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5 de mayo de 2013

Love duet


Anochece, el cielo está limpio y estrellado, Butterfly avanza lentamente hacia Pinkerton que descansa en un banco del jardín, se arrodilla a sus pies y le mira tiernamente casi suplicándole.
Las cuerdas frasean entre sí abrazando las primeras insinuaciones amorosas de La Mariposa, revoloteando como ruiseñores desde el fondo del jardín

“Amadme por favor aunque sea un poquito, como se ama a un niño, como a mí me corresponde, amadme por favor”

Pinkerton toma con dulzura las manos de Butterfly  abrazándola tiernamente

“Deja que bese tus queridas manos, ¡mi Butterfly!, Yo te he atrapado, Te abrazo apasionado. Eres mía, Si, para toda la vida”

...Se incorporan los vientos, que con una cadencia metódica y envolvente dibujan los fraseados amorosos de ambos

“¡Es una noche serena! ¡Mira: todo duerme! ¡Ah, que noche tan dulce! Cuantas estrellas, ¡jamás las vi tan hermosas!

La orquesta en pleno se insinúa una y otra vez en la construcción de la melodía que nos lleva lenta pero intensamente hacia el final del Dueto.

“Ven, ven, tiembla, brilla cada punto de luz... Ven, se mía, ¡Aleja la angustia de tu corazón! ¡Ah dulce noche! todo está lleno de amor, ¡el cielo sonríe! ¡Ah! ¡Ven! ¡Eres mía!”

...Aparecen luciérnagas alrededor de los amantes entre las flores y los arbustos,
en un “crescendo” sublime las dos voces se funden en una, la orquesta les sigue hasta el final de los agudos, creando una apoteosis final propia del más espectacular de los orgasmos musicales, hasta deshacerse en una sutil e intimista melodía que da el final al primer acto.