Mostrando entradas con la etiqueta Alfaro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alfaro. Mostrar todas las entradas

20 de febrero de 2009

...Héroes de Cabecera (VII) Andreu Alfaro

Todas las mañanas, al salir de casa con el coche, cogíamos la misma curva que escondía el carril de aceleración que nos depositaba en la autovía CV-35 de entrada a la Capital, la curva, larga en su lento y prudente recorrido bordeaba un pequeño montículo sobre el que se levantaba la escultura de Andreu Alfaro, una rápida mirada descubría cada mañana su silueta fría, laminada, brillante, con el dibujo de los tubos sobre las planchas de acero y cada mañana percibía en una parte diferente da la misma una lectura estimulante, sugerente.

...¿Cuantos de mis trabajos no habrán nacido al recuerdo e imagen de esos pulidos tubos rectos y curvos emergiendo de la tierra y encaramados hacia cielo?

Andreu Alfaro (Valencia 1.929), empezó pintando cuadros, dibujos y pinturas que desgraciadamente quemó cuando se dió cuenta que quería dedicarse a la escultura. Trabajando la hojalata y alambre con varillas y planchas laminadas de uso industrial, componiendo formas geométricas en las que el espacio forma parte consustancial de las obras, en ellas ya se evidencia la influencia teórica de Oteiza y la formal de Julio González.

Su trayectoria es de una notable diversidad en sus orientaciones, al igual que su capacidad para trabajar con los más distintos materiales tanto de carácter abstracto como geométrico, de hecho, lo que permanece como fundamento de toda su obra es el Dibujo como lenguaje plástico y simbólico, a través del cual concibe sus esculturas proyectando la línea en un espacio tridimensional.
Con 30 años se integra en el “Grupo Parpalló”, contribuyendo a su reorientación ideológica hacia un arte analítico que entonces se denominó "Normativismo”, lejos quedan aquellos tiempos en los que trabajaba afilando cuchillos en la carnicería de su padre.


Alfaro es un artista de trayectoria cambiante y diversificada, pero mantiene a toda costa el convencimiento de que la escultura debe servir para simbolizar actitudes y argumentos colectivos, algunas de sus obras manifiestan claras connotaciones políticas, exteriorizando de esta manera su admiración por el escritor Joan Fuster o por el clásico alemán Goethe alabando su honestidad dialéctica y su equilibrio personal



Su compromiso con el Arte es fundamental e incuestionable, alguien me ha contado que en la década de los sesenta, en plena cerrazón política, esconde clandestinamente en su casa de Rocafort al entonces socialista de Almassora Tomas Lloréns, persona clave (cuando los nuevos aires de Europa comienzan a llegar a la península) en la existencia de tres museos españoles, el Ivam, el Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisza.

Suyo, (de Lloréns) es el mérito de traer al Ivam a Vicente Todolí, hoy director de la Tate Modern Gallery y becario que lo fué del Whitney Museum de New York.

Andréu Alfaro es un enamorado de los Museos, para él, es el de el Prado un lugar sagrado, con motivo de un acto de Homenaje en el que tubo que dirigirse en publico, comento:

“¿cómo puede uno atreverse a hablar en un espacio donde cada centímetro es testigo único de la historia del arte?”
Recuerda sus primeras visitas al Museo madrileño recorriéndolo casi de puntillas, como un niño, observando las obras que le rodeaban e intentando hacer el menor ruido. Hoy todavía cuando lo visita, invitado especial como componente de la Fundación de Amigos del Museo del Prado lo hace emocionado, empequeñecido y admirado considerándose parte de esa historia


En la década de los ochenta, Alfaro dio un giro a su producción reflexionando sobre grandes motivos culturales (el cuerpo humano, el Barroco, el tiempo y la memoria) usando materiales más tradicionales como la caliza o el mármol, destacando sus grandes obras, que construidas a escalas sorprendentes y con vocación de integrarse en los espacios públicos se encuentran en numerosas ciudades como Madrid, Valencia, Barcelona, Burgos, Colonia, Maguncia, Francfort.

En 1.980 se hace acreedor del “Premi d’Honor Jaume I, recibiendo mas tarde el “Premio Nacional de las Artes Plásticas” “la Creu de Sant Jordi” de la Generalitat de Catalunya y en 1.991 el premio de “Alfons Roig d’Arts Plástiques”

“Creo que mi escultura es mi vida. No he hecho esculturas al margen de mi vida. He hecho las que la vida me ha enseñado a hacer.”


Alfaro se considera a sí mismo como un heterodoxo, no sometido a ningún tipo de norma y dispuesto a defender la libertad por encima de todo. Esto explica una trayectoria artística en constante renovación, sin atenerse a modas ni corrientes estéticas, aunque ello le haya supuesto en ocasiones conseguir un menor reconocimiento.

Así, tras experimentar con composiciones minimalistas en los años setenta, irá desarrollando cada vez más claramente un interés por la escenografía y la figura humana.