21 de diciembre de 2017

Este jueves, relato: Jugar con fuego


«Jugar con fuego».
«Nadar a contracorriente».
«Lanzarse al vacío».
Expresiones que esconden implícitamente los conceptos de riesgo, pánico, peligro o, en la más leve de las ocasiones, meter la pata, precipitarse, equivocarse —para, en alguna ocasión, arrepentirse después—.
Lo mío, a veces —demasiadas—, es jugar con fuego, nadar a contracorriente o lanzarme al vacío. Con este texto trato de dar un paseo —crítico y crónico— por mi participación en los «Los jueves, relato».
Después de nueve años tengo mis dudas, mis eventuales rendiciones. Apatías de andar por casa. Desidias que me preocupan pero que no logro superar. Parece inexplicable que después de nueve años de asistir todas las semanas a la clase de los jueves —al principio, de los sábados—, me vea, ya mayor, haciendo novillos semana tras semana.
En el tenis existe una jugada en la que el jugador tiene todas las ventajas soñadas por un deportista: El saque. En él, el que saca se toma un tiempo de concentración, decide si lanza a la derecha, a la izquierda o al centro. Si más fuerte y directo o más despacio y con efecto. Nadie le apremia, la decisión es sólo suya. Circunstancias favorables estas que, si se dominan, pueden favorecer el resultado del Match. El resto de las jugadas, siendo importantes, las tienes que resolver desde la inmediatez, la precipitación, el desequilibrio o la desventaja en la ocupación de la pista.
Algo parecido sucede con los compromisos blogueros. Siempre hay un momento en el que somos dueños de nuestras decisiones, tenemos —se supone— el tiempo, la posición, la prioridad, el hábito y lo más importante, a los lectores que nos regalan una parte de su tiempo.
El Blog, no es una excepción. El trabajo de campo se hace público e, inexorablemente, nos vemos envueltos en una dinámica de creación, comunicación, selección y publicación que nos hacen movernos como flechas en busca de esa pelota cruzada a la línea que cada jueves tenemos que restar.
Como en el tenis, el resultado inquieta, el tiempo erosiona, el calor agota y el cansancio te hace dudar. Ese es el momento de convertir la debilidad en insolencia y el vértigo en precisión. Ese es el momento de parar el tiempo, mirar a la grada, tomar aire y valorar la situación. La conclusión es bien sencilla... siempre queremos estar pero no siempre podemos.
Lo veis, en este caso incluso me he pasado de palabras, nadando a contracorriente, lanzándome al vacío y jugando con fuego.


6 de diciembre de 2017

Este jueves, relato: Paraísos


El Paraíso de tu piel

La Tierra gira y gira y, en ese girar, se mezclan materias con pasiones. Efluvios con deseos. Aparecen entonces nirvanas nuevos. Ciudades utópicas que nos enamoran eternamente.
Mi paraíso, después de la unificación, tiene forma sinuosa y senderos misteriosos que explorar.
Su entrada es un corazón carnoso y rojo que, a flor de piel, hipnotiza. Una puerta intangible que invita al acercamiento, parte del eden que es el salvoconducto para todo lo demás.
La primera avenida de este olimpo terrenal empieza con dos cúpulas morenas de color ébano y textura deslumbrante. Su envoltorio, aleatoriamente cubierto de piel del color de la paja tostada, me envuelve y confunde.
Dos fuentes de sonrosado caño e inagotable morbidez dan paso a la gran plaza de la vida, intensa, húmeda por el rocío de la pasión, arteria vital de pócimas y demás encantamientos.
El Boulevard del amor nace entre un jardín de rosas ensortijadas; parada obligatoria para el disfrute y la extenuación.
Al final con el color de la carne y el olor a tierra mojada, se estiran dos avenidas de suaves curvas y cremoso tacto.
Siempre, siempre…, vuelvo y recupero el mismo paisaje: Las dos avenidas. El Boulevard. La Plaza. Las fuentes. Las Cúpulas… todo lo que me devuelve al cielo.

Este es mi paraíso, este es tu cuerpo.