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13 de enero de 2016

Este jueves, relato: Tranviario

      
      Decía que se paraba echando piedrecitas por un tubo hasta que estas cubrían la vía. Lo recuerdo en los días de lluvia, yo iba a su lado, y me dejaba tirar puñados de arena gorda por el embudo cuando nos aproximábamos a la parada; él, al mismo tiempo, reducía la velocidad con la mano izquierda, girando la manivela que se deslizaba circular sobre un especie de reóstato; mientras, con la derecha, daba vueltas a un gran volante metálico que frenaba presionando las ruedas de acero.
      Vestía de gris, pantalón y chaqueta con botones cromados hasta el cuello, apenas se adivinaba la orilla del cuello de su camisa blanca, hasta que después de las primeras horas se desabrochaba un botón evitando apreturas incómodas; sólo uno, dos hubiese sido un atentado al buen gusto y decoro. Completaba su uniforme con una gorra de tela dura, también gris, y visera de plexiglás negro.
      A veces iba de cobrador: "¡Billetes por favor!" Preguntaba cruzando el tranvía de atrás a delante, manejando una calderilla de la que sólo él era el responsable; tantos billetes vendidos tantas pesetas con sus céntimos a liquidar. De la plaza de Jesús, en el barrio de Patraix a la Estacioneta del puente de Madera. Un solo turno de diez horas y un solo recorrido, el mismo todos los días.
      Al final el tranvía a dormir a las cocheras de la Avenida del Puerto y él a casa, cruzando la ciudad a pie, con la alegría y el estímulo del trabajo bien hecho. Más tarde, después del hervido y una cola de merluza, una buena sesión de Radio Nacional de España, la emisora del Movimiento, ¡Qué castigo señor! Poco faltaba para que apareciesen en las ondas: "Matilde, Perico y Periquín".
      Que, ¿quién era él? Ya os lo podéis imaginar...


24 de diciembre de 2011

La poesia de sus ojos



A menudo, cuando llega la noche, se me lleva un hada: la belleza de sus ojos -negro intenso sobre mar blanca- siempre inciertos ante la mirada. Y así celoso voy enhebrando canciones que me acerquen a ellas. 
Pero... la poesía de sus ojos sé que no podré escribirla, todos los versos que pudiera hallar en el papel se me morirían del dolor de no ser fieles.
Pero sé que jamás me cansaré de perseguir este lenguaje amigo que me acerque a la poesía de sus ojos aunque no pueda escribirla, pero así lucharé conmigo esperando siempre un amanecer ávido de sorprender sus miradas.
                                                         


23 de septiembre de 2011

Este Jueves/Sábado... relato. Mi calle



Mi calle, es estrecha y larga; al menos, así la recuerdo.

Aquella calle, de casas de un solo piso, tenía nombre de heroína, y ambas –la calle y la heroína- fueron testigos de mis primeros pasos.
Me veo en ella, niño, descubriendo olores, compartiendo juegos, haciendo amigos e inventando enemigos.

Frente a mi puerta, las casas se interrumpían y el sol, se colaba por ese hueco iluminando las fachadas que iban del 60 al 68. Ese gran solar -todavía no robado al campo- era cuartel general de lagartijas, perros, gatos y alguna que otra gallina desertada del corral de la señora Amparo.
Desde mi habitación, adivinaba el paso de los coches por las luces que se reflejaban deslizándose fugazmente por las paredes y el techo en penumbra; quise coger miles de veces aquella luz, que siempre me sorprendía con ventaja.
Calle de panas y boinas, delantales y alpargatas. Y barro, mucho barro que despiadadamente me dejaba la lluvia, para enfado de mi madre.

Sólo tengo tres fotos de aquella calle. En una de ellas se ve el solar, donde se interrumpían las casas, y mi abuela, con la colada repartida sobre el confiado arbusto; recibiendo gratis el Sol a través de linos, lanas y algodones. Yo, con ropa de ensuciar, miraba, que no veía, mientras me comía una yesca de pan con aceite y sal.


En otra, en brazos de mi madre, observaba el solar en busca de lagartijas, gatos, perros o alguna gallina.
Era una calle llena de corazones curiosos, de azulejos de Manises y  miles de sueños que nacían y morían cada año.

De la tercera foto... ni me acuerdo, ni he vuelto a saber de ella.

Más calles, incluso avenidas, en la Gran Vía de Gus y en la calle de la Cultura de Any.

28 de enero de 2010

...Otra de "romanos"



Siendo consecuente con las intenciones que dieron origen a este Blog, debo de vez en cuando y con mucho gusto, relatar algún recuerdo de los que para mí han significado algo especial, así pues, aquí va, ...otra de romanos:



Nunca me ha gustado el Camping, ni ningún otro sistema similar de acampada, he desestimado siempre cualquier posibilidad de adquirir o utilizar para nuestros viajes o vacaciones las Caravanas de todo tipo.

En una ocasión como consecuencia de la enfermedad de una de nuestras hijas, el médico, le prescribió inexcusablemente largas sesiones de sol.

Así, tomar el Sol al aire libre formaba parte de un tratamiento inicial para combatir una bronconeumonía, con unos supuestos síntomas de raquitismo.

Conseguimos una tienda de campaña y nos ubicamos en un conocido Camping en la Playa de El Perelló, próximo a Valencia, que nos permitiría ir a trabajar sin largos desplazamientos. Pasamos los meses de Julio, Agosto y Septiembre aceptando, no sin cierto estoicismo, las incomodidades propias de la acampada.

Un domingo, al final de ese verano hicimos un viaje a la localidad castellonense de Benicassím con la intención de iniciar un Proyecto de Reforma y Amueblamiento para un amigo. La estancia durante ese día en Princicasim, que así se llamaba la Urbanización resultó estimulante y prometedora, atraídos por la personalidad del complejo, su entorno y la proximidad al mar, nos planteamos, la compra de un apartamento, dejando de esta forma zanjada la cuestión sobre donde y como pasar a partir de ese momento las temporadas de Sol.
Lo habitamos de inmediato, junto al jardín en la primera de un edificio de diecisiete plantas.

Al principio y con solo una de las tres fases de que constaba el complejo terminada, la relación de los vecinos que formábamos la incipiente comunidad, crecía en un entorno eminentemente familiar, un solo edificio parcialmente habitado en un espacio urbanístico proyectado para tres y con casi la totalidad de las zonas comunes terminadas, daba una sensación de amplitud de uso y disfrute muy satisfactoria, todas las actividades, eran compartidas indistintamente por la mayoría de nosotros.

Al principio, las reuniones, alcanzaron una magnitud entrañable, fueron las comidas de fin de semana, cenas de nochevieja o meriendas estivales, las que el reducido grupo comunal compartía, habilitábamos locales comerciales todavía vacíos o un ala de la vieja masía, todavía ocupada por los antiguos caseros, y que hasta su demolición era ocupada parcialmente para el acopio de materiales de la obra restante.

Esos encuentros, habituales por otra parte para las comunidades de vecinos, se planteaban con total ausencia de lujos y ostentaciones, totalmente innecesarios.

Así, las veladas se resolvían en el ámbito familiar más desenfadado, todos colaboraban con todo y así de pronto el economista de Petromed, se convertía en el cocinero que elaboraba para todos unas magnificas sopas de ajo, el químico de Pamesa, arreglaba el local para la ocasión, mientras otros grabábamos en el magnetófono de bobina las canciones que nos animarían durante la velada.

Siempre me ha parecido innecesario recurrir a la música basura para animar en una fiesta, y menos en esta ocasión para que un grupo de desenfadados treintaañeros (entonces) perdieran el aliento al ritmo de cualquier canción vulgar y alineante, lo cual complicaba y mucho la selección musical, pero era cuestión de buscar, recordar y oír de nuevo muchos temas que escondidos duermen en los vinilos de nuestra poco frecuentada discoteca, para la ocasión rescatamos entre otras la banda sonora de la película Fiebre del Sábado Noche y aunque reconozco que ni una ni otra me apasionan, cumplieron perfectamente su cometido, pero lo importante fue recuperar la memoria de los Bee Gees, y escuchar de nuevo sus temas de los sesenta, “Massachussets, Words, I’ve gotta get a message to You”, etc.

Poco duró también, aquella relación vecinal que nos hizo compartir momentos entrañables, la Urbanización creció, se hizo grande y con la incorporación de nuevos vecinos, los intereses y las preferencias de algunos cambiaron, desviando sus atenciones hacía los recién llegados, a pesar de esta circunstancia adversa, pero por otro lado totalmente irrelevante, unos pocos mantuvimos y fomentamos los encuentros, distantes del incómodo circo de posturas aparentes y relaciones interesadas en que se estaba convirtiendo aquel pequeño pueblo que ya lo empezaba a ser llamado Princicasim.

6 de septiembre de 2009

Hoy, pinto.

Hoy no puedo escribir, hoy tengo que pintar.

Mi periplo, comienza a las 9 de la mañana de hoy sábado.
Hago cola en la puerta del Centro Comercial, la tienda de pinturas está a punto de abrir, intuyo que somos más de uno los que hemos decidido terminar las vacaciones con el repaso de ese paño de pared que ya amarillea en una parte del Salón.

En el “su turno” me toca el 7, pánico me dan las largas listas que exhiben los colegas que están delante de mí, mientras tanto repaso el contenido de mi escueto pedido, no quiero olvidarme de nada, en casa se han reído cuando he sentenciado:

-eso, lo pinto yo en un santiamén, ¡y sin ensuciar! ...haber, con una brocha y pintura en cantidad tengo más que suficiente.

-¡¡El Siete!!
-Yo, ...Buenos días, verá, quería pintar unas paredes de mi casa, aproximadamente unos 40 m2.
-De que color?
-Blanca, pero no ese blanco inmaculado que parece leche, algo más sufrido, creo que se llama blanco roto.
-Mire, le sacaré una carta de colores y me elige Ud. y le anticipo que los colores de mezcla llevan un recargo, vale?
-Vale.
-Algo más, el señor?
-Si, un rodillo de esos de palo largo, es la primera vez que pinto en casa ¿Que me aconseja UD?
-Aconsejar, aconsejar, este de fibra sintética le irá bien, pero no será suficiente, deberá llevarse también una brocha para recortar las esquinas y un pincel mas pequeño por si tiene que aproximarse a las placas de la luz.
Algo de masilla, una bolsa de medio kilo será suficiente.
Lija, le aconsejo de dos medidas diferentes, una normal y otra con alfombrilla para lo fino.
La cubeta para mojar el rodillo, no pretenderá meterlo directamente en el bote, pues no le cabría.
Cinta de papel, habrá previsto proteger los zócalos y molduras de las puertas, ¿no?
-Bueno, yo, si, si claro, cinta y lo que haga falta.
-Ya puestos, le hará falta una paletina para poner la masilla, de acero mejor y así la puede utilizar más veces.
Unos guantes de goma, no sabe como se ponen las manos de pintura,
Una careta de protección y esta gorra de Procolor, que es obsequio de la Casa.

La cara de idiota me iba aumentando hasta límites que me parecían insoportables, la cola detrás de mí se multiplicaba y no podía evitar la ironía del amable vendedor y mi rubor por el total desconocimiento del medio.

-Veamos, la pintura, ...blanco roto me ha dicho, ¿no? Le aconsejo esta, es una cosa intermedia entre el blanco y arena, le da un tono así como café con leche, ¿qué dice?
-La verdad, prefiero más que de en tonos grises.
-Ah, entonces la B-148, esta la ponemos mucho. Satinada le quedará mejor y ecológica, que todos tenemos que poner nuestro granito...
-Si
-40 m2. me ha dicho? Yo, le pondría 1 bote de 10 kilos y si le sobra algo, la puede guardar para retoques el día de mañana, ¿qué le parece?
-Bien (que quería que me pareciese, estaba loco por salir de allí)

Cargo las bolsas y el bote en el portamaletas y en contra de lo previsto me dirijo rápida e inexcusablemente a la playa, creo que lo de pintar lo dejaré para mañana..
Foto de Tortuguilla

27 de mayo de 2009

...Alejandro, cumple 1 Año

Parece que fue ayer cuando subí este POST, hoy un año después, no quiero sino reafirmar el regalo que supone la incorporación de un recién nacido al entorno familiar.

Con todos los niños sucede lo mismo, pero... Ah, Alejandro es mi nieto y me tiene robado el corazón, que le vamos a hacer.

a
Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.
Pintarle mucho flequillo,
—que esté comiendo un barquillo—;
muchas pecas en la cara
que se note que es un pillo;
—pillo rima con flequillo y quiere decir travieso—.
a
Continuemos el dibujo:
redonda cara de queso.
Como es un niño de moda,
bebe jarabe con soda.
Lleva pantalón vaquero
con un hermoso agujero
camiseta americana
y una gorrita de pana.

Las botas de futbolista
—porque chutando es artista—.
Se ríe continuamente,
porque es muy inteligente.
Debajo del brazo un cuento
por eso está tan contento.
Para dibujar un niño
hay que hacerlo con cariño.

Gloria Fuertes

28 de mayo de 2008

Es niño... ¡Alejandro es niño!

Disculpar la debilidad, pero ya sabéis, ...“el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”

Ha nacido mi primer nieto, Alejandro, pocas ocasiones tenemos para exteriorizar nuestra vanidad y esta es una de ellas, escasos motivos para justificar una alegría y este es uno de ellos, hoy le hemos puesto cara a una ilusión, porque el nombre y el sexo ya lo sabíamos.

En minutos donde no había casi nada, está el todo, y no me refiero a los meses que Vanessa ha modificado su aspecto, ha acentuado sus cuidados, ha alternado esfuerzos e incomodidades, ensanchado hasta la torpeza, consumido compromisos y contemporizado inquietudes, me refiero a que el "ser" que ya estaba se ha materializado para todos nosotros, y porque esta “personita” en su descubrimiento vemos la manifestación mas pura y perfecta de la creación.

Esto, evidentemente vale para todos los recién nacidos del mundo, este mundo que no se merecen, pero que nosotros debemos intentar suavizar, allanar, filtrar, mejorar, recomponer, sembrar con semillas de valores ciertos, sin sorpresas, que lean y escriban en páginas nuevas, porque
... (y otra vez Martí i Pol) “todo está por hacer y todo es posible"



22 de enero de 2008

Acordes de Boda para Carol y Jacobo


Los primeros acordes de “Where the streets have no name” empezaron a sonar, todavía silenciados por los murmullos de los más de 300 invitados, que recién ubicados en sus mesas, prestaban atención a las presentaciones y reconocimiento de los comensales próximos a ellos.

Las primeras notas de la guitarra de The Edge se fundieron en un ritmo trepidante al tiempo que aumentaba el volumen en el Salón, la música se hizo evidente, el frenético y pautado compas asaltó a los comensales que perplejos, buscaban el próximo desenkace y la vez se apagaron las luces del enorme comedor, circunstancia que fue recibida con exclamaciones de sorpresa y expectación.
El volumen siguió aumentando, identificada la canción y contagiados por el singular ritmo, la totalidad de los asistentes miraba de un lado para otro esperando una acción que justificara semejante provocación musical.
En ese momento y a la vez que irrumpiera la batería de Larry aumentando el ritmo hasta un limite que ya parecía imposible, un gran cañón de luz se encendió en dirección a la puerta de entrada, era difícil contenerse, por fin y justo en el momento en el que Bono inicia con su inigualable voz las primeras notas de la canción, aparecieron por la iluminada puerta la pareja esperada, "Los Novios" irrumpieron en el Salón en medio de una locura inenarrable, se mezclaron las lágrimas y los aplausos,

La emoción y la efusión por tan espectacular momento, fueron solo cuatro fugaces minutos que algunos recordaremos como de los mas emocionantes de nuestra vida.

                                                    

18 de diciembre de 2007

Amparín.


El tren conocido popularmente como Alcazareño, tenía prevista su llegaba a la estación término de Valencia a las 21.15, pero siempre llegaba con retraso. Se le conocía por ese apodo porque la estación de partida era la de Alcázar de San Juan, histórica población de la provincia de Ciudad Real. Su salida era de madrugada y el recorrido por tierras castellanas y manchegas, hasta entrar en la provincia levantina era lento, permanentemente interrumpido por la cantidad de estaciones y apeaderos en los que paraba para recoger viajeros con destino a Albacete y Valencia. Regresaba en el Alcazareño como en otras tantas ocasiones, sentada en un banco de madera corrido y cargada de cajas, bolsas y paquetes; en tal cantidad que parecía imposible que ella sola hubiera podido subirlas y redistribuirlas por los desnudos anaqueles del compartimento de aquel incomodo vagón de tercera clase.


Eran tiempos, que aunque algo distantes de la posguerra, la precariedad y escasez con la que vivía el pueblo, obligaba a agudizar la imaginación para mantener en circunstancias de supervivencia normales un nivel de vida lo más digno posible. Trabajaba en La Fábrica de Vidrio, y adquiría lotes de piezas desestimadas por defectuosas, que una vez almacenadas y empaquetadas en cantidad razonable para su traslado, llevaba a los pueblos de Casas de Haro en Cuenca y Minaya en Albacete. Muy próximos entre sí. Ambos eran respectivamente lugares de nacimiento de mis abuelos, y en los que entonces y todavía hoy mantenemos relación con una gran parte de nuestra familia, y era con estas familias con las que Amparín intercambiaba vasos, jarras, y todo tipo de recipientes de cristal por latas de plancha metálica de galletas llenas de lentejas y huevos de las gallinas del corral de Santiago, cajas con racimos de uvas pasas de las viñas de Polonio, tomates y pimientos de la huerta de Consolación y piezas de tocino y chorizos procedentes de la última matanza de los marranos de su primo Joaquín.



Amparín tenía una extraordinaria capacidad para el sacrificio y el esfuerzo que suponía semejante tarea, que le obligaba a viajar en esas difíciles condiciones varias veces al año, pero también era poseedora de una gran sensibilidad para las relaciones personales, lo que hacia que la consideración, el respeto y el cariño que toda esa gente le profesaba, superase lo normalmente entendible para unas relaciones que eran algo mas que el hecho de un necesario y simple intercambio mercantil. En su casa, siempre había un sitio para cualquier conocido, familiar o no, que necesitara en un viaje de transición, una cama donde descansar o un plato con el que recuperar fuerzas, en el destino de la mayoría de los familiares de Minaya o Casas de Haro desplazados a la Capital para cualquier gestión, la estancia durante el tiempo que fuera necesario entre las cuatro pequeñas paredes de su casa, era de deseado cumplimiento.

Amparín murió el pasado Junio, su cuerpo le cobro intereses por una intensa, esforzada y emocionante vida, o quizás es que a Dios se le jubilaron los sabios que habitualmente le acompañan aportándole el ánimo y la luz necesaria, y ha resuelto ficharla para su equipo como si de un As del balón se tratara.

Su ultima mirada, que la fue seguro, no solo para mí, sino para todas las personas a las que ha querido, fue una mirada seductora y cómplice, pero no eran solo sus ojos los que miraban, esa seducción era toda su vida que se asomaba en bloque al exterior y como una luz de arco divergente, inundaba todo lo que era a partir de ella, y con esa complicidad daba por hecho, que compartíamos el conocimiento de que se enfrentaba a este ultimo viaje con la ventaja del jugador que juega a la vez a Negras y Rojas.

Pero, mientras tanto, entre aquellos primeros y continuados viajes y este último y definitivo, mi madre, ha vivido con una intensidad propia de las personas que como ella poseían las virtudes y los defectos de ancestrales Reyes, la Templanza, El Equilibrio y La Ecuanimidad, todo ello envuelto en un papel de regalo que era una Llaneza y Sencillez propia del más cándido y natural de los mortales, y se reconvertían filtrados por esta personalidad en continuas manifestaciones de tolerancia, bondad y comprensión, que todos percibíamos como hilos de luz desprendidos de un gran sol de una fuente luminosa inacabable.

Y por no dejar de ser al mismo tiempo, como cualquier Rey, lo mortal y vulnerable que era, sufrió y nos hizo sufrir también, especialmente cuando mi padre murió, porque durante algún tiempo ella murió con Él, y su luz se apagó, y le pudo el drama del que ella tantas vez después saldría airosa, la involuntariedad de quien de pronto sin quererlo se siente solo, de quien sin pedirlo se ve obligado a recomponer una situación impensable, no calculada, la ausencia definitiva de tu otro yo, que eres tu ti mismo y que no acabas de entender.

Toda esa fuerza moral, de la que tantas veces hizo alarde en sus años de joven viajera mercader, o mas tarde alimentando una actividad casi desenfrenada con mi padre compartiendo incansablemente relaciones amistosas y familiares, acudió a ella unos años después de la irreparable perdida, y en un extraño combinado de fuerza y melancolía, se debatió hasta el pasado Junio.

Por más que lo he intentado, no he sabido encontrar una canción que me identificara o trasladara a algún momento vivido con ella, por supuesto que le gustaba la música, pero nunca había demostrado especial preferencia por un cantante o canción determinada, le gustaba y compartía con agrado lo que les gustaba a los demás. En uno de los últimos traslados que hicimos juntos al hospital, sonaba en el coche algún fragmento de Rigoletto, por un momento pensé dedicarle una de las mas bellas arias jamás escritas y localicé al instante “Car Nome”. Sin hacer comentario alguno la deje sonar hasta el final, y después de un breve silencio me dijo: “hijo, yo no entiendo, pero esta canción que has puesto, me ha gustado mu
cho”


                       

29 de noviembre de 2007

Para Alfredo "Senior"



“Malagueña”, era la canción con la que mi padre animaba las fiestas familiares. En su familia, destacaban algunos componentes por sus cualidades para la lírica, mi padrino Alfredo y mis tíos Vicente, Carmen y Trini formaban parte de una coral que participaba regularmente, en los festivales de Habaneras de Torrevieja.
Lo cierto es que a mi Padre no le recuerdo tantas excelencias musicales, pero sí era un gran cómico, me lo imagino destrozando la canción con una versión histriónica, haciendo q
ue la concurrencia se destornillase de risa.


El primer tocadiscos que tuvimos en casa fue una pequeña maleta roja marca Philips, sus dos partes se separaban entrelazadas por un cable que alimentaba el correspondiente a los altavoces, dejando al descubierto el giradiscos y su brazo. El lote vino acompañado por unos vinilos de tamaño mayor al normal, con unas fotos en las portadas muy representativas y unos títulos que solamente había oído tararear en algunos encuentros familiares.

A partir de ese momento “Bohemios”, La Revoltosa” o “la Canción del Olvido”, se convirtieron en un fondo musical cotidiano. Mi afición por “La Zarzuela” aumentó cuando asistí frecuentemente a las representaciones que los domingos por la tarde se daban en el Teatro del Colegio del Patronato, donde además cursaba estudios primarios. Recuerdo las inconfundibles melodías que surgían de los grupos de cuerda, unos violines y chelos mas que regulares con sonido a madera y olor rancio, una orquesta muy limitada que reunía a entrañables ancianos, tenores, sopranos o barítonos a los que siempre recordare con trajes sacados del “fondo de armario” del teatro. El campesino vestido de pana de “El Caserío”. La mujer triste ataviada de seda negra de “La Dolorosa” o los coloristas y volantineros de Casta y Susana de “La Verbena de la Paloma”. Y sobre todos ellos, al Actor Mora, el único del que recuerdo el nombre, que daba vida a los personajes cómicos de las Zarzuelas.

Domingo tras domingo y desde lo alto del “Gallinero” fui familiarizándome con las situaciones, los personajes, los preludios y los intermedios, los títulos y sus autores. Ese, fue sin duda el poso que sedimentado durante mucho tiempo, me ha permitido demasiados años más tarde apasionarme por la Opera. Del comentario anterior podría desprenderse que mis conocimientos de la opera son amplios y precisos, pero la realidad es que mi introducción en este mundo esta limitada de momento y de forma particular a algunos autores italianos, Puccini y Verdi, son entre otros, a los que mejor y más fácil acceso he tenido.

En alguno de mis viajes a la feria de Milán, paseando por la puerta del “Teatro Alla Escala” soñaba con la posibilidad de coincidir algún año con la representación de alguna de mis Operas favoritas.
Durante algún tiempo estuve siguiendo de cerca la programación y comprobando año tras año, que no se daba esta circunstancia, valorando por supuesto, la enorme dificultad que supondría, que aún en el caso de que se diera, tendría para la obtención de las entradas.

A la compra por correo del libro que editaba el Teatro, con la programación anual de la temporada lírica, le sustituyó, el inmediato acceso a su página Web a través de Internet y de esta forma obtenía una más completa y puntual información. En una de mis visitas a la citada página, comprobé con enorme sorpresa una representación de “Turandot”, prevista para la primavera próxima, y aunque por unas semanas no coincidía con las fechas de la Feria, acaricie la posibilidad de cambiar el objetivo del viaje dándole un carácter más lúdico y menos profesional. Todavía quedaba lo más difícil... conseguir entradas para el evento. Fui desestimando la opción de conseguirlas por mis propios medios, y también la de obtenerlas por mediación de amigos y conocidos en Milán.

Casualmente la citada representación tenia además unas connotaciones especiales, La dirección musical corría a cargo del famosísimo Sínopoli -desgraciadamente falleció unas semanas antes mientras dirigía una opera en Berlín- la Dirección artística, era obra del japonés Keita Asari, que ya había impactado la temporada anterior con su puesta en escena de “Madame Butterfly”, y que junto al tenor Nicola Martinucci, las sopranos Alexandra Marc y Cristina Gallardo y el bajo Andrea Papi, hacían de la representación un exquisito bocado para los paladares operísticos, más exigentes del Mundo. Recordé la eficacia de otros viajes organizados por “El Corte Ingles” y pensé que planteado como un paquete que estuviera compuesto por el traslado, la estancia y las entradas, quizás habría alguna posibilidad, formulé la petición, y esperé paciente.

Tres meses más tarde, cuando el asunto por mi parte estaba olvidado, recibí un fax con un presupuesto global de una opción remota pero viable, condicionada a la inmediata aceptación de dicho presupuesto.

El taxi nos dejó a Regina y a mí, en la puerta del teatro, era muy pronto, no obstante el acceso ya estaba permitido, queríamos vivir intensamente esas horas. Mirando, tocando y leyendo todo lo que se ponía a nuestro alcance, paseamos durante largo tiempo entrando a través de corredores en palcos, platea, vestíbulos, nos deteníamos ante las esculturas, que decoraban los foyer de las diferentes Galerías: Puccini, Verdi, Toscanini, Rossini...
Ocupamos nuestros privilegiados asientos en la quinta fila de platea, recreándonos en la visión de los palcos semi-iluminados en la penumbra general de la Sala, en el inmenso telón de terciopelo rojo con el escudo del Teatro bordado en oro y la espectacular lámpara de “araña” que dominaba desde la cúpula de platea, todo era pura magia.

Empezó “Turandot”, acabó “Turandot”, y nosotros de nuevo salimos los últimos.