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15 de abril de 2009

...Pueblo de Pekín

Que Grande es la Música,
Que grande es la Opera,
Que grande es Puccini,
Que grande es Turandot.

Y que maduro estaba el Maestro en ese momento, maldito cáncer que nos privó de mas de una Turandot, cuanta diferencia percibí anoche con sus operas anteriores.

He leído de nuevo el post que le dediqué a la representación del año pasado, la producción es la misma, sólo que esta vez dentro del abono, Maazel sustituye a Mehta, Elisabete Matos a Maria Guleghina, Francesco Hong a Marco Berti, el resto repiten casi todos.

Voy a utilizar algunas observaciones de aquella entrada para completar rápida e informalmente el Post de hoy, (no tendría sentido si fuese a repetir lo mismo de entonces)

La dirección de figurantes y resto de actores me ha pasado desapercibida y esto es bueno, como los árbitros en el Fútbol que tienen que estar pero sin llamar la atención, movimientos muy cuidados y en ocasiones con composiciones muy complejas y disciplinadas.

Al Emperador Altoum le han curado el Parkinson que tanto molestó el año pasado, eso si, ha salido con una borrachera de libro, lo cual es comprensible si nos atenemos a la hija que le ha tocado en suerte, pero sus movimientos han sido mas lógicos y entendibles.


No así los de Alexia en el primer y segundo acto que pecaban de un histrionismo propio de una película de cine mudo, sin embargo a puesto mucha tierra de por medio en el tercero en donde en mi opinión ha mejorado en todos los aspectos, con una voz justa (que no justita como la del primero) y una interpretación natural, amable y hasta convincente en la muerte por auto ahogo con el foulard que ya lució el año pasado.

La noche del “Nessun dorma” me ha perecido mas noche que la anterior, la recuerdo excesivamente iluminada, tendré que repasar el video que he recibido a través de Alvaro, (pienso que hay detalles que no pueden cambiar en una misma producción) en esta ocasión la he sentido más íntima, más oscura, más noche.

Me gustaron mucho mas Guleghina y Berti que los gritones de hoy, entiendo lo fácil que es arrancarnos un aplauso después del In Questa reggia o del Nessum dorma, aunque sea para interrumpir o silenciar las notas que lo preceden, es algo que no tiene remedio.

Siempre que veo un Turandot, pongo especial atención en la última escena para captar algún detalle que me revele la ausencia de Puccini.

El 4 de noviembre el Maestro se llevó consigo los esbozos del dúo a Bruselas; cuando murió, ninguna sección del dúo estaba terminada, tan sólo existen 97 compases para canto y piano, mientras que para las secciones sucesivas hay algunos apuntes aislados.

Cuentan que ni siquiera es este el verdadero final de Alfano, que en realidad se trataba de manchas de tinta rabiosas y casi indescifrables, encontradas en los archivos de Ricordi en el 79 y que se le atribuyen 268 compases plagados de repeticiones, mientras que el auténtico, en partitura orquestal completa, tiene 377.

A Alfano lo eligió Antonio Puccini, que conocía los gustos y los juicios de valor paternos. Y compartió con Ricordi los gastos de tan delicado encargo. El maestro napolitano se rehusó cuanto pudo pero la amistad con Puccini y el sentido del deber vencieron sus escrúpulos, le entregaron fotografías de los heteróclitos apuntes.

Por intentar descifrarlos terminó contrayendo una grave enfermedad ocular, se le obligó a atenerse estrictamente a la "voluntad del autor".

¿Que podía hacer a partir de esos indescifrables borrones? No obstante, completó Turandot con la más profunda conciencia de un verdadero compositor, respeto el fondo acercándose al mas puro estilo de Puccini.

Y para terminar un cotilleo para malpensados, de nuevo el palco VIP estaba medio lleno, en esta ocasión por D. Juan Luis de la Rúa, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Valencia , órgano competente para enjuiciar a cargos autonómicos aforados. (entiéndase el caso de los trajes del Presidente Camps)

2 de junio de 2008

Turandot... en caliente



Cuarta y última representación de Turandot en el Palau de les Arts
El singular (ya menos) e impactante coliseo operístico valenciano cerró su primer bloque del Festival del Mediterráneo con un Turandot para todos los gustos. Difícilmente esta Opera del maestro de Lucca puede dejarnos indiferentes, la brillantez de su música; su última e inacabada obra compuesta en su momento mas maduro y completo, la riqueza de sus personajes, situada en un Pekín con todos los alicientes para una magnifica escenografía, parece un cheque en blanco para unos “lares” en los que las necesidades de Opera son tantas que hasta podríamos comulgar con ruedas de molino.
Pero tenemos un gran Palau, tenemos una preciosa escolanía, tenemos un excelente coro y tenemos una brillante orquesta y siempre un gran director que la dirige, todo lo demás es una pura lotería, es cierto que con Fidelio establecimos un precedente difícil de superar, una producción propia perfecta, deslumbrante y comercial teniendo en cuenta el éxito que está teniendo fuera de España.
Y esta de hoy, con otra producción propia era una ocasión perfecta para repetir la experiencia, pero (siempre está el pero o el casi) lo que tengamos que vender que es la esencia que deja la dirección de personas y de escenas creo que ha sido muy, pero que muy justito.
Porque el resultado del trabajo de los cantantes, del coro, de la orquesta es irrepetible, cada representación es diferente y más diferente todavía cuando esta representación se hace en otro teatro, en otro momento, con otros cantantes, es la grandeza del teatro con respecto al cine, nunca nada se repite con la exactitud de la copia.
Por ese motivo creo que esta producción del Palau y siempre en mi opinión hace agua por varios sitios, a saber:
-El movimiento de figurantes es torpe y barato, muchos haciendo pocas cosas.
-No me creo a un Rey al que ya conozco de otras veces, de pronto con “parkinson” es mas, me ha resultado grotesco e irrespetuoso.
-En el principio del tercer acto, he buscado inútilmente al pueblo de Pekín deambulando ansioso por el jardín alumbrándose con linternas de aceite en busca de la pista que les descubriese el nombre de Calaf.
-En un fondo de escenario excesivamente iluminado (es noche profunda)
-Un enorme círculo heráldico chinesco reflejando mas luz sobre el escenario y en situación totalmente asimétrica, cuando la obsesión de Chen Kaige durante toda la obra ha sido la de mantener una armoniosa simetría tanto en elementos arquitectónicos como en distribución de coro y figurantes.
-Hasta 8 vestidos le han hecho en China a la "Princesa de hielo" para esta representación, podían haberse evitado alguno, sobre todo el "batín" rojo del principio del 3er. acto.

Insisto es mi opinión. En lo musical, hoy el Sr. Mehta no ha podido con Guleghina, pero si se ha subido a lomos de Berti, e inaceptables las dos largas e intencionadas pausas después del “signore, ascolta” y “Nessun dorma” propiciando el mas que por supuesto merecido aplauso del público, cuando además en el caso del segundo no figura en el guión.
Por lo demás una auténtica delicia, aunque en caliente.