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28 de enero de 2010

...Otra de "romanos"



Siendo consecuente con las intenciones que dieron origen a este Blog, debo de vez en cuando y con mucho gusto, relatar algún recuerdo de los que para mí han significado algo especial, así pues, aquí va, ...otra de romanos:



Nunca me ha gustado el Camping, ni ningún otro sistema similar de acampada, he desestimado siempre cualquier posibilidad de adquirir o utilizar para nuestros viajes o vacaciones las Caravanas de todo tipo.

En una ocasión como consecuencia de la enfermedad de una de nuestras hijas, el médico, le prescribió inexcusablemente largas sesiones de sol.

Así, tomar el Sol al aire libre formaba parte de un tratamiento inicial para combatir una bronconeumonía, con unos supuestos síntomas de raquitismo.

Conseguimos una tienda de campaña y nos ubicamos en un conocido Camping en la Playa de El Perelló, próximo a Valencia, que nos permitiría ir a trabajar sin largos desplazamientos. Pasamos los meses de Julio, Agosto y Septiembre aceptando, no sin cierto estoicismo, las incomodidades propias de la acampada.

Un domingo, al final de ese verano hicimos un viaje a la localidad castellonense de Benicassím con la intención de iniciar un Proyecto de Reforma y Amueblamiento para un amigo. La estancia durante ese día en Princicasim, que así se llamaba la Urbanización resultó estimulante y prometedora, atraídos por la personalidad del complejo, su entorno y la proximidad al mar, nos planteamos, la compra de un apartamento, dejando de esta forma zanjada la cuestión sobre donde y como pasar a partir de ese momento las temporadas de Sol.
Lo habitamos de inmediato, junto al jardín en la primera de un edificio de diecisiete plantas.

Al principio y con solo una de las tres fases de que constaba el complejo terminada, la relación de los vecinos que formábamos la incipiente comunidad, crecía en un entorno eminentemente familiar, un solo edificio parcialmente habitado en un espacio urbanístico proyectado para tres y con casi la totalidad de las zonas comunes terminadas, daba una sensación de amplitud de uso y disfrute muy satisfactoria, todas las actividades, eran compartidas indistintamente por la mayoría de nosotros.

Al principio, las reuniones, alcanzaron una magnitud entrañable, fueron las comidas de fin de semana, cenas de nochevieja o meriendas estivales, las que el reducido grupo comunal compartía, habilitábamos locales comerciales todavía vacíos o un ala de la vieja masía, todavía ocupada por los antiguos caseros, y que hasta su demolición era ocupada parcialmente para el acopio de materiales de la obra restante.

Esos encuentros, habituales por otra parte para las comunidades de vecinos, se planteaban con total ausencia de lujos y ostentaciones, totalmente innecesarios.

Así, las veladas se resolvían en el ámbito familiar más desenfadado, todos colaboraban con todo y así de pronto el economista de Petromed, se convertía en el cocinero que elaboraba para todos unas magnificas sopas de ajo, el químico de Pamesa, arreglaba el local para la ocasión, mientras otros grabábamos en el magnetófono de bobina las canciones que nos animarían durante la velada.

Siempre me ha parecido innecesario recurrir a la música basura para animar en una fiesta, y menos en esta ocasión para que un grupo de desenfadados treintaañeros (entonces) perdieran el aliento al ritmo de cualquier canción vulgar y alineante, lo cual complicaba y mucho la selección musical, pero era cuestión de buscar, recordar y oír de nuevo muchos temas que escondidos duermen en los vinilos de nuestra poco frecuentada discoteca, para la ocasión rescatamos entre otras la banda sonora de la película Fiebre del Sábado Noche y aunque reconozco que ni una ni otra me apasionan, cumplieron perfectamente su cometido, pero lo importante fue recuperar la memoria de los Bee Gees, y escuchar de nuevo sus temas de los sesenta, “Massachussets, Words, I’ve gotta get a message to You”, etc.

Poco duró también, aquella relación vecinal que nos hizo compartir momentos entrañables, la Urbanización creció, se hizo grande y con la incorporación de nuevos vecinos, los intereses y las preferencias de algunos cambiaron, desviando sus atenciones hacía los recién llegados, a pesar de esta circunstancia adversa, pero por otro lado totalmente irrelevante, unos pocos mantuvimos y fomentamos los encuentros, distantes del incómodo circo de posturas aparentes y relaciones interesadas en que se estaba convirtiendo aquel pequeño pueblo que ya lo empezaba a ser llamado Princicasim.