8 de marzo de 2018

Este jueves, relato: A ti, mujer.



En casa:
Tragó saliva y decidió que esa sería la última.
Él le había gritado una vez más, salpicándole el alma con una desbocada ira: «¡Que te calles!. Todas sois iguales…, unas putas. No entendéis más que de palos, vuestro sitio es la cocina».
Paloma era actriz de reparto. Hoy tenía rodaje, sólo una toma con mucha carga dramática. Cogió algunas cosas y salió de aquella casa para no volver nunca más.
En el estudio de grabación:
Entró en situación e intentó recomponer el personaje: «¡Silencio, se rueda!» La cámara, se deslizó lentamente captando la tristeza de su rostro en un largo travelling que terminó en un desenfocado horizonte de cartón-piedra. «¡Corten! esto es todo por hoy».
En la calle:
Una vez fuera se dirigió hacia ningún sitio. La inercia de la conducción la llevó hacia una autovía en dirección al cielo. Sonó su móvil. «Mama por favor…, ahora no es el momento, no estoy de humor y voy conduciendo»
En el hospital:
Recuperó el conocimiento en una cama de barrotes. Los goteros de suero y de plasma directos a la muñeca le situaron en el instante de su accidente, ¿qué le había pasado? Oyó voces a su alrededor y se durmió de nuevo. La enfermera llamó la atención de las visitas que discutían pormenores en el pasillo: «¡Silencio! Paloma necesita descansar».
En sueños:
Paloma, se veía representando diferentes personajes… ¿Cuál de todos era ella? Pensó que podía elegir y los repasó dándoles un instante de vida. Eligió ser ella misma. A partir de ahora las cosas iban a cambiar y, en sueños, miró a los ojos del futuro que le dijo: «Calla, no digas nada, deja que hable el corazón».