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25 de noviembre de 2008

...Tosca frente a Mimi

Empezó el frio de verdad, y esto empieza a oler a Navidad, dejo caer este post para hacer boca.

El País Semanal, publicó este artículo de Terenci Moix, en las Navidades del ’93,

“La nochebuena me sorprendió en Nueva York, escuchando La Bohéme.
Parece ser que el Metropolitan la programa cada año para estas fiestas.
No deja de ser una costumbre lógica.
En una noche como ésta se le apagó la candela a la pobre Mimí, pretexto ideal para colarse en la buhardilla de cualquier poeta exaltado. No necesitó muchos pretextos Zeffirelli para organizar uno de esos montajes legendarios, que llevan encandilando al público desde hace casi quince años. La apoteosis del segundo acto, con el mayor lucimiento posible de figurantes invadiendo las calles de París, mantiene intacta su capacidad de asombro.

Siempre nos ha gustado que en la Opera las cosas sean más grandes que en la vida. Y en esta Nochebuena, Opera y Vida se juntaron, pues al salir del Met, nevaba sobre Nueva York, exactamente igual que nieva sobre la estropeada salud de Mimí en los desoladores espacios del segundo acto. Fantástico compromiso entre lo real y lo soñado. Opera, fuera de la ópera, en resumen.

Completé mis fiestas del modo más Pucinniano posible, con otra de sus heroínas; la que es sin duda mi favorita.

Me refiero a la tempestuosa Floria Tosca.
Hace ya años que Montserrat Caballé enriqueció mi videoteca con una copia de su actuación en Tokio, durante una célebre gira del Covent Garden por el Lejano Oriente. El otro nombre invitado era José Carreras, en su momento ideal para ser un Caravadosi irreprochable.


Cantante bella misma en la ficción, la signora Floria ofrece posibilidades de dramatismo como casi ninguna otra de las grandes reinas del repertorio. En la grabación a que aludo reaparece el nombre de Zeffirelli, pues suya era la puesta en escena en aquel evento excepcional, con antecedentes que no lo eran menos.


En realidad se trataba de la puesta en escena para María Callas en el mismo Covent Garden. Acertó de pleno “il signor Franco”, cosa que no siempre le ocurre, para mi gusto.

Es tan decorativista ese Señor, que un florero puede ser más importante que los propios intérpretes. Por fortuna la ciudad de Roma tiene más fuerza que las veleidades de cualquier decadentista. En sus ruinas, la decadencia adquiere un sentido histórico.
El poder pontificio representado por Scarpia es demasiado bestial como para que no acabe aplastándonos como una losa en forma de “Te Deum”. Zeffirelli acertó al darle forma magnificando la omnipotencia del barroco romano, pero es en la terraza del Castel Sant’Angelo donde tiene lugar la escena que, a mi juicio, define mejor el carácter de Floria Tosca: cuando ésta enseña a Mario como a de fingir la muerte por fusilamiento.


Hasta aquí hemos visto una heroína atormentada por los celos, humillada por la persecución de Scarpia, horrorizada por el dolor de ver torturado a su amante, y en fin, engrandecida por el asesinato del déspota. Pero en la terraza del Castel Sant’Angelo aparece la actriz, la popolana que llega a confundir la vida real con el teatro.
Ante la torpeza de Mario para interpretar la farsa propuesta, ella parece enorgullecerse al decir: “Con escénica ciencia, yo sabría el movimiento” Y su amante pintor, pero manierista al fin y al cabo, acaba por entender el juego exclamando: “Come la Tosca in teatro”.

Floria Tosca es una de mis personajes favoritos y al aclararlo creo hacer una declaración sobre mi propio carácter. En la ópera prefiero siempre a las heroínas apasionadas, mucho mejor si presentan alguna doblez. Una Amneris o una Éboli me apasionan como no lo consigue Mimí, cuya tuberculosis gana, por otro lado, tantas voluntades. Esta pobrecita resulta ideal para unas excelentes navidades blancas. Muere al disolverse la nieve. Floria Tosca por el contrario, inspira noches de tormenta y tardes de siroco sobre las piedras milenarias de Roma. Inspira la pasión en su estado más puro.
Lo que nunca muere como decían los folletines de antes.”