31 de octubre de 2019

Este jueves, relato: Vamos de entierro.



Macareno es el tonto del pueblo. Todos le ríen las gracias y se divierten con sus chirigotas estrafalarias. Inocente e inofensivo es objeto de burlas humillantes que él, impasible, carga a sus espaldas con paciencia y fría estoicidad.
La noche del 31 de octubre, el ritual de su transformación empieza con un baño de sangre de pollos del corral. Una vez al año cambia su desternillante y ridícula personalidad por otra en la que despiertan sus más perversas y crueles inclinaciones. Embadurna su cara de rojo que, al paso de las horas, resecan su piel cuarteando la tersa superficie. Su rostro maquillado en exceso acentúa unas facciones que se confunden con las máscaras del resto de los vecinos celebrantes dejándolo en un total y asumido anonimato. Todo luce bien en esa macabra y escalofriante fiesta. La oscuridad de esa noche confunde su interior enfermizo y vengativo con los eventuales disfraces de los demás y… ¡todos parecen lo mismo!
El alma podrida de Macareno suda encharcando su corazón de babas oscuras que le nublan la razón. Dan las doce y el Truco o trato le acerca con fascinación y lascivia a su recóndita presa... la fiesta ha comenzado.
A la mañana siguiente, una joven aparece descuartizada en algún campo perdido en los lindes de aquel, por unas horas, confiado paraíso. Sus restos envueltos en una sábana de raso blanco quedan para siempre en el interior de aquella caja de madera que, palmario y compungido, porta al hombro, Macareno, el tonto del pueblo.