, Balada gitana o la grandilocuente Perdóname” no son sino una pequeña referencia de los innumerables títulos que acompañaron nuestros enamoramientos en aquellos primeros años de la década de los sesenta.

                       

21 de febrero de 2008

Las Fallas y yo,


Mi relación con el mundo de las Fallas ha sido especialmente difícil, con toda seguridad un incidente sucedido siendo niño, en el que los falleros de mi barrio, pusieron de manifiesto lo tremendamente cruel, que una decisión clasista e irrelevante, puede con el tiempo trascender en la que sería a partir de ese momento una continua y alimentada disposición adversa hacia las Fallas y su entorno.

Nunca le he vuelto la espalda a los acontecimientos Falleros, pues si bien es cierto que a pesar del torpe comportamiento de aquellos vanidosos y falsos falleros, siempre he sentido con lógica y evidente emoción la esencia y los detalles de una Fiesta, que aunque a veces no lo parezca, pertenece a todos aquellos que son capaces de percibir con un mínimo de sensibilidad, (que no-sensiblería) sus autenticas señas de identidad, y que obviamente no son, ni las diferencias sociales, económicas o culturales, ni tampoco los excesivos y empalagosos adornos de reconocimiento a una Tierra y a un Mar que si hablasen por si mismos, exigirían un trato diferente.

Sin poder evitar esta obsesión inconsciente que tengo de racionalizar mi percepción de las cosas, me atrevería a dar una interpretación casi esquemática de este acontecer histórico, “El Barrio que ya existía, invento la Falla, ésta en su ejercicio, auto-inventó el Fallero, y éste, hombre al fin y al cabo, en una aplicación mal entendida de responsabilidad global se distanció del barrio”

Muchos años después, algunas Sociedades falleras se han convertido en agresivas y competitivas empresas, con Presidentes ejecutivos e inaccesibles comisiones, que ha veces, ni siquiera conocen el Barrio al que representan, y cuya única ocupación y preocupación es, en una loca y desmedida carrera de despropósitos, posicionar su monumento, y solo a golpe de talonario, en el primer lugar de una clasificación por ellos mismos creada.



Afortunadamente existe otro Mundo Fallero, nuevas y jóvenes generaciones, las de aquellos que condicionan su intervención a unas Fiestas mas participativas, las de aquellos que generan una conciencia colectiva, y en el ejercicio de un equilibrado proyecto económico y cultural, proporcionan y devuelven al Barrio, algo de lo que éste les adelantó un día no muy lejano,

Su Vida y la de Sus Personajes.Con gran satisfacción, y por que no decirlo, con cierto miedo y rubor he recibido en varias ocasiones, la petición de entrañables y próximos amigos, de asumir el papel de Mantenedor en el Acto de la Presentación como Fallera Mayor de alguna de sus hijas. Mi pequeña aportación, arriesgada, por posiblemente mal entendida, pero fresca, breve y sobre todo consecuente con la personalidad de la homenajeada, a consistido en darle a esta locución tan particular, un contenido diferente, ideas y textos menos encasillados que los habituales, generalmente amanerados, rancios y sin personalizar, los que con toda seguridad, y tan solo cambiando los nombres se utilizan Presentación tras Presentación y año tras año, indistintamente de quien sea la Protagonista, con adornos gratuitos y excesivos que llenan interminables minutos de tedio entre de los asistentes.

La oportunidad que me han dado: Laura Fornés, Pilar Viçent y Fernando Ferrer, Amparo Díaz, María Alemany, Julia Viçent y Fernando Alemany, me ha permitido con su beneplácito y complicidad, y con mis propios criterios, recuperarme de una herida que latía sedimentada en el fondo de mis recuerdos.

Con un cariñoso recuerdo para todos ellos me he permitido reproducir el Discurso de Mantenedor, que le ofrecí a María Alemany, la tarde de su Presentación como Fallera Mayor Infantil.
Maria tenía 9 años:



Aquella tarde, las calles próximas a la falla, estaban especialmente iluminadas, en sus balcones ondeaban banderas y guirnaldas.

Los vecinos y familiares, se agrupaban en multitud para presenciar, el que iba a ser, uno de los más atractivos pasacalles de la semana fallera.
La comisión infantil de la falla “Periodista Azzati-San Vicente” empezaba una maravillosa e inolvidable cabalgata de disfraces.

Todos los niños y niñas revoloteaban buscando su lugar en las filas, reagrupándose según convenía, para representar, los personajes de cada cuento.

En primer lugar y abriendo la cabalgata desfilaba “Spiderman”, que llevaba el estandarte de la comisión, a su lado “Blancanieves”, que estaba más bella y radiante que nunca, iba acompañada por sus siete inseparables “enanitos”, “Pedro Picapiedra, Pablo, Vilma y Betti” conducían un piedro-coche descapotable, “Peter Pan” y “Campanilla”, corrían de un lado a otro esquivando los zarpazos del malvado “Capitán Garfio”, que no podía evitar ser comido una y otra vez por el incansable “cocodrilo”.


En un tren con muchos vagones multicolores y conducido por una máquina de carbón, disfrazados de maquinistas estaban “Mickei Mouse” y “Pluto”.

Todos, absolutamente todos los personajes de nuestros cuentos y dibujos animados formaban parte de esta maravillosa cabalgata, pero todos ellos no eran, sino el prólogo de un final apoteósico.

De pronto, apareció entre una tupida lluvia de serpentinas y confetis, una inmensa "calabaza", que se movía con lentitud empujada por cientos de ratones plateados,
En medio de los aplausos, del interior del último vagón salió una resplandeciente hada, que no era otra que “Silvia Aparisi”, por un segundo pasaron por su memoria, todos los recuerdos de su reciente reinado como fallera mayor infantil.

Recordó con ansiedad, los nervios el día de su elección, se recreó en los momentos de la inolvidable fiesta de su presentación, la agotadora actividad durante el ejercicio, asistiendo en representación de su comisión, a múltiples y diversos actos y la irrepetible noche en la que su falla se elevo al cielo entre llamas y lágrimas.

“Silvia”, ya sabe de las emociones acumuladas y de los agradables recuerdos que le acompañarán a partir de ahora, y que volverán a su memoria, cuando quiera recordar como fue en su vida, esta apasionante experiencia.
y ahora en sus manos, con su magia, tenia que obrar el milagro y materializar el instante de su relevo, ...avanzó lenta y majestuosa hacia la calabaza y los ratones, y poso sobre ellos su varita mágica.

De pronto, la tarde noche se lleno de miles de estrellas, el cielo se ilumino y el silencio se hizo música, entre una densa nube de flores y golosinas, la calabaza se convirtió en una maravillosa carroza realizada con maderas y piedras preciosas, los ratones se transformaban, unos en inmaculados caballos blancos que tiraban de la carroza y otros en elegantes y uniformados músicos que amenizaban con alegres marchas.

La capota de seda y marfil que coronaba la carroza, se abrió como se abren las palmeras de los castillos de fuegos artificiales y de su interior surgió la más bella y deslumbrante visión que podíamos imaginar, una hermosa realidad vestida de princesa
“Maria Alemany Viçent”.
Ahora empezaba para Maria su particular y maravillosa cabalgata, un viaje lleno de emociones, de frenética actividad fallera, de compromisos, de muchas alegrías y alguna que otra lágrima.
“Maria,... la Princesa”, saludaba desde lo alto de la carroza, estaba radiante de felicidad, a su alrededor “el Rey León”, cantaba alegres melodías, “el Gato con Botas” vestido elegantemente de paje, le hacia exageradas reverencias, “Bambi” le mordía juguetonamente la cola del traje y el “Pato Donald” le repetía con su peculiar voz lo bonita que estaba.

En ese instante, y ya de noche, en el reloj del ayuntamiento, sonaron diez campanadas, el corazón de “Maria” se aceleró, pero esta vez no tenía motivos para asustarse, aquello no era un cuento, era el más hermoso de los sueños convertido en realidad.
Entonces, se le acerco un pequeño y simpático personajillo disfrazado de “Pocahontas” era su inseparable hermana y amiga, “Sara Alemany” y juntas se acercaron al principio de una larguísima traca.

Los vecinos, familiares, amigos, y la comisión en pleno, se unieron formando un enorme corro alrededor de la “falla”.

De las manos unidas de “Maria, la Princesa” y “Sara, Pocahontas”, salió un destello luminoso que encendió la noche y puso en marcha el más esperado de los castillos. Minutos después, unas lágrimas de tristeza resbalaban por las mejillas de “María”, mezclándose con las cenizas de la que había sido hasta ese momento la falla de su reinado.

Esta mañana, “María” se ha despertado sobresaltada, y al ver tirados por el suelo de su habitación, decenas de cuentos con sus personajes favoritos, ha pensado que toda esta historia, había sido solo un sueño, pero al levantar la vista, junto a la ventana e iluminado por un rayo de sol, estaba el mas bonito traje de fallera mayor infantil que jamás había soñado.
“Maria” hoy, es inmensamente feliz.”

17 de febrero de 2008

Balú y la Unión



“Balú” era un pequeño Pub, tan pequeño que a veces para poder bailar, (actividad que por supuesto debido a las justas dimensiones del local era del todo imprevista) había que retirar los cuatro sillones que tenia en el pasillo de acceso a los baños.
El ambiente era tan íntimo y familiar que solo con frecuentarlo varias veces continuadas, reconocías al resto de los contertulios, incluso echabas de menos a los ausentes.
Su propietario, Jose era el elemento conductor que relacionaba personas y acontecimientos, como un maestro de ceremonias multidisciplinar que igual preparaba un contundente Dry Martíni, que pinchaba la música mas adecuada para cada momento.

Visita tras visita y como si hubiéramos pactado un tácito acuerdo ocupábamos los mismos asientos, o al menos nos ubicábamos en la misma zona y de esta forma, la música, las copas, los aperitivos, los asientos y Jose se repetían casi de memoria, día tras día.


El local que abría como bar desde primera hora de la mañana, mantenía una actividad razonable y ordenada en horas de desayunos y aperitivo, pero era a partir del final de la tarde cuando el anochecer lo envolvía con un alo de atractivo lúdico, que invitaba a esconderse entre los estampados de las cretonas inglesas que forraban sus paredes, la iluminación competía tímidamente con la noche creando un ambiente de claroscuros.
La música que se oía hasta bien entrada la noche se paseaba lentamente entre Baladas y Clásicos del Swing, Sting, Sinatra, Cocker, Orbisón, Bee Gees, Etc.
Jose, desde un mas que premeditado control se dejaba querer, solo para los momentos de mayor aglomeración a altas horas de la madrugada buscaba ayuda, mientras tanto el se bastaba para atender con una memoria y eficacia inusual a todos los parroquianos que después del trabajo, de la cena o del cine, íbamos dejándonos caer por su peculiar local, digo que se dejaba querer porque algunos de nosotros, participábamos con su total complicidad en parte de la actividad lúdica del local, seleccionando la música, o proporcionando aperitivos para acompañar las últimas copas.


Quizá no era su intención, pero tal y como avanzaba la noche, la elección de la música iba adquiriendo mas protagonismo y los temas que hasta ese momento solo habían dibujado el fondo sonoro a nuestras tertulias y discusiones, nos contagiaba de un ritmo que solo por el hecho de no haberlo hecho nunca, nos mantenía pegados en nuestros asientos.

No recuerdo cuando fue la primera vez, ni quien la inició, pero si recuerdo la canción “Lobo hombre en París”, el tema de La Unión y nuestro deseo reprimido por un falso pudor que por otra parte estábamos dispuestos a obviar, propició que a partir de ese momento el diminuto Local de encuentros y tertulias, cada noche y a partir de un determinado momento se convirtiera en la Sala de Baile mas trepidante y cuarentona de la Ciudad, todos bailábamos, unos con otros, indiscriminadamente, según venia el “tempo” lento o rápido y Jose con todas, hasta que el amanecer nos sorprendía a través de los ventanales de aquel deseado y entrañable local.