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3 de marzo de 2016

Este jueves, relato: Blanco y negro.


En mi familia cuando jugábamos al dominó, el que tenía el seis doble, además de empezar la partida, la ganaba.
En mi familia siempre se han hecho trampas en los juegos de mesa.
Sin embargo sacar a colación en este momento el dominó, no es necesariamente por el resultado, ni por el entretenido placer de mover y mezclar las fichas después de cada mano, ni siquiera por la obligada y asumida norma de mantenerlas en erecta verticalidad mirando al cielo.
En mi familia el dominó era muy particular: lo negro era blanco y lo blanco, naturalmente, negro.
La parte posterior de las fichas era de un insolente blanco hueso y la delantera, la que mostraba la numeración era negra, con los círculos en blanco.
Nunca he sabido por qué, ni cómo llegó ese dominó a mi casa.
Desde hace años, jugar al dominó con las fichas normales, es todo un aburrimiento.

Más blancas y negras con Matices 

21 de enero de 2016

Este jueves, relato: Sucedió a bordo de un MG METRO.

            
Por primera vez y sin que sirva de precedente, voy a alejarme 180 grados de la ficción y bucear en la realidad. Una historia tan verídica como indecente y, no sé hasta qué punto verosímil; pero así es como sucedió y así es como la cuento. 
Fue en coche, uno pequeño y blanco.
Sonaron tres veces las campanas del Miguelete, cuando esto sucede después del mediodía quiere decir que son las 15:00. Terminábamos de tomar el aperitivo de esa mañana de sábado con el que Regina y yo habitualmente despedíamos la semana laboral. Como con un gatillo recién disparado la miré y le dije: Si me pagas el hotel, te invito a cenar en Arzak. Regina, que se apunta a un bombardeo, pidió la cuenta de la cerveza  y las aceitunas, y me arrastró a casa a por una muda limpia.
Al pasar Teruel empezó a llover y la conducción era lenta y la demora en la carretera la hacía más inquietante aún. La mesa estaba reservada para las 21:00 horas. En Zaragoza, llevábamos una hora de retraso sobre el horario previsto. 
-Buenas noches, soy Alfredo y tengo mesa para las 21:00, quizá nos retrasemos un poco, está lloviendo y la conducción es muy lenta.
-No se preocupe D. Alfredo, le esperamos. 
En la autovía intentamos recuperar el tiempo perdido. No solo no lo recuperamos sino que cruzar Pamplona nos sumó media hora más al retraso. Salvamos el puerto de Azpiroz y repostamos en Tolosa. Seguía lloviendo.
-Buenas noches, soy Alfredo, lamento comunicarle que nuestro retraso va a ser algo mayor, estamos en camino.
-No se preocupe D. Alfredo, conduzca tranquilo, le esperamos.
Entramos en San Sebastián a las 22:40, acompañados de un pertinaz chirimiri. Sólo quedaba cruzar el río Urumea, por el puente de Santa Catalina.
-Buenas noches, soy Alfredo, llegamos en unos minutos, buscamos aparcamiento. 
-No se preocupe D. Alfredo, nosotros aparcaremos su coche, le esperamos en la puerta.
Eran las 23:00 cuando entramos en el restaurante, el resto de los comensales nos miraban como si estuvieran al  corriente de las peripecias de nuestro accidentado viaje. En el hall se nos acercó un señor a recibirnos, se interesó por nuestro estado de ánimo y después de acompañarnos a la mesa nos dijo:
-Soy Juan Mari, relájense, aséense, pónganse cómodos, que después de esos meritorios 700 kilómetros, esta noche, yo elijo por ustedes.


13 de enero de 2016

Este jueves, relato: Tranviario

      
      Decía que se paraba echando piedrecitas por un tubo hasta que estas cubrían la vía. Lo recuerdo en los días de lluvia, yo iba a su lado, y me dejaba tirar puñados de arena gorda por el embudo cuando nos aproximábamos a la parada; él, al mismo tiempo, reducía la velocidad con la mano izquierda, girando la manivela que se deslizaba circular sobre un especie de reóstato; mientras, con la derecha, daba vueltas a un gran volante metálico que frenaba presionando las ruedas de acero.
      Vestía de gris, pantalón y chaqueta con botones cromados hasta el cuello, apenas se adivinaba la orilla del cuello de su camisa blanca, hasta que después de las primeras horas se desabrochaba un botón evitando apreturas incómodas; sólo uno, dos hubiese sido un atentado al buen gusto y decoro. Completaba su uniforme con una gorra de tela dura, también gris, y visera de plexiglás negro.
      A veces iba de cobrador: "¡Billetes por favor!" Preguntaba cruzando el tranvía de atrás a delante, manejando una calderilla de la que sólo él era el responsable; tantos billetes vendidos tantas pesetas con sus céntimos a liquidar. De la plaza de Jesús, en el barrio de Patraix a la Estacioneta del puente de Madera. Un solo turno de diez horas y un solo recorrido, el mismo todos los días.
      Al final el tranvía a dormir a las cocheras de la Avenida del Puerto y él a casa, cruzando la ciudad a pie, con la alegría y el estímulo del trabajo bien hecho. Más tarde, después del hervido y una cola de merluza, una buena sesión de Radio Nacional de España, la emisora del Movimiento, ¡Qué castigo señor! Poco faltaba para que apareciesen en las ondas: "Matilde, Perico y Periquín".
      Que, ¿quién era él? Ya os lo podéis imaginar...


21 de mayo de 2015

Este jueves, relato: Cómo somos de solidarios los humanos.


Solidaridad es una palabra que se estaciona en nuestra boca y casi no nos cabe. Esculpe una pequeña esfera en la mejilla como cuando saboreamos un “chupa-chups” demasiado grande, y al igual que el dulce caramelo, la palabra, la llevamos de un lado a otro haciéndola bien notoria.

Ninguno de nosotros somos dueños de alguna parcela de poder en este mundo, salvo de esa tan cercana como lo es el devenir de nuestra familia y por extensión el del vecindario más próximo. Tenemos que ser prácticos con nuestra solidaridad y transcender al menos en lo que alcanzan algunos de nuestros cinco sentidos.
  
El barrio es un submundo lleno de estímulos a flor de piel, se podría decir que es un añadido al resto del universo con colores propios. Ambos parece que funcionan a pesar el uno del otro. Pero sólo es una apreciación, pues el Barrio es receptor directo de los accidentes universales, y no obstante la primera y única víctima de los personales.

En el barrio, desarrollamos nuestra integración, y decidimos o no, formar parte de ese conglomerado de anónimos con nombre.
Por encima de cada uno, el barrio es honesto, espontáneo, abierto y solidario; como también es cruel, injusto, alevoso y distante.
No hay que exigirle mucho, más bien dejarse llevar y no perder detalle. Al fin y al cabo durante cada día y de forma invariable te regala escenas como estas:

-Don Tomás, su cafelito como cada día, tocadito de leche.
-María, hoy te he guardado estas manzanas, para el niño.
-Padre, que llama Toni el de la farmacia, que si sube a pincharle.
-Pepi, me han dejado esto para ti mientras no estabas.
-Doña Amparo, si va al centro, suba, que me va de paso.
-Josefa, ¿le ha sobrado un poco de perejil?
-Lola, hoy tengo esa merluza especial que tanto te gusta.


Aquí es donde podemos interactuar de pleno derecho y con la seguridad de trascender… al menos, un poco. Esta es a la solidaridad con el mundo a la que podemos llegar.

30 de abril de 2015

Este jueves, relato: "Tomarle el pulso a los Jueves"


Erase una semana que no tenía jueves. Todo era preguntar por qué, pero nadie sabía responder. Algún error en la impresión del calendario había dejado esa semana -únicamente esa- sin el día del medio. No me lo podía creer, una y otra vez los repasaba, perplejo, incrédulo, y sólo contaba seis. Del miércoles pasaba al viernes, dejando un sospechoso olor a vacío inexplicable, más propio de un mágico maleficio que de un error tipográfico.
El miércoles noche sonó la última campanada del reloj de pared que cantaba las horas y contaba los días, y la temida bienvenida al primer minuto del viernes no se hizo esperar. ¿Dónde estaba el jueves? ¿Cómo se había perdido? Hasta llegué a dudar si... habría existido alguna vez.
Tal era mi preocupación, ansiedad y desconcierto que exigí una explicación al hacedor del tiempo, y este me contestó:
"Los Jueves, como cualquier cuerpo que marcha sin parar, necesita ajustes periódicos. Inspecciones emocionales. Analíticas de contenido para determinar su azúcar, colesterol, tensión... Unas pruebas más y la semana próxima correrá junto a los demás"

Me desperté sudoroso. De un salto incorporé mi cuerpo y vi el calendario de la pared, ¡era viernes! ¿y ayer, el jueves? ¡sí que estaba!. Todo había sido un sueño, un mal sueño. Era yo, y no el jueves el que tenía la fiebre.


Este sainete verbenero me lleva a la conclusión de que los jueves gozan de buena salud. Somos nosotros los que nos resfriamos. Su estructura es bien sencilla: Convocatoria/Tema, Idea/Publicación. Leer/Comentar. La nuestra, aunque nos pese, es mucho más complicada.

2 de abril de 2015

Este jueves, relato. Emociones y onomatopeyas


¡Rinnnnnnng!¡Rinnnnnnng!¡Rinnnnnnng! 
El teléfono sonaba una y otra vez, y una y otra vez, me resistía a descolgarlo; hacerlo, suponía enfrentarme a una dura realidad, para la que en en ese momento no estaba preparado. Como un niño grité al vacío, tapándome los oidos intentando esconder su sonido: ¡Eeeeeeeeea! Eeeeeeeea!¡Eeeeeeeea!
No me podía engañar de forma tan tonta. Si no la quería atender, no la atendía, y en paz.
¡Piiiiii!¡Piiiiii!¡Piiiiii! La cafetera me avisó que su contenido estaba a punto; sin embargo, en ese momento ya no me apetecía el café. Ni el café, ni ninguna otra cosa.
¡DingDong!¡DingDong!¡DingDong! Sonó el timbre de la puerta. No podía dejar de abrir, en algún momento del día, mi suerte podía cambiar.
Era ella. No sé cómo lo hizo. Cómo pudo llegar desde su casa a la mía en tan poco tiempo. No vi cómo levantaba su mano, y... ¡Plas!¡Plas!¡Plas!



22 de octubre de 2014

Este jueves, relato: Información periodística.



Un somero acercamiento al periodismo de ficción.

En el prólogo del libro “Este jueves, relato”  -que no deja de ser un ejercicio periodístico que fija en fecha y papel las inquietudes de un colectivo- nuestro Jefe de Redacción Luis Arias más conocido por Tésalo, en un alarde de abstracción editorialista, subrayaba estas pequeñas joyas:
“Una convocatoria es un abrazo, por lo tanto no hay lugar en ellas a imposición alguna…”
“La vocación, ¡por fin!... ella es la clave” 
“He sido de ti, como has sido de mí a lo largo de estos años, nos hemos hecho uno y otro cada jueves”

Casi tres años después, las rotativas siguen escupiendo convocatorias y respuestas en un bucle que no parece tener fin.
Desde mi columna, una más, me tomo la licencia de lanzar al aire esta “información periodística” que es un homenaje al padre de la criatura:

Querido Tésalo, este jueves próximo podría ser más o menos el que hace 250. Mucha batería se ha consumido desde ese inicio del 2010 en el que te sacaste de la chistera esta genialidad que nos sigue teniendo juntos y en vilo cuatro años después.
Recuerdo tus relatos, extraños e hiperrealistas. Auténticos y honestos como tus sentimientos. La abstracción, gastando hasta el límite la punta de tu lápiz.  Desapareciste como el fantasma que ya no tiene nadie a quien asustar, porque le han descubierto la cara después de caer pisándose las sábanas.
Aquella noche en Madrid, después de regalarnos una velada entrañable en la que nos mostraste un Luis accesible, sencillo, culto y conocedor de todo lo concerniente a cada uno de tus apadrinados relatores, y a los que seguramente ya tenías intención de abandonar.  Fue un Hola y Adiós y así… hasta hoy.
Tu recuerdo nos acompaña cada jueves, de una u otra forma apareces entre sábanas blancas con dos agujeros para ver, y con esa ambigüedad que te caracterizaba nos marcas el guión a seguir. Sólo un detalle ha cambiado y supongo que nunca imaginarías que eso podría pasar: Es la forma de leer e interpretar los textos.
Sí, te parecerá que exagero, pero es cierto. El lector tiene un “chip” diferente, entiende el texto no como un relato con la carga de ficción o imaginación que tiene lo relatado, sino como una personalización documentada del tema en cuestión, generando una corriente de opinión respecto a la historia o emitiendo un juicio de valor que desvirtúa el verdadero sentido de una convocatoria que es literaria por encima de todo. Se toma partido y polemiza respecto al contenido como si de una confesión personal se tratara. Nunca más lejos que pretender sentar cátedra con la idea general que en la mayoría de los casos en inventada para la ocasión, intencionadamente controvertida, pero no necesariamente identificativa. 

Uno, no es el personaje de su relato, que incluso en algunos casos ese uno, es una. Uno, no muere cuando muere su personaje, en cualquier caso como en el teatro, resucita para darle vida en la función siguiente. Pero lo relevante no es la muerte en sí misma, sino la forma con la que el autor te emociona y te envuelve con su particular ficción.


En fin, amigo Tésalo, estés donde estés, que sepas que seguimos por aquí, intentando escribir mejor cada jueves, y no necesariamente ser mejores, que en eso, es más fácil engañar. 

24 de septiembre de 2014

Este jueves, relato: "Silencio y Vino"


     Mudo, sordo, ciego, muerto… me siento cuando las palabras oprimidas no fluyen. Cuando las oraciones montan del revés. Nada soy sin voz, nada. Desterrada mi prosa y exiliadas mis rimas en un silencio trabado, obligado. Es entonces cuando el corazón de los sonidos deja de latir y duerme.
    Después, en plena agonía, un grito contenido trepa por la sombra de la ignorancia y un nuevo silencio libre nace del silencio cautivo. Me oigo, vocalizo, y mi verso alumbra destellos callados que nacen fraseando siseos entre dientes. Es el silencio que decide por si mismo seguir siendo silencio…

    ¡Vaya mierda de vino que he bebido!

14 de abril de 2014

Mi humilde opinión...


Salté directamente de la calesa sevillana al Pájaro Azul que me llevaba a las tierras del Conde en sus dominios transilvanos. De la noche mágica con reflejos azabaches, al día húmedo y rigurosamente gris.
En esta ocasión no vi al Conde, pero os juro que sentí su presencia. Casi una semana distante, que no ausente del calor recién implantado en el alma por esa gente que tiene el duende en el corazón.
Hoy siete días después, repasando comentarios veo que en el Grupo han llovido chuzos de punta. Intentar recuperar detalles formales en el “uso” de la participación ha convulsionado los estamentos virtuales de este colectivo y ha propiciado un río de opiniones en uno y otro sentido.
Compruebo con pesar que ya se han tomado decisiones que van en la línea de replantearse la participación futura y deseo que estas posturas se reconsideren. Mirar hacia otro lado no es mi forma de proceder, ya conocéis mi opinión al respecto. No es la primera vez que me complico la existencia pronunciándome o tomando partido por lo que considero justo y en esta ocasión no va a ser diferente.
En Sevilla, compartí la necesidad de ordenar y recuperar la estructura con las que había nacido “Los Jueves, un relato” Estuve de acuerdo con hacer un punto y seguido, que nos permitiera unificar criterios y especialmente que fueran nuestros Blogs los que recuperaran el protagonismo que se estaba perdiendo con la facilidad e inmediatez de Facebook (El video mató la estrella de la Radio) Y al mismo tiempo pautar las diferentes reglas que tomadas de “Los Sábados de Mercedes” habían estructurado “Este Jueves, relato”
Por supuesto que todo es susceptible de cambios y mejoras, pero éstas no las determinan los vicios adquiridos por el paso del tiempo, sino la lógica, la coherencia y sobre todo el acuerdo solicitado y consensuado de la mayoría.

Supongo que en estos momentos todos estamos algo dispersos por la inmediatez de las vacaciones de Pascua y confundidos por las diferentes opiniones que sobre este tema se han vertido. Deseo que retomemos el “asunto” cuanto antes, yo por mi parte voy a poner el acento sobre algunos detalles que considero básicos, aunque no inamovibles.

1.- La convocatoria y en consecuencia el grupo se llama de los Jueves, porque los relatos se publican los jueves. De querer concentrar la publicación cualquier otro día, evidentemente se llamaría de otra forma. (Reconozco que yo tampoco he respetado esta regla con regularidad).

2.- El límite de palabras es el aconsejable para una lectura rápida y por otra parte un reto para todos nosotros de ser capaces de contar una historia en ese número mínimo de caracteres. En este apartado la norma siempre ha sido flexible dentro de unos límites razonables.

3.- Hacer pública la convocatoria con el tema correspondiente y enlazar a todos los participantes es cometido exclusivamente del blog convocante, que lo notificará el domingo y lo clausurará el sábado, al tiempo que notifica quien le precede en el juego. (Siempre desde su blog) En este punto me parece interesante el apoyo que Pepe pueda dar desde el Blog común que ha creado para información de todos nosotros.

4.- En mi opinión utilizar la imagen que propone el convocante no debería ser vinculante, pues el tema sugerido puede tener muchas interpretaciones y “esa” foto tal vez no sea la más adecuada. La idea inicial de que todos los Blogroll aparezcan con la misma foto es llamativa y bonita, pero simplemente eso.

5.- Es obvio e imprescindible que el enlace al relato debe hacerse no sobre la web del participante sino sobre la página del relato, para que sea redireccionado al mismo, indistintamente de que el bloguero publique de nuevo antes del domingo.

6.- Como tal grupo, cuenta la opinión de todos y cada uno de los integrantes, al margen de su antigüedad, pero también, como en cada grupo es necesario delegar la conducción en alguien que se haga merecedor de esa incómoda responsabilidad. En su momento obviamente lo fue Tésalo. Más tarde, éste, delegó en Gustavo que lo ha estado haciendo hasta la fecha. Este protagonismo se ha suavizado con el tiempo al contar con voluntarios que semana tras semana se ofrecen a conducir la convocatoria. (Es aconsejable cierto rodaje para asumir esta responsabilidad) Hoy, Gustavo cede el relevo a Mª José Moreno para este simbólico cargo (Es una de las más antiguas participantes) que será apoyada en la retaguardia con la puntual información e inventario del nuevo Blog que para este menester ha creado Pepe. Espero que sea a este Blog, al que vayan dirigidas también todas las propuestas y alternativas de cada uno de nosotros, al margen del derecho incuestionable que tenemos de hacerlo público en los nuestros propios.


No es mi intención iniciar, ni entrar en ningún tipo de polémica, por lo que en el supuesto caso de que este Post generase algún comentario, me limitaré a reiterar y presumir de la esencia que ha mantenido vivo este “Juego Juevero” durante estos más de 6 años.

Y aviso... este post no lo voy a compartir en Facebook.

31 de diciembre de 2013

Feliz 2014 (desde el descaro y la contradicción)


        

Hoy, cuando caiga la noche y con ella la fiesta, todo quedará dispuesto para un nuevo día. Un día que amanecerá en silencio. Prólogo de un año en el que todavía nos tenemos que acomodar buscando la ocasión para reencontrar nuestro Yo. Ese, al que esta noche, con dos copas de más le haremos prometer que envejeceremos dignamente escribiendo en una servilleta sobre la espalda de nuestro acompañante la consabida retahíla de deseos de enfrentarnos a todos y contra todo, especialmente aquello que está quieto y se pudre.
Seamos jóvenes y contradictorios, por vocación, por convicción, por naturaleza, porque SÍ...


3 de diciembre de 2013

Arusha, una imagen para el recuerdo.



Mi alma no es una estación, sólo un apeadero donde las hierbas y rastrojos crecen hasta esconder esas dos líneas de hierro que nunca llegan a juntarse.
Pero a veces, la vida te regala tiempo, el justo para ir, vivir y volver a contarlo.
Y somos lo que somos, los olores y las imágenes que obtuvimos en el camino y que se perpetúan en nuestro recuerdo. Una segunda juventud, que, al igual que la primera, exige exaltaciones que se acomodan y estallan en esta nueva etapa tan parecida a una virginidad repentinamente rota.   ¿Habrá trampa en todo esto? Sé que algunos se resisten ferozmente a esta experiencia, pero curiosamente, a veces, la emoción te estalla en plena cara, iluminando ese apeadero en donde últimamente ni los mercancías se paran.

   
Arusha, Mayo 2012

5 de noviembre de 2013

Mi "Plaza..." cumple años.



¡Mi Plaza… cumple años!
6 razones para celebrarlo… (Una por año cumplido)

  6 años de vínculos reales en un entorno virtual
  6 años de milagrosa supervivencia en un medio fugaz y veloz.
  6 años de soñar, arriesgar, reivindicar y errar.
  6 años de descubrir corazones e imaginar caras.
  6 años de compartir ánimos, alimentando un proyecto Cosmi-cómico que me sigue enamorando.
  6 años de encuentros y desviaciones con el papel, que me recuerdan mi “punto de partida”

En Fin, 6 años ya. Y es que... mi Plaza y yo, somos así.
Gracias a todos por estar.



2 de octubre de 2013

Este jueves, relato. El camino...


Me canso de conducir y no amanece. Hace horas que entré en la autopista, todavía es de noche y en la oscuridad los kilómetros son suspiros envueltos en un bucle interminable.
Atrás quedaron las grises dudas y los agrios sabores del desengaño, la traición, y la soledad obligada; esa que te golpea en el fondo del pecho y te desmonta como un castillo de naipes en una corriente de aire.
Bad suena en el Auto-radio, tengo que parar en el área de descanso, ordenar mi mente, y luego dormir profundamente.

El sueño me alejará a las antípodas de esta realidad, en la que cada minuto que paso en la carretera me envenena más. Necesito distanciarme, separarme de este muro de lamentaciones y empequeñecer a los personajes de esta comedia para percibir lo banal de la situación. Entonces, merecerá la pena.

Paro… se me cierran los ojos.

Me despierta el paso de un ruidoso camión, y la humedad que delatan mis pantalones no es onírica.
No sé cuánto he dormido, pero estaba en la última fila de un cine de sesión continua, acariciando a una muchacha.
A veces el placer de la eyaculación es amargo… que larga es la noche de la noche en la carretera.


4 de junio de 2013

23 de marzo de 2013

Desempolvando textos



En alguna ocasión recordaba el desdichado destino que tienen nuestras entradas. 
Se solapan unas a otras, amontonándose como expedientes de Juzgado y disfrutando de una corta vida; justo, la que tarda en aparecer la siguiente publicación.

Afortunadamente no son testigos de papel que siendo actuales hoy, son el envoltorio del bocadillo de mañana, pero es ley de Blogger. 

Hoy, cuando estoy próximo a las 500 entradas, lo hago rescatando aquel primer texto, con el que me estrené en los "Sábados Literarios..." en Abril de 2009




Qué pasaría si yo no fuera yo?
Sé quien me gustaría ser, pero esa no es la cuestión, la cuestión es, ¿quién sería en realidad? Miro a mi alrededor y me fijo detenidamente en mis hipotéticos otros yos.

Quizás aquel joven, vestido de semana santa,  solemne, serio y oscuro, está pálido y parece enfermo, camina demasiado deprisa y parece que va a ninguna parte para ser yo.

Quizás este otro adulto, ¿Qué lleva puesto? parece un uniforme, variada gama de grises que acaban en el casi negro de los sucios y viejos zapatos. Lleva la vida a cuestas, le pesa demasiado para ser yo.

Y esta señora, ¿Por qué no? Sería una señora estupenda, no estaría mal que alguna vez lo probara, pero no, no podría con tanto riesgo, esfuerzos sublimes, desigualdades evidentes, poco reconocimiento para ser yo.

Quizás ese gorrión que adivino entre las ramas del árbol. ¡No! imposible, no entiendo de pájaros, ni de perros, ni de gatos, sin embargo creo que me estoy aproximando, su ordenada acritud me resulta familiar.

Ese sí, ese podría ser yo, lo veo de cintura para arriba y me gusta, barba de tres días y ojeras de cuatro noches, pelo canoso despeinado con los dedos de la mano, se muestra incómodo por mi insistente descaro, fijo la mirada y despliega sus dudas, yo también me siento desnudo y decido alejarme cuanto antes de esa luna del escaparate.

Ese, quizás, sí podría haber sido Yo.


(Foto de cabecera de Paco Alberola)



24 de febrero de 2013

Este domingo, relato. Saltarse las normas.



Estaba pensando si 400 o 500 palabras serían suficientes, tendría que comprobar cuántas entraban en una página. Claro que dependía de muchas cosas, si negrita o normal, el tamaño, cursiva o recta, mayúsculas o minúsculas… depende, depende… 
¿Quién cantaba eso? Ah sí, eran los chicos de Jarabe de Palo, aunque dudo si realmente alguna vez existió el tal jarabe ese.  
Qué palo comprobar a cierta edad que se trataba tan solo de un símil, porque el jarabe, jarabe, sí que existió, lo recuerdo con variedad de sabores, limón, menta, frambuesa, pero el palo era otra cosa.

A propósito de palos, dicen que la letra con sangre entra, pero la realidad es que no era con sangre, sino con palos, como el del palomar pero sin palomos. 
Un amigo mío tenía uno, (palomar claro) y a los palomos les pintaban las alas con colorines para identificarlos en pleno vuelo. Nunca vi nada interesante en aquellas competiciones de media tarde, en las que nadie ganaba nada, salvo la obligación de mirar al cielo durante horas e intentar identificar unos colores que a esa altura eran imposibles de definir. 
Y encima, se equivocó el palomo, por ir al norte fue al sur y creyó que el trigo era agua, en fin, lo que venía diciendo… que me dijo mi primo Luis, que mi amigo, el de los palomos era rojo, como si yo no lo supiera. Eso sí, era el rojo más elegante que conocí en muchos años, vendía camisas de seda en unos grandes almacenes y vestía como un pincel. Cien pesetas valía cada una, el cuerpo azul celeste y el cuello y los puños de blanco inmaculado, con los botones en azul falange, nunca le compré ninguna.

Me acompañó aquella tarde en los Viveros, donde conquistamos a dos muchachas de servir y a las que dejamos con los delantales puestos porque tenía que ir a dar de comer a los palomos. Fue una semana antes de mi apendicitis, ¡Dios mío, que mal lo pasé! Me acompañó en un interminable viaje en tranvía de una punta a otra de Valencia, aquella noche acabé en el hospital, con una cicatriz en mi ingle de 12 cm. de largo.
De las muchachas de servir, no volvimos a saber nada y su padre, el de mi amigo el rojo de las camisas de seda, acabó vendiendo el palomar con todos los palomos dentro. Y yo me pregunto, ¿cómo se vende un palomar… se desmonta palito a palito, o uno se muda a la casa del comprador y él se queda con la tuya, palomar incluido?

Bueno a lo tonto a lo tonto, ya voy por las cuatrocientas cuarenta y cinco.

Hoy unos cuantos años después compruebo sorprendido, que ya no se ven palomares como aquellos, que de nuevo se llevan esas horribles camisas de cuerpo azul celeste y cuello y mangas de blanco inmaculado, que las muchachas de servir son todas peruanas y no llevan delantal, que no hay rojos y que mi cicatriz de 12 centímetros ha desaparecido, lo que me hace pensar que todo aquello fue una ilusión vivida en un tranvía con el que atravesábamos Valencia, a ser posible sin pagar.


30 de mayo de 2012

Este jueves, relato. En la quietud de la noche


En la quietud de la noche, deambulo por la Gran Avenida.

Es casi madrugada, y los escaparates de las tiendas permanecen oscuros. No se distingue su contenido. De lo que se trate, se confunde con la oscuridad. Los codiciados objetos de deseo y la noche son la misma cosa. Mejor aún, la noche se sabe lo que es, como huele, lo que mide, que música tiene y si llora o no, los objetos en cambio permanecen sin identificar, incoloros, mudos e inertes, sin corazón.

En este inmenso establecimiento, se suponen miles de excusas, cientos de motivos que, de día deslumbran y acaloran. Decenas de peligros para nuestra irresponsable vanidad. Artilugios de autor de tiempos contados, tal vez oropeles exclusivos de estridentes formas, o criados de última generación incapaces de sonrojarse.

Es la Modernidad, la Civilización. El “no va más” de nada. A oscuras intento adivinar el color de centenares de artículos expuestos y, todos son negros, el calor frío de unas imaginadas prendas de vestir, busco la sonrisa de unas aparentes muñecas boca abajo o la melodía que no fluye de unos aparatos de música desenchufados.

En la quietud de la noche sigo mi camino, con la desesperanza de encontrar algo de sentido a toda esta oscuridad.

4 de marzo de 2012

Amaneceres.

Amanecí hace una eternidad. Amanecí contigo, de tu mano, de tu alma.
Amanecí el día que supe lo mucho que se podía querer, lo mucho que tú me quieres y lo mucho que te quiero yo.
Amanecí el día que encontré la adolescencia perdida, la locura temida, el vértigo deseado y la rebeldía estimulante.
Amanecí cuando el tiempo se detuvo, y extrañamente nunca más anocheció.
 

25 de febrero de 2012

Abstracta Semana.


Hoy, primer día de mi ausencia, me ahoga la melancolía y me desbordan los recuerdos... no quiero mirar atrás.
Hoy, segundo día sin mirar atrás, perplejo en este nuevo amanecer, me lleno de pérdidas irrecuperables, no me caben más de las que traje.
Hoy, tercer día, perdidas mis pérdidas, me veo oscuro y gris, y no sé como iluminarme para encontrarme... aunque sea la mentira.
Hoy, cuarto día entre nubes, me visto de mentiras, me disfrazo de otro que se me parece, lo intento... pero no se lo cree.
Hoy, quinto día de no ser yo, me circunda el amor, sólo tengo que estrechar el círculo y hacerlo mío...  se escurre, es de agua.
Hoy, sexto día de llorar, intento rehacerme deseando el deseo, pero el deseo es muy caro y no está a mi alcance.
Hoy, séptimo día de renuncias, me lleno de recelos y envidias gratuitas. Solo, llego hasta el horizonte, cruzo su puerta y me pierdo para siempre.


6 de febrero de 2012

Con el miedo en el cuerpo


Para Tomás, el día pintaba mal. Había recibido una carta certificada, por la que se le citaba esa mañana en el Servicio de Urología.

El contenido de la carta era el siguiente: "Pauta de preparación para la Cistoscopia y recogida de orina para la Citología" seguido de un texto farragoso en letra pequeña que hablaba de laboratorios, biopsias, anatomía patológica y antibióticos.
A Tomás le cambió el color de la cara y la gama de violetas, morados y lilas pintaron un nuevo lienzo en su rostro que le acompañó el resto del día.
Consultó a la Wikipedia para confirmar que no estaba equivocado... ¡Dios mío, no estaba equivocado!

Aguardó impaciente en la sala de espera, hasta que su nombre sonó por los altavoces...
-Tomás García, pase a consulta 8.

Muerto de miedo, y siendo consecuente con los conocimientos que al respecto había adquirido en las últimas horas, empezó a bajarse los pantalones. Cuando estuvo desnudo de cintura para abajo, se presentó a la enfermera, ante el asombro de esta.
-¡Pero que hace Ud. buen hombre!-
-Pues yo... no sé... ya estoy preparado, no?
-Preparado... para mear en este frasquito no hace falta tanto exhibicionismo. Ande llénelo en el Baño, déjelo en el mostrador y pida hora para conocer el resultado... ¡Eso es todo!

Tomás, confundido se marchó de la consulta 8 de Urología, contento como un niño con zapatos nuevos, pero avergonzado y acordándose de la "Mamá" del administrativo que redactó aquella citación.