16 de abril de 2015

Este jueves, relato: "Duetos de Inspiración"


Destino y/o azar

Apenas he jugado a juegos de azar. Es muy sencillo, ¡no creo en el azar! sin embargo existe o al menos lo sufrimos o disfrutamos como consecuencia de un hecho físico o intelectual. Eso que llamamos suerte o desgracia y que tanto parecido tiene con el "Destino" no es sino el resultado de un acierto o un error; ambos tan reales que transcienden en el devenir de cada segundo de nuestras vidas. El destino no se manipula, simplemente se orienta como consecuencia de un acto propio o de terceros, que altera o modifica el recorrido de la acción. Acción esta, que evidentemente no existiría sino fuera propiciada por un hecho que determina en uno u otro sentido.

Sólo es lo que existe, y no lo es precisamente por decisión divina, sino por la acción directa de la mano/cabeza del hombre. La ley humana termina dibujando una realidad tan afortunada como la más multicolor pintura de Velázquez, o desgraciada como la más sombría de Goya. El destino y/o azar. La suerte y/o desgracia no es más que el nombre que se le da a la generación espontánea y puntual de esa ley aún no reconocida.

Pongamos un ejemplo:
Durante un viaje, encuentra usted, señora, un fascinante hombre, el que después de pasar una noche maravillosa le regala un abrigo de visón.
Usted decide:
a.-Lo rechaza indignada
b.-Lo vende y dona su importe a la Cruz Roja
c.-Se lo queda convencida de que su marido se creerá que lo encontró en la calle
d.-Se lo regala a su peor amiga y avisa a los de Greenpeace de su horario de salida de misa.


El destino y/o azar siempre depende de nosotros.

9 de abril de 2015

Este jueves, relato: El Jardín


(Fragmento de una novela en la que estoy trabajando)

Alex no había llegado a conocer del todo aquella mansión. Se movía en espacios concretos: el salón, el dormitorio, la cocina, y el hall que le llevaba al exterior. Ese inmenso jardín poblado y cuidado hasta la exageración. Las avenidas de rodeno, salvaban los desniveles con traviesas de raíl que lucían su autenticidad, mostrando las heridas sin tapar de sus viejos anclajes. Los grupos de árboles se sucedían en una secuencia que los reagrupaba aleatoriamente. No sucedía lo mismo con las plantas que jugaban ordenadas en parcelas por especies, dibujando círculos y espirales que se perdían en grupos, sólo interrumpidos por las aceras de piedra. 
En una perspectiva a ras de suelo se mezclaban orquídeas con jazmines, adelfas con hortensias y rosas con alegrías. El césped y la tierra, común denominador de tanto color, matizaban los encuentros como si del espacio escénico de un teatro se tratase.
Alex y Silvia lo frecuentaban a menudo, a veces con la podadora y el cubo en la mano, y otras, sólo para pasearlo. Sus caminatas estaban llenas de pausas. Se distraían, absortos en tal cantidad y variedad de color.
Alcanzaron unos bancos de madera listonada, al abrigo de una pérgola cubierta con estructura de madera, del mismo tipo que la de los bancos, y con una espectacular tesela en el centro que simulaba una rosa de los vientos. Se sentaron con la mirada perdida en la tranquilidad de aquel aromático lugar.

-Apetece quedarse en este punto y que sea el día el que te eche.
-Somos dueños de nuestro tiempo. –Respondió Silvia, descalzándose- Nadie nos manda, estar aquí sentados, con los pies desnudos en el césped y el olor del mar tan cerca es reparador.
-¿Quieres que te traiga algo de beber? –Le preguntó Alex.
-No, en este momento no quiero que hagamos nada, solo estar. Sólo mirar fijamente tanta belleza y soñar despiertos.

Nada había peor que perder a Silvia, por eso para asegurarse de que aquello no era un sueño, Alex, alargó su mano y acarició la de ella dejándola quieta, convenciéndose de que esa realidad con textura de piel tibia y sedosa, era la única verdad por la que merecía la pena morir.

Este jueves paseamos por el Jardín...