28 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Concurso y Adivina, adivinanza



El tema para este jueves es: «Adivina, adivinanza» Se trata de escribir sobre un lugar, ciudad, monumento, etc. dando suficientes pistas y sin descubrir el lugar. Los lectores utilizaremos las pistas para intentar adivinar de qué lugar se trata, dejando nuestra respuesta en «comentarios».



Después de haber entregado todos los libros comprometidos de «Este jueves, relato II», han sobrado 10 ejemplares que vamos a entregar entre los jueveros que lo deseen. Para esto he añadido en el título el apartado «Concurso» que consiste en lo siguiente: Adelantaré mi relato en esta misma convocatoria a modo de ejemplo, de forma que después de leerlo y adivinar de que lugar se trata me mandéis un correo (alfredocot@gmail.com) con la solución. Las cinco primeras respuestas acertadas que mandéis recibirán dos ejemplares sin cargo alguno en su domicilio, indistintamente de donde sea.

Recordar:
1.- Solamente las cinco primeras respuestas acertadas de mi relato serán las premiadas con los libros.
2.- Vuestros relatos como siempre los publicareis a partir del miércoles noche. Dar las pistas veraces, pero las justas para que el lector no lo tenga demasiado fácil.
3.- Extenderos sobre las trescientas palabras.
4.- Se podrá publicar hasta la noche del viernes.
5.- Comunicarme vuestra participación con un enlace a vuestro relato en los comentarios de este Post.

Recibidas las primeras cinco respuestas acertadas que, por orden, han sido de: Tracytorrecaminos, Pepe, Mag, Ibso y Leonor.
Gracias por jugar conmigo, una vez más.

Mi relato: ¿Dónde están los libros?:

Es un domingo de Invierno, la visita a la catedral es obligada, una vez dentro el frío y el espacio se manifiestan de forma sobrecogedora y relajante a la vez, como en todos los templos de interiores sobre-dimensionados.
Sus paramentos verticales muestran su patrimonio artístico, muestras del católico con el que la catedral luce sus mejores galas, no en vano es sede episcopal, en el tratamiento de muros y también en el exterior se adivinan diferentes fases de edificación, tres me cuentan, la original en el siglo VI, cuyo autor fue un santo originario del lugar, la segunda en el XI, ya con aires de catedral y en el XVI la tercera y definitiva completando las fachadas en un orden arquitectónico lleno de contrastes. Llaman la atención, en su interior,  las numerosas obras de arte, un relieve de Pisano nos paraliza los sentidos, que recuperamos con una «Madonna» de Ghirlandaio que preside el Altar y una «Ultima Cena» de uno de los grandes renacentistas venecianos, emplazada sobre el tercer altar de la nave derecha.
Me cruzo con devotos abigarrados, lugareños de oscuro que, familiarizados con su patrimonio le son indiferentes, agotando sus compromisos religiosos en un ir y venir comprometido y a la vez impersonal.

Ya en el exterior, de espaldas al Templo se divisa la extensa plaza, acariciada por un tímido sol y sonorizada desde lo lejos por reconocidos fragmentos líricos que escapan de las cocinas de las enotecas más próximas. Giro sobre mis pasos y de nuevo, frente a la fachada, me despido de ese variado juego de travertinos y carraras, al tiempo que descubro junto a la entrada una piedra grabada con un laberinto circular de algo más de un palmo. Representa el laberinto de Dédalo en Creta, con una inscripción en latín que, aunque borrosa, dice: «Hic quem creticus edit Dedalus est labyrinthus de q(u)o nullus vadere quvit qui...»
Pues allí, debajo del último banco, están los libros.



18 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Jueves olímpico


Bolt se mantiene erguido, apoya la planta de sus Nike en la superficie porosa marcando sobre la arena rojiza la evidencia en la búsqueda de una mejor posición. Hunde la punta de su zapatilla para lanzarse en el primer salto. Espera concentrado el disparo que anuncia la salida.

Su cuerpo proyecta a través de su sombra, ligeros y oscilantes movimientos hasta encajar ambas figuras en un todo absolutamente controlado. Su sombra y él son uno, juntos, a volar hacia la gloria.
Pauta su respiración hasta memorizar los latidos. Siente el ritmo de sus pulsaciones y sueña; es lo único que reclama su atención: 135, 140, 145... golpean secuencialmente en el fondo de su pecho.

Su habitual silueta, se desvirtuaba perfilando en su perímetro corporal las alteraciones propias de un tono muscular en alerta, especialmente los gemelos que presionaban sobre su piel en un intento de escapar hacia adelante.
Un sudor helado le corre por la frente cuando ve por el rabillo del ojo, levantar el brazo del juez de salida. Un primero y último esfuerzo, que son el mismo y la coordinación en los movimientos le dispara hacia la gloria.

Inicia la marcha, uno, dos, tres y la zancada se perpetua en el aire, tan sólo cien metros. Nota en la palma de sus manos la velocidad, dejando atrás al viento que inevitablemente rellena su vacío. Avanza el pecho, solo, como de costumbre y sólo a dos centésimas para los diez segundos.


3 de agosto de 2016

Este jueves, relato: Un día en... Londres.


7’30
Con ropa deportiva atravesamos en hall del Grosvenor House y, una vez en Park Line, buscamos la entrada próxima a Hyde Park. Hace frío en este día de invierno, frío del que el corredor se sustrae fácilmente por la belleza del lugar. Giramos en el Speakers’ Corner y seguimos hasta la orilla del Lago Serpiente, a continuación el palacio de Cristal y de nuevo camino del Hotel.
9’45
La primera distancia la cubrimos en metro, la entrada más próxima está en la esquina de Park Line con Oxford St. cerca del arco de mármol blanco que da nombre a la estación del suburbano: Marble Arch. Después de algún trasbordo, llegamos a nuestro primer destino, una de las librerías más impresionantes de Londres, Waterstone’s, hay otras de la misma cadena en la ciudad pero este edificio tiene algo especial, mantiene el aspecto y sabor de los libreros que le precedieron, la famosa librería Dillons, tal y como la conocimos en Torrington Place.
12’00
Es hora de recogimiento y tranquilidad, de nuevo atravesamos la ciudad por sus tripas y emergemos por la base de la Reina Boadicea y su vecino Big Ben. Sorteamos el Parlamento y paseamos por los jardines de la Westminster Abbey.
14’00
En Londres, como en casi toda Europa las cocinas cierran cuando menos lo piensas, TatterSalls Tavern está frente a Harrods, en el 2 de Knightsbridge Green se come pronto y bien, lo que sea con una buena pinta de Guinness.
17.30
Cruzamos el río por el puente del Millennium y paseamos en dirección opuesta al Parlamento, buscamos el cambio de guardia de la Royal Horse Guard en Whitehall. Coincidimos con el solemne relevo de caballos y jinetes engalanados.
19’00
Ya ha anochecido y el cuerpo pide una retirada vergonzosa, esta vez será en taxi, pero antes una visita de cortesía a una de las tiendas de Terence Conran, los «Hábitat» de Londres son diferentes a los de España. Un culto al objeto, al diseño de las piezas y útiles domésticos más sencillos y cotidianos.
20’00
Mientras consideramos las diferentes opciones y, una vez recuperado el tono, hacemos una previa en la barra del Borbón, seguro que este Dry Martini nos ayuda en la elección.