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8 de junio de 2011

Este jueves, relato. "Los pies"


Los pies le olían a demonios.
-¿Qué cómo huele un demonio? Mal, muy mal.

Los hedores despedidos eran una traición despiadada.
Una mezcla de calor sulfuroso y denso aroma mortal.
Una muerte asfixiantemente lenta. Imposible huir, te seguía de cerca el insoportable olor amarillo verdoso. Se instalaba en la nariz y torturaba sin piedad.

Las pocas veces que se lavaba, en un extraordinario alarde de pereza pasaba por alto esos extremos de su cuerpo. Acumulaba fragancias tan variopintas y dispares que sólo de recordarlo se pecaba con el pensamiento.

Las moscas merodeaban como satélites, borrachas y empapadas en aguardiente de animal, cosacos en retirada, abrazadas a los cordones para no perder el paso.
Y los pies, abandonados a su suerte, emanaban vapores insoportables que se acentuaban al marchar: "izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda... media vuelta, ¡AR!

26 de junio de 2010

Héroes de Cabecera. Mercè Rodoreda (XVII)


Normalmente en las entradas de esta serie que llamo: “Héroes de Cabecera” intento evitar referencias biográficas gratuitas y de fácil localización en otras fuentes, recreo de forma desenfada y escueta los aspectos más desconocidos o anécdotas curiosas en un laborioso ejercicio de documentación. Por esa razón no suelo abundar en fechas o bibliografías, que aún siendo importantes, no dejarían de ser inadecuadas o pretenciosas y sólo añadirían una aportación distante a los detalles más sobresalientes y personales de los homenajeados.
Aún así, la vida de estos Dioses de andar por casa, está unida a valores personales extraordinarios, el Creador está íntimamente ligado a su Obra, al margen de su más o menos amplio anecdotario particular. Este es el caso también, de Mercè Rodoreda, cuyo libro “La Plaza del Diamante” es motivo de más escritos y estudios que los existentes en la biografía de su autora. Gabriel García Márquez subrayó que: “La plaza del Diamante es, a mi juicio, la más bella novela que se ha publicado en España después de la guerra civil”. La sensualidad y la Luz con que la escritora ilumina las palabras en esa obra, impulsó al Nobel colombiano a visitarla sin conocerla, guiado sólo por una admiración irresistible.
Mercè Rodoreda creció con el reflejo de la presencia de su abuelo, figura para ella, más importante que sus propios padres y del que recibió su gran pasión por la literatura. Sin embargo este personaje, excéntrico, amante del catalanismo y la poesía, por su extravagante proceder puso en jaque la economía familiar hipotecando todo su patrimonio. La entrada precipitada en la edad adulta tiene lugar con la llegada de un tío de Argentina, un hermano de la madre que había marchado a hacer las Américas cuando la escritora era un bebé. Llega con el cometido de poner orden en los desmanes de la economía familiar provocados por la discutible gestión del entrañable abuelo. Con el nuevo cabeza de familia llegan las restricciones presupuestarias, incluido un traslado de domicilio a una casa más modesta y, lo que es mucho peor, el deseo expreso del tío de casarse con su sobrina que se apalabró cuando ésta tenía sólo 13 años, si bien tuvieron que esperar a que cumpliera los 20, en 1928, y a una dispensa eclesiástica por consanguinidad, para que se celebrara la boda. Evidentemente, éste fue un mal casamiento, un absoluto fracaso que le obligó a buscar desesperadamente una salida, una huida más bien, de esa impersonal y monótona relación de la que el único rédito que obtuvo fue el nacimiento de su hijo Jordi. El recuerdo y las vivencias con su abuelo eran demasiado fuertes, su amor por las flores, marcaría parte de su obra literaria, reflejada en los títulos de algunos de sus libros, como La calle de las Camelias, Jardín junto al mar o Viajes y Flores. Jardines cuya vegetación admiró en sus largos paseos.

La plaza del Diamante, es sin duda la obra más leída en lengua catalana, traducida a más de 30 idiomas, está considerada como una obra de alcance universal. En el año de su publicación, Rodoreda se encontraba desde hacía más de veinte años fuera de su Barcelona natal.
Para escapar de aquella situación insostenible que fue su matrimonio, se prodigó en una actividad literaria, sólo interrumpida durante algunos años del exilio, desde donde alimento un miedo a sentirse perdida, sensación que trasmitió a través del personaje de Colometa, que se pregunta constantemente que hacer, que pensar y para que está en este mundo.
En el exilio conocerá al amor de su vida, el crítico literario y escritor Joan Prats, intelectual catalán que jugó un papel destacado dentro de la producción cultural de la República y el exilio y que evidentemente también influirá en su obra.
En 1980 recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas y dos años más tarde, se estrenó "La Plaza del Diamante" película que adoro y que todos conocemos de sobra, en la que Silvia Munt daba vida a Natalia, la Colometa protagonista de una obra que inmortalizará para siempre la Barcelona de los años 20, desde la mirada doméstica y sentimental de una mujer.

"Volví al comedor, me senté delante de la mesa, y con la uña me puse a sacar las migas de pan viejas que estaban metidas en una rendija muy grande".

 
Fuente de información Benjamin Sanders