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20 de septiembre de 2011

La vieja Fe


Los blogs, son como la bitácora de a bordo en la que cuentas regularmente todo lo acontecido en este barco que es tu vida, y de la que uno es Capitán y Grumete al mismo tiempo.
Al menos esa fue la intención inicial. Pero este diario de plasmar en “intimidad” las cotidianeidades más sobresalientes, al final, se convierte en una arbitraria aportación de mensajes, reivindicaciones, informaciones de carácter general, relatos de ficción y algún que otro cuento en el que nos dibujamos de espalda para disimular.
Yo, lo he hecho y no sé si entonar el “mea culpa”  o simplemente pasar olímpicamente del tema, no sea, que los compromisos se conviertan en costumbres.

Hoy sin embargo, siento la necesidad, o al menos el gusto de contar en este seudo diario particular, una experiencia que me ha dejado totalmente descolocado.

Esta tarde he estado en Urgencias, en el Hospital La Fe de Valencia... No, el nuevo  no, el viejo, el de siempre. Ese, en el que acudíamos muy a pesar nuestro acompañando a alguno de nuestros hijos con una brecha en la cabeza, o siendo acompañados por alguno de ellos, porque se nos había disparado la tensión. Ese, en el que dábamos mil vueltas para aparcar el coche y que al final lo dejábamos encima de la acera. Ese, en el que la cola de admisiones daba casi una vuelta al pabellón central. Ese, en el que esperabas de pie horas y horas hasta que pillabas una silla donde pasar más horas y horas esperando con ansiedad creciente un chirriante altavoz que te señalara con el dedo liberador diciéndote: “familiares de...” Ese, en el que sabías a que hora de la tarde entrabas, pero no a que hora de la madrugada saldrías.

Bueno, pues en ese Hospital... en el viejo, en el de siempre, hoy, he estacionado en la puerta, me han atendido dos celadores, me han recepcionado, expedientado, acompañado, visitado, radiografiado, diagnosticado, medicado y recetado en menos de 30 minutos. Que podrían haber sido menos, si las dos únicas enfermeras que había, hubiesen dejado los detalles de la próxima boda de la duquesa de Alba para otro día (hay cosas, que no cambian)

No es tan mala la soledad del corredor de fondo, cuando las cosas suceden en silencio apacible, con celeridad y eficacia y sobre todo cuando te aseguran que lo tuyo, no es un desplazamiento de la prótesis de la cadera, (como temías) sino una ligera impotencia funcional, que se soluciona con unos días de reposo.

Así es que como la próxima cita es el 24 con ese extraño y caprichoso invento del Jueves-Sábado de GUS y ANY, con vuestro permiso, me voy a descansar.