16 de abril de 2014

Este jueves, relato: Mara Laira


"Cita a ciegas".

Estamos como dos niños. Yo, con la mente perdida en ese instante del encuentro que se hace eterno y ella… supongo, resuelta a dar por finalizadas tantas anónimas comunicaciones tras un atractivo avatar.
Su nombre es un misterio: “Mara Laira”… ¿Qué se esconde tras tan estratosférico seudónimo?
Tal vez sea su auténtico nombre y toda ella sea estratosférica y sideral.
El color de su pelo, su altura, su voz, su edad, su estilo en el vestir. Incógnitas que se resolverán en un segundo. Un magnífico segundo de vértigo, de descubrimiento y también de pánico ante tanta sorpresa material.
    Ella, transciende a través de sus escritos, entusiasma con su lógica, apasiona con su ternura, sus signos embriagan y lo que esconde es tan sugerente que genera infinita curiosidad. Eso es todo lo que tengo, e hipnotizado quedo por tanto intercambio virtual
     
Y aquí estoy, esperando con este ridículo clavel y un ejemplar de “The Daily Planet´s Bloggers” abierto por la página 10, a que aparezca el sueño.
Se abre la puerta del Bar… ¿Qué es eso, que también acaricia seductor otro clavel reventón y me señala con las hojas enrolladas de un diario local…? Dios mío… ¡Es un dibujo animado!

Foto de cabecera: Paco Alberola.
Pintura: Manolo Valdés

15 de abril de 2014

Palabra 16 de 52: "Perdón"


La palabra de esta semana me viene "al pelo" para publicar mi lectura del Encuentro de Sevilla:


"Padre, me acuso de no ser sevillano.
No pude elegir, mi destino me sorprendió mirando para otro lado.
A menudo tengo pensamientos frívolos sobre esta Sevilla que deseo y no tengo.
Sí, esta, la de la silla que pierdes. La de la torre del L’oro. La del Miguelete ese, que a veces gira, a veces alda. Esa, que no tengo, por soñar dormido.
Y de eso Padre pido perdón, de imaginar ciudades utópicas, de calles utópicas con colores utópicos. Cuando solo tenía que abrir la ventana y ver en tres dimensiones una realidad que hace que broten de mi lápiz, perfilados bocetos con sabor trianero. 

Ahora, juego a arrepentirme y hago propósito de enmienda, aunque sé que al poco tiempo, la tentación me arrastrará de nuevo hacia el azahar levantino que sin compasión, y una vez más, obnubila mis sentidos"