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7 de julio de 2010

Un día en... Londres


7:30 

Los primeros pasos, son los de un largo paseo por Hyde Park.
Con ropa deportiva, atravesamos en hall del Grosvenor House y una vez en Park Line, buscamos la entrada más próxima al parque.
Iniciamos la marcha y mantenemos un trote uniformemente acelerado. Hace frío en este día de Invierno, frío del que el corredor se sustrae fácilmente por la belleza del lugar, la lenta carrera es privativa de los fondistas que a esa hora de la mañana, se dan cita y comparten los recorridos, giramos en el Speakers’ Corner y seguimos hasta la orilla del Lago Serpiente, a continuación el palacio de Cristal y de nuevo camino del Hotel.

9:00
Sería imperdonable perderse el desayuno continental del Grosvenor House, una ducha lenta, ropa de calle y unas cuantas visitas a las mesas repletas de suculentas y variadas sugerencias para reponer fuerzas e iniciar la visita a la Ciudad
9:45
La primera distancia la cubrimos en Metro, la entrada más próxima esta en la esquina de Park Line con Oxford St. cerca del arco de mármol blanco que da nombre a la estación del suburbano: Marble Arch.
10:15
Después de algún trasbordo, llegamos a nuestro primer destino, una de las librerías más impresionantes de Londres, Waterstone’s, hay otras de la misma cadena en la ciudad pero este edificio tiene algo especial, mantiene el aspecto y sabor de los libreros que le precedieron, la famosa librería Dillons, tal y como la conocimos en Torrington Place. Los encargos son inevitables y nos lanzamos ávidos en busca de las ultimas ediciones en Interiorismo Floral y arquitectura, curioseamos las telas de Laura Ashley y de paso algún que otro cuento desplegable para el niño.
12:00
Es hora de un poco de recogimiento y tranquilidad, de nuevo atravesamos la ciudad por sus tripas y emergemos por la base de la Reina Boadicea, a la que siempre me gusta hacerle más fotos que al vecino Big Ben. Sorteamos el Parlamento y paseamos por los jardines de la Westminster Abbey, dejando para el final una corta estancia en el interior del templo, nos llenamos de misticismo y espiritualidad.
14:00
La elección de un sitio para comer no puede demorarse, en Londres, como en casi toda Europa las cocinas cierran cuando menos lo piensas, TatterSalls Tavern está frente a Harrods, en el 2 de Knightsbridge Green, se come pronto y bien, lo que sea con una buena pinta de Guinness y por llevar la contraria al refranero español ya buscaremos el reposo, la mesa y mantel para la cena, ahora a seguir que la tarde es corta.
15:30
Con una corta espera de 30 minutos cogemos el Tate Boat que une los dos museos del idéntico nombre, un agradable paseo de casi 4 kilómetros por las aguas del Támesis, del Tate Britain al Tate Modern, la galería de arte moderno preferida por el visitante en Londres. Ubicada en una vieja central eléctrica, la galería cuenta con una colección permanente de arte moderno con obras de algunos de los artistas más destacados del siglo XX. Visita obligada a la tienda de la galería y en responsable consecuencia con la crisis, sólo compramos un lápiz bicolor con la firma de Picasso.
17:30
Cruzamos el río por el puente del Millennium y paseamos en dirección opuesta al Parlamento, buscamos sin mucha fe el cambio de guardia de la Royal Horse Guard en Whitehall, somos afortunados y coincidimos con el solemne relevo de caballos y jinetes engalanados, la ceremonia reúne curiosamente menos curiosos de lo habitual y el disfrute es cercano y total.
19:00
Ya ha anochecido y el cuerpo pide una retirada vergonzosa, esta vez será en taxi y nos beberemos la ciudad iluminada, pero antes una visita de cortesía a una de las tiendas inventadas por Terence Conran, los Hábitat de Londres son diferentes a los de España, son un culto al objeto, al diseño de las piezas y útiles domésticos más sencillos y cotidianos, me recuerdan a Vinçon de Madrid.
20:00
Esta noche cenaremos en el Hotel, ni el día, ni las piernas dan para más, la duda es cual de los restaurantes elegir, en el JW Steakhouse la oferta de una parrilla de res americana cortada a mano con una ensalada de verdes es tentadora. En la Sala del Parque la cocina es internacional y el ambiente de una auténtica sala de casa señorial. Mayfair Corrigan, es más relajado, cocina irlandesa con peces silvestres y mariscos.
20:30
Mientras consideramos las diferentes opciones y una vez recuperado el tono, hacemos una previa en la barra del Borbón, seguro que este Dry Martini nos ayuda en la elección.
24:00
Buenas noches y hasta el próximo día.


8 de febrero de 2008

Me enamoré de Chrissie



Mis viajes a Londres se han caracterizado por un cúmulo de incidencias y malentendidos, relacionados directamente con los vuelos de avión. En cambio, las estancias, han sido espléndidas y repletas de situaciones agradables. La elección de los Hoteles, los restaurantes y los establecimientos culturales y comerciales visitados me han proporcionado experiencias apasionantes.
Juan Melero es un amigo de los que se dicen “de toda la vida”, relación esta, que se inició no se sabe cuándo, pero seguro, que fue compartiendo actividades escolares en las Escuelas Profesionales San José, y aunque pertenecíamos a cursos diferentes, pues él es un año mas joven que yo, seguro que coincidimos en la creación y organización de cualquier evento relacionado con el deporte y la cultura.

Inquieto, emprendedor y con una gran capacidad para proponer e iniciar con aparente soltura, cualquier tipo de actividad, cualidades estas, que él creía compatibilizar con mis habilidades en el terreno artístico y creativo, del ejercicio de este tipo de relación salió un proyecto de equipo de diseño, al estilo de las agencias de publicidad convencionales con la incorporación de algunos matices en la línea de servicios y ofertas, innovadores en ese momento, el nombre que le pusimos ya tenía su complejidad “Chaplin Técnico 2”, la referencia al cómico universal, era un homenaje subliminal a la creatividad e imaginación, seguido de una rigurosa acepción que cerraba el circulo de una perfecta oferta, como tantas ilusiones que abrazas en la adolescencia, esta se fundió al poco tiempo de comenzar.


Recuerdo perfectamente, aunque él siempre lo ha eludido, el día que se planteó, estando en el Studio de nuestro común amigo el fotógrafo Paco Alberola, la posibilidad de hacer juntos, con el patrocinio de uno de sus más importantes proveedores, un viaje a Londres. El motivo era la visita a la fabrica y a una Feria sectorial, invitación que entendimos formaba parte de un plan de presentación y promoción de producto por parte del citado fabricante, a nuestra lógica perplejidad le siguió un pregunta inevitable, ¿en calidad de qué, justificamos nuestra presencia en la citada visita?
Su respuesta fue inmediata y convincente, Paco y yo, seriamos respectivamente, fotógrafo y asesor de imagen de su empresa.

Por cuestiones profesionales tuve que posponer mi salida un día después a la prevista, circunstancia que me hizo perder el derecho de uso de un pasaje que no admitía cambios, con el consiguiente desembolso extra.
Mi llegada al aeropuerto Heathrow fue desoladora y desconcertante, no existía la CEE y el trato a los españoles no distaba mucho del dispensado a cualquier sospechoso venido del tercer mundo, cacheos, registros y una vez en el hall de llegadas, una desesperada búsqueda del enlace que se suponía me trasladaría al Hotel, la espera se hizo interminable, pues mi total desconocimiento de ingles hacía más difícil la localizacición de esa deseada señorita uniformada, con una bandera en alto que pusiera Mr. Cot.

Una vez en el Hotel, y a la vista de semejante establecimiento, recuperé mi habitual estado de ánimo, decidí deambular por sus proximidades hasta bien entrada la tarde. El Hotel Grosveenor House goza de una ubicación perfecta, de espaldas al elegante barrio de Myfair, uno de los más bellos de Londres, y frente al maravilloso y extenso Hyde Park, uno de los mejores hoteles que he conocido, suntuoso y fiel en su estilo y espíritu británico y vanguardista en la concepción de los servicios.

Sobre las siete de la tarde, regresaron Paco y Juan, con el tiempo justo de recomponerse para la cena, que compartimos con otros clientes y personal directivo de la Fábrica, recordaré siempre la velada gastronómica que disfrutamos aquella noche, el Restaurante Café Royal es un local entrañable y especial, atendido espléndidamente por unos ancianos con levita, que se mueven con lentitud, arrastrando los carros de viejo nogal sobre los que se posaban y repartían los diferentes platos del menú, cubiertos por las clásicas tapaderas de plata, la ceremonia se repetía parsimoniosamente en la entrega de los primeros, los segundos y los postres.

Solo, en mi habitación del Grosveenor House no podía conciliar el sueño, eran demasiadas emociones juntas, de uno y otro signo y estuve zapeando por las diferentes cadenas del pequeño televisor, hasta que encontré la emisión nocturna de “Music Box” especializada en la retrasmisión ininterrumpida de videos musicales, entrevistas y actuaciones de los más representativos grupos de Rock y Pop, después de una corta pausa publicitaria empezó un largo reportaje que atrajo mi atención, era un video recopilatorio de aproximadamente una hora de duración, para la promoción del ultimo disco de “The Pretenders”, creí reconocer alguna de las canciones, hasta ese momento desconocía cualquier detalle sobre el Grupo o sus componentes, pero esa noche me enamoré de su cantante, la hermosa y enigmática Chrissie Hynde, y de una canción “Don’t get me wrong”, que inevitablemente me traslada siempre que la oigo a aquel fin de semana londinense.
De nuevo en el aeropuerto para regresar a Valencia, al pasar la aduana, uno de los clientes de Juan, residente en Mallorca, que compartía el regreso con nosotros hasta Valencia en transito a Palma, y con el que yo había simpatizado, fue requerido a un despacho privado, para justificar un defecto de forma en su documentación, yo, me ofrecí a esperarlo, y así, que el resto de la expedición dedicara unos minutos a las inevitables últimas compras en el “Dutty Free Shop”, una vez aclarado lo del pasaporte al “mallorquín” lo reincorporaron al interior de los pasillos próximos a las puertas de embarque, pero por una puerta diferente a la que había entrado, tras la que yo, permanecí esperando durante casi media hora, alimentando a cada minuto que pasaba una situación nerviosa, que me trasladaba inconscientemente a las incidencias del viaje de ida. Faltando unos minutos para el cierre del embarque, decidí actuar, y al salir e iniciar la búsqueda de la puerta de embarque de nuestro vuelo, apareció Juan que preocupado y ajeno a lo acontecido, pensó que me había perdido por ese laberinto de pasillos y salas que es el difícil aeropuerto de Heathrow.