26 de mayo de 2016

Este jueves, relato. El Museo de la noche.


El Museo Nacional de Luciérnagas sólo abre en invierno. Cada viernes de Octubre, Noviembre y Diciembre a las 20:00 el portalón extiende sus dos hojas de nogal hacia el interior dando paso a los afortunados visitantes que, tras costosas gestiones, han conseguido su ansiada entrada. Este viernes, el segundo de Diciembre, la cola se prolonga hasta la parte trasera del edificio. Yo tengo el 40...

La torre, almena del siglo XVI, está dividida por plantas. Cuatro. Y en ellas están repartidas por secciones las diferentes variedades de luciérnagas más extrañas, atractivas, deseadas, luminosas (aunque luminosas lo son todas) y coloristas. En las tres primeras los ejemplares están disecados, pintados, esculpidos, caricaturizados,  y en la última (reunidas con un esmero y celo extraordinario) están las vivas que se reponen puntualmente tal y como su vejez les va mermando su brillo, pasando entonces a las plantas anteriores.
Son las 20:20 y la cola se acorta hasta que diviso la puerta de entrada. ¡Qué emoción! En unos segundos mi sueño se verá realizado. La noche (no puede ser en otro momento), se verá iluminada por cientos, miles, millones de serpentinas de luz intermitente. Verdes, azules, amarillas, blancas, rojas (las menos).
No es el museo, no es la noche, no son los jardines de camelias y peonías, ni siquiera el balcón de la torre, que también... ¡Es Verona! Las luciérnagas tienen nombre propio.

19 de mayo de 2016

Este jueves, relato: Mi palabra favorita.



Mi palabra favorita no es una, porque una no es suficiente para expresar lo que siento, para llamar a quien amo, para compartir un secreto.
Hay palabras que divergen «vete», y otras que convergen «ven». Las hay que chocan «plaf» y otras que acarician «cariño», las que unen «amistad» o separan «egoismo».
Las hay de cosas, muchas, casi todas, y también de nombres, menos, pero a veces más usadas y queridas. Las de los nombres «Alfredo, Alfonso, Alberto» se parecen hasta el punto de que a veces no te vuelves cuando te llaman o al contrario.
Palabras favoritas que fueron dobles «fin de semana», «por favor» y hoy, como si vinieran de una guerra aparecen mutiladas «porfi», «finde».
No obstante, como supongo que debo mojarme, hay va la mía

Mi palabra favorita de este mes es mi nieto que cumple ocho años: ¡Alejandro!

14 de abril de 2016

Este jueves, relato: El Chocolate... ¿Justiciero?


Soy como un mar sin color de mar. En mi centro, ella, aleteaba desesperada. Perdida. Borracha de dulce. Desorientada sobrevivía a duras penas. Las orillas, perdidas en horizontes verticales, parecían inalcanzables. La fuerza disminuía mientras daba vueltas sobre sí misma. Su voluntad chapoteaba en busca de un milagro que se demoraba.
—¡Injusto final! —gritó.
Lo intentó una vez más pero la gravedad le era adversa. Qué trágico. Qué grotesco. Qué ridículo. Sólo unos segundos y ella, la mosca más «cojonera» de todas, sucumbiría ante mí, en este inmenso tazón de chocolate.