5 de julio de 2015

Este jueves, relato. Convocatoria


De la mano del amigo Juan Carlos, recibo la tarea de proponer un tema para este próximo: "Este jueves, relato" Y para que no sea tan sencillo, incorporo algunos matices:
1.- Éste no será un relato como siempre, sino un relato corto de no más de 200 palabras, sí, ya sé lo que dijo Tésalo, pero le he consultado y está de acuerdo.
2.- Tu historia nace y da continuidad a partir de mi introducción, que no cuenta para el límite de palabras.
2.- El tema será "Sucedió en un tren" con todas las variantes reales o de ficción: época, tipo de tren, estaciones, cercanías, larga distancia, etc.

Como siempre podéis utilizar la foto de la propuesta o alguna otra que os parezca más apropiada a vuestro relato.
Comunicarme vuestra publicación con un comentario en este post y añadir el enlace a vuestro relato.
Podéis hacerlo desde el miércoles noche al viernes, pues el sábado cerraremos la convocatoria.

Introducción:
"Su voz era como un susurro, hablaba y hablaba sin escatimar en detalles. A esas horas de la noche, los pormenores sobre la historia de nuestra familia me adormecían sin poder evitarlo. El abuelo repetía una y otra vez la aventura de aquel viaje en el que una vez en el tren..."


2 de julio de 2015

Este jueves, relato: Un día en la vida de...


Un día en la vida de un muerto.

00'01.- Hoy, primer día de mi ausencia, me ahoga la melancolía y me desbordan los recuerdos... no quiero mirar atrás.

06'00.-  Sigo perdido, perplejo en este nuevo amanecer. Me lleno de ausencias irrecuperables, no caben más de las que, a última hora, pude coger.

08'00.- Ya es de día, pero me sigo viendo oscuro y gris, no sé como iluminarme. Deseo encontrar algo mío, aunque sean las mentiras.

12'00.-  Doce horas han pasado y yo, entre nubes, me disfrazo de otro que se me parece, insisto, pero nadie me cree ¡Ingrato destino!

16'00.- Dieciséis horas de no ser yo. Me rodean mis amados, me acarician mis amadas, estrecho el círculo e intento hacerlos míos. Se me esfuman, soy de humo.

20'00.-  Veinte horas de desear: deseando tocar, deseando oler, deseando ver y oír, deseando llorar pero el deseo es carnal y ya no está a mi alcance.

24'00.- Un día de renuncias, recelos y envidias. Solo sin mi sombra llego hasta el horizonte, cruzo su puerta y me pierdo para siempre.

24 de junio de 2015

Este jueves, relato: Rostros de la Polio.

    
Fue un primer encuentro a dos. Hablábamos por teléfono para quedar en vernos y tomar una cerveza:
-Sí, conozco el sitio -le dije.
-Entonces a las cinco -me contestó.
Al colgar recordé un detalle de la conversación en la que me insistió que, ninguno de los dos podríamos irnos sin pagar, comentario que no entendí y al que entonces no le di importancia. 
Llegué unos minutos antes y le vi llegar, cojeando, con un bastón en el que se apoyaba a cada paso y con el que imprimía a su caminar un ritmo secuencial aprendido a golpe de asumir. Era la hora en la que el toro y el sol se funden con la mirada y allí estábamos los dos, por primera vez, después de oírnos, leernos y comentarnos desde el más consentido anonimato.
Nos pedimos dos cañas, una para cada uno, y disparamos nuestros obuses de letras: Nuevas, por estrenar, por descubrir; con un tono vivo, con un volumen pausado, con la mirada directa, con el ritmo que da la proximidad y el orden que merece la escucha. Aquel loco de la colina, tenía una vida interior que se le salía por los ojales de la camisa. Despertaba interés y me contaba de su polio y de la de otros, con acento entrañable, con el respeto y cariño que da el ser dueño y a la vez amigo de ella.
Anocheció y prometimos repetir, al levantarnos entendí su comentario, evidentemente con su cojera y la mía no hubiéramos ido muy lejos. Y nos dimos un abrazo.
-Adiós Alfredo -me dijo.
-Adiós José Vicente -le contesté.