24 de julio de 2014

Este jueves, relato. La Máquina del Tiempo.


Tic, tac… tic, tac… tic, tac...
El corazón de la máquina del tiempo late acompasadamente. Un ritmo tan preciso como insolente e inquietante.
En el corredor de la muerte los relojes son la vida para sus inquilinos. Una vida concreta, limitada, pero sincera, con las expectativas claras de un futuro determinado. Un final, una hora, un minuto, un segundo… y se acabó.
Una vez, alguien se burló del inexorable y calculado tiempo y en el último latido vio la luz, y el corazón de la máquina empezó con un tiempo nuevo, abstracto e indeterminado, no lo recuerdo bien, tal vez… sólo sucedió en la ficción.
La escena quedó aprisionada en tiempo y lugar. Años después todavía veo en aquella pantalla de estuco blanco las figuras en blanco y negro, llorando de desesperación primero, y de alegría después.
¿Ha pasado realmente el tiempo…?  Para mí sí, a veces lento, a veces atropellado, pero pasa. Pero en esa pared de aquel cine de verano, las penas y las alegrías siguen quietas en sus desconchados. Sólo para la pantalla ha pasado el tiempo, ha envejecido y sus arrugas protagonizan su textura de cemento, las imágenes han quedado inertes, nada más pasó después de aquello.

Ese otro corredor existe y su música sigue siendo un exacto ritmo de delimitados… Tic, tac… tic, tac… tic, tac…

21 de julio de 2014

Palabra 30 de 52. "Gracias"


El ascensor descendía sin reparos piso tras piso. Él, no podía evitar mirar de reojo a la señorita que le acompañaba en solitario desde la planta veintidós. Permaneció en silencio hasta que en la segunda, se armó de valor y la abordó tímidamente:
-¿Chanel  5?
-Sí, ¿le molesta?
-Al contrario, me seduce.
-Muchas gracias caballero.
-¡Gracias! Las que usted tiene, señorita.

Demasiado tarde, se abrió la puerta sin tiempo de nada más. (Que yo sepa…)

20 de julio de 2014

Este domingo, vamos de Museos. "De los Soldaditos de Plomo"

     
      L’Iber, Museo de los Soldaditos de Plomo está situado en un antiguo palacio de estilo gótico ubicado en la calle Caballeros, próximo a la Catedral de Valencia. En su origen fue residencia del marqués de Malferit, siendo uno de los edificios de la época mejor conservados.

    En 1893 se realizaron importantes reformas a partir del proyecto del arquitecto Lucas García Cardona. La nueva fachada, vinculada a modelos del renacimiento italiano transformó en buena medida sus espacios interiores durante la segunda mitad del siglo XIX. 
    En la actualidad, se ha configurado como centro cultural de la Fundación Libertas 7.

    Don Álvaro Noguera Giménez, a principios de los años 80, puso en marcha su ansiado proyecto de instalar un museo de miniaturas. Antiguos juguetes conservados desde su niñez, y su condición de ferviente coleccionista, dieron origen al más de un millón de piezas que, aproximadamente, posee el museo como material artístico en exposición, El sueño se hizo realidad al abrirse al público en 2007.

    El Museo de los soldaditos de plomo apuesta por una filosofía pedagógica que tiene como punto de partida la realidad en que vivimos, un mundo de imágenes. Cada escena realizada con soldaditos de plomo implica una gran labor de investigación, no es solo un fin en sí, sino un medio para atraer la atención del público hacia la historia. Nuestro Museo expone hoy en día más de 90.000 piezas al público a lo largo de quince salas y más de mil metros cuadrados. Un verdadero viaje por la Historia Universal y de España en particular para pequeños y grandes, sin olvidarnos de las salas de la vida cotidiana y las exposiciones temporales.

    La Tienda-Librería L’Iber está ubicada en el mismo edificio del museo, en ella se puede encontrar figuritas de coleccionismo, modelismo, maquetas y reproducciones de joyería antigua de los museos más emblemáticos del mundo.
    Los soldaditos de plomo no sólo representan figuras militares y bélicas, este término engloba a miniaturas de todos los ámbitos. Uno de los lemas del Museo l’Iber es: “¡Ni todos son soldados, ni todos son de plomo!”.