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Mostrando las entradas etiquetadas como Sábados Literarios

Sábado literarios de Mercedes. Mordiendo el lápiz

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Mercedes empieza con: ¿Cómo fue?... Sí, lo recuerdo… Me acompañaba a casa. Yo estudiaba con las monjas. Él me esperaba en la puerta, con sus libros y sus quince años. Me regaló un anillo de hojalata precioso; lo fabricó con sus propias manos. Venía a mi barrio después de la merienda. Jugábamos a “matar” (ese juego de pelota donde apuntas con el balón a uno del equipo contrario, lanzas y, si le das, pasa a ser tu prisionero). Apareció otro chico. Otro chico que se había obsesionado conmigo. Yo no le hacía ni caso, pero él no cesaba en su empeño. Un día, recuerdo que dejé a la pandilla en la calle y subí con mi amiga a la azotea de casa. Le estuve comentando que andaba hecha un lío: el chico del anillo de hojalata me gustaba; el otro se derretía por mí (y eso también me gustaba). Entonces, mi amiga me agarró del brazo y me llevó al borde de la terraza. -Mira ahí, abajo (y sacó el dedo de señalar): ese está loco por ti. Y ese otro es tu alma gemela. Ahora, tú decides…Me di la vuelta, e

A propósito de los "Sábados Literarios..."

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Como sabéis, la convocatoria para este sábado se ha suspendido y al parecer de forma definitiva. No obstante y a pesar de no salir el "Bus", Yo, desde mi "Plaza" de aparcamiento particular voy a publicar el relato tal y como estaba previsto. i Los "Bús" virtuales también se desgastan y a veces necesitan ser sustituidos o retirados definitivamente de la circulación. Es por eso, que este contratiempo no nos debe afectar en demasía, seguro que Nuevos Proyectos de Viaje compartidos, esperan en alguna de nuestras "Cocheras". No obstante, yo emplazo a aquellos viajeros que tuviesen previsto publicar su relato, que lo hagan, al menos en homenaje a los desinteresados conductores que este formato a tenido: Tag, Cass, Mimi, Tésalo, Teresa Cameselle, Ardilla, De Sousa, Mª José Moreno, Dorotea, Natalia, Gustavo y alguno más que me olvido, especialmente su creadora Mercedes. i A lfredo

Sábados Literarios de Mercedes. "Conversaciones con Dios"

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Llegó a las 12’30, puntual como corresponde a un Dios. Lo vi entrar por la puerta, solemne, de Domingo, me reconoció entre los parroquianos que a esa hora se daban cita para el aperitivo del mediodía, le ofrecí asiento frente a mi, en una butaca orejera de piel marrón, que aceptó muy gustoso. -¿Qué le apetece tomar "Señor"?- -Un vino dulce- me contestó. -Verá, el motivo de esta cita, es para recordarle que hace ya más de tres mil años, su Padre, que es Usted, le dio Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí. Necesitó 40 días para escribir con su propia mano sobre dos tablas de piedra las leyes básicas. Poco tiempo en mi opinión, para crear un reglamento de pautas de conducta de obligado cumplimiento, por el que se debe regir la humanidad.- -¿Tres mil...?, parece que fue ayer. Sin embargo, 40 días fueron suficientes para que la fe de un pueblo se perdiera y me sustituyeran por un becerro de oro construido en honor de mi adversario Apis, malgastando para ello tod

Sábados literarios de Mercedes. "Cosas que me gustaría hacer contigo"

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Te siento desde hace años, aunque no siempre he sabido de tu existencia. Me he acostumbrado a tu compañía, tanto, que hoy sé que no podría vivir sin ti. Y si, quiero que hagamos cosas juntos. De momento te intuyo, te siento próximo y te imagino cristalino, frágil y transparente. Acerco mi mano y acaricio tu pecho, palpitante, secuencialmente vivo y permanentemente mío. A veces te cuesta seguirme, me detengo, te espero y siempre me alcanzas a tiempo. Pero no sé lo que es volar y quiero hacerlo contigo, no sé lo que es la locura y necesito delirar contigo, no sé lo que es amar y quiero aprender de ti. Tenderme al Sol y compartir mi sombra, me cuesta recordar si alguna vez me ha sucedido algo sin tu presencia, y olvido lo que hice hasta ahora. Todo fuera de ti, me parece mundano, ordinario e insuficiente. Por todo eso, me gustaría fundir eternamente mi vida con la tuya. Y si te muestras, quisiera conocerte, sé que es difícil... y me pregunto: ¿Cómo se conoce a un corazón? I Más cos

Sábados Literarios de Mercedes. Perdidos en la gran Ciudad

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Valencia, Abril de 1.950, la ciudad se recupera lentamente de las heridas de una guerra que enfrentó a familias, vecinos y amigos, una guerra estúpida e injusta (como todas) en la que tanto el pueblo llano vencido como el vencedor, pasó hambre. Tonet tenía 12 años, vivía en un pueblecito próximo a la capital, él nunca había estado en ella, sabía que existía, como también sabía que después de las casas, había un mar grande y azul, y más allá un paraíso al que llamaban América. Un día al salir del colegio, decidió que se iría al Paraíso, se haría rico y volvería con fortuna suficiente para aliviar la penuria de sus padres, se acabarían los bocadillos de pan con nada, lavar la ropa en el río, mendigar un abrigo usado en la parroquia o curar de esa horrible tos que día a día estaba acabando con la vida de su yayo. Escondido en un vagón del tren de cercanías, cubrió su primera etapa hasta la estación del Norte de la capital, saltó al andén al tiempo que quedaba impresionado por la magnitud

Sábados literarios de Mercedes. Segunda oportunidad

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...¿Otra oportunidad, dices? ¿Cuántas van ya?, casi tantas como cicatrices has dejado en mi cuerpo. Y otras tantas en mi alma, aunque estas no se vean. Te recuerdo, tu facilidad para incumplir promesas, tu tendencia a desaprovechar oportunidades, ¿y me pides una segunda? Bien sabes que te quiero, o al menos lo mucho que te he querido, he disimulado, he mentido, he confiado, he querido creer en ti y en tu famosa frase “Esta vez, va en serio, cariño... será la última” y me pides que te regale sin garantías la posibilidad de reincidir. Yo siempre me he vaciado de la basura acumulada, he limpiado la amargura de mi alma y he maquillado las heridas de mi cuerpo, pero tú, sólo disfrazabas tus sentimientos con traje de Domingo y pasabas de puntillas sobre tu verdadera realidad, nunca te has tomado en serio, ¿cómo me ibas a tomar a mi? Recuerdos, sólo recuerdos que no quiero recordar, ilusiones que se desvanecieron, proyectos para compartir jamás compartidos y ahora unos años después... miedo

Sábados Literarios de Mercedes. Cuento de Navidad

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El primero en llegar fue Rojo, serio, elegante, luminoso. El, era el responsable de la convocatoria, de la que estaba seguro saldrían bien planificadas las pautas de actuación para aquellas entrañables fiestas. También era el más relevante, cabeza visible y portador de emociones y sentimientos, parecía que todo giraba a su alrededor, cuidadoso y pulcro ordenaba sobre aquella superficie transparente los guiones personalizados que mas tarde repartiría con la precisión de siempre. En segundo lugar llegaron juntos, Amarillo y Verde, alegres, vivos y frescos, canturreando por lo bajo algo de una zarzuela que no llegué a reconocer. Ambos con cometidos diferentes, el primero para enlazar, envolver, atar los buenos deseos y proporcionar la fortuna soñada y el otro, Verde, como soporte o fondo, algo así como la esperanza en forma de espacio escénico donde se sucedían los momentos de más fuerza interpretativa, ambos sabían de la importancia de su papel, aunque sólo fuese como en el cine,

Sábados Literarios de Mercedes. El lugar desde el que escribo

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A diario, me asomo al exterior a través de dos ventanas, respiro y suspiro en cada una de ellas. La más grande, con dos inmensas hojas de cristal, me transporta a una realidad cotidiana. Recreo la mirada, y mi ensimismamiento es compartido por palomas, gorriones, helechos y un laurel, y siempre por un cielo tan variado como los gustos. Hoy por ejemplo está gris plomizo, serio y circunspecto, pero me gusta. Cuando amanece y se gasta la madrugada, me repito: “Hoy, puede ser un buen día” confiado, me lo creo, me doy mis tiempos y construyo lo que corresponde a mi aportación en esa unidad de tiempo que es el día. Cuando anochece, todavía con los últimos rayos del sol, pego la nariz al cristal y repaso lentamente los misterios de las horas vividas, y veo esconderse la luz por mi derecha. Entonces, solo, en esa soledad consentida me dejo seducir por el pautado ronroneo de las palomas, y la vista se pierde por entre las hojas del laurel. La otra ventana, sigue a continuación. Ésta, mucho

Sábados literarios de Mercedes. (Con retraso)

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Juan Manuel Rodríguez de Sousa , propuso como tema para un Sábado de Agosto, en el que no pude participar: “Ciencia Cuentista” No obstante, conocedor de la propuesta escribí un texto que hoy aprovechando este Sábado sin relatos he decidido postear. Pido disculpas a Juan Manuel y a Mercedes por esta insubordinación y en desagravio les dedico esta: La Dama que inventó la Noche. Al joven Aristarco le perturbaba la noche, no entendía el cambio a ese gris oscuro, casi negro, tan diferente al de el día, tan claro y luminoso al que se había acostumbrado y asumía como natural, no así la noche que suponía para él, (consumando curioso) un verdadero quebradero de cabeza. Le inquietaban los fenómenos que aunque aparentemente normales, no terminaba de entender y para los que aseguraba habría alguna explicación. Repasaba diariamente el proceso de oscurecimiento al tiempo que se producía, en una secuencia casi exacta o al menos eso parecía indicarle su particular medición del tiempo

Sábados Literarios de Mercedes. Historia de mis Muebles

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Una mesa, como mi Padre . De mayor, quiero ser Mesa como mi padre. No una de esas extensibles o articuladas, no! quiero ser de una pieza, grande y maciza. Sólo soy un pino, no importa, seré la mesa mas entrañable de cuantas se hayan fabricado, con los Abuelos presidiendo los extremos, orgullosos y sonriendo cómplices por habérsela comprado juntos a Quimet , el de la Plaza. Recuerdo aquella que se hizo él para su casa, de vieja delataba en su piel todo su pasado. La mesa del Quimet y la Colometa era su historia. Su superficie, que ella lustraba cada sábado, era un mar de cicatrices por cuyas rendijas, ensimismada, pasaba las horas arañando las migas de pan que habían quedado varadas en su fondo. Hay un largo camino, desde Valsain , allá en la Sierra, hasta la carpintería del Quimet . Es ley de vida, ya tengo los poros abiertos y mi piel es clara como la paja pálida con sombras rosadas. Huelo a fresco y no me importará

Sábados Literarios de Mercedes. Algo sobre mi blog

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Empezaré por el final. Desde hace unos meses, cada semana espero que el conductor de turno, proponga un tema como punto de partida para confeccionar el relato correspondiente. Sin pretenderlo confieso que se genera cierta dependencia que hace más cómoda la elección de aquello de lo que escribir, añadiendo cierta magia el reto de contar algo a partir de lo que te sugiere un tercero. Pero, no siempre fue así, ni tan siquiera ahora lo es del todo, sigo alternando los relatos de los “Sábados...” con mis sencillas aportaciones en forma de crónicas, criticas, reivindicaciones, admiraciones, juegos, adivinanzas, confesiones, etc. En definitiva sentidos divertimentos que cuelgas en tu particular e ilimitada página y en los que sin intención de hacerlo dejas mucho de ti mismo. Si a algún curioso al que le sobrara el tiempo, quisiera releerme, sabría sin duda, cual es mi ideología, mi color preferido, mis gustos musicales, mi autor, pintor, escultor o actor admirado, donde he viajado y donde

Sábados Literarios de Mercedes. El Viento

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"Es el viento que te habla, que acaricia tu corazón. Es el viento que te pesa, es el viento que soy yo” La voz de Nino sonaba limpia, cristalina, casi igual que aquel día en el que se conocieron, pero era Ella, la que no oía con claridad, las lágrimas y los sollozos le impedían vincular la melodía con todos y cada uno de los detalles de aquel primer encuentro, aquella primera vez sobre la que construyeron un futuro para compartir. “Si no estoy junto a ti, pero crees sentir que acarician tus manos, si no estoy junto a ti, pero crees sentir que alguien besa tus labios...” El mismo viento del que le hablaba la canción, tomaba fuerza en la calle, a partir de ese momento, el viento, tendría un significado diferente, ya no habrían mas brisas acariciando su piel, mas Gregales, mas Ponientes, ni Levantes, ni Tramontanas, todos ellos y más, se habían conjurado en contra de ella, condenando un porvenir que empezaba a llenarse de tristeza. “...si tu escuchas mi voz, mis palabras de amor

Sábados Literarios de Mercedes. ¿Y quién se comió al gato?

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Doña Remigia, nadaba en la abundancia, se podría decir que nació de afortunada cuna y creció al amparo de las muchas rentas heredadas. La vida, también le dejó ser tía de muchos sobrinos, con tiempo y en turno, había puesto secretamente a prueba a todos y cada uno de ellos y el resultado había sido inquietantemente sospechoso. Es fácil ser sobrino de tía adinerada, sólo tienes que fingir y esperar, pero la “Doña” era mas lista que todo el colectivo familiar unido. Los recelos aumentaron con la presencia de “Cat” un mayordomo cincuentón, que se hizo cargo de los cuidados de la venerable sexagenaria. Cat, se incorporó al servicio, por prescripción facultativa (yo, diría mejor, por exigencias del guión) y su compañía fue positivamente valorada por Doña Remigia, aquel mocetón normando, apareció caído del cielo en la residencia parisina de la anciana, su franqueza, su fidelidad, sus movimientos seguros y felinos, su inalterable condición física para acompañar sin límites y su temple y aut

Sábados de Mercedes. ¡Bragas, cuatro euros!

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La curva después de pasar la Gasolinera, siempre le sorprendía, no se acostumbraba a reducir la velocidad, la visibilidad era buena, sin embargo el peralte, por una extraña razón inclinaba el asfalto en contra de los confiados automovilistas. No le gustaba conducir, pero ahora no tenía elección, solía hacerlo de madrugada, amaneciendo y además tenía que recordar cual era el destino en ese sábado de Diciembre, cada día un mercado diferente, en un pueblo diferente, pero el mismo tipo de gente de siempre. Cristina Papiri, era bonaerense, vino a Valencia de joven y enamoró a Pepe, el batería de un grupo de Rock llamado Los Escorpiones. Estos viajes no tenían nada que ver con aquellos de los conciertos por la Comunidad Valenciana, después de un largo pero cómodo viaje hasta el pueblo de turno, descansaba en primera fila o en una mesa cerca del escenario tomando alguna copa, mientras el Sr. Belmonte aporreaba las baquetas al mas puro estilo Ringo Star, sobre la tersa piel de los tambores

Sábados de Mercedes. Mi aspecto, mis costumbres

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Entre nosotros y ahora que nadie nos escucha, te confesaré, que soy un sapo, si... un sapo, como el del cuento, incluso yo diría que más sapo todavía. No me preguntes como llegué hasta aquí, supongo que saltando de charca en charca y de personalidad en personalidad, no recuerdo haber existido antes como larva, ni como renacuajo, lo cual me duele en el fondo de este alma viscosa y verde que intuyo. ...Eso que me perdí, pero a nosotros, los sapos de sangre azul nos han parido así, sin niñez, sin adolescencia, siempre sapos adultos. Mis únicos recuerdos, de aquel nebuloso cuento en el que todavía me reconozco con aspecto humano, son los de un hechizo, el de una hermosa Luna reflejada en la pulida superficie de un Mar plateado. Ante su presencia y atraído por su belleza, presumí, fui vanidoso, embaucador, egoísta, conquistador y mentiroso, en definitiva todo aquello que se espera de un príncipe mimado y acostumbrado a salirse siempre con la suya. Aquel hechizo de Luna me convirtió en un s

Sábados de Mercedes. Las Horas...

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...Que larga es la noche, estoy frente a este teclado de letras blancas sobre fondo gris antracita, las yemas de mis dedos reposan inquietas sin saber que hacer, por donde empezar, necesito una frase, (ni siquiera una frase) un articulo determinado, un pronombre personal o un nombre común, una idea, una inquietud que me estremezca y me ponga en marcha. ...Que larga es la noche y que sombría la ausencia, levanto la mirada y recorro en un travelling de 180 grados, buscando esa imagen que me despierte de mi letargo, veo con avidez fotos y objetos y les grito que me cuenten sus sueños, sus vivencias, hoy no es su noche, ni la mía, me detengo en la ventana y llueve. ...Que larga es la noche, por favor, sólo un “La” para entonar y todo será más fácil, me distrae la Radio, se mezclan y me confunden los “Mis”, los “Res” y los “Fas” suena la música, ella y yo solos en la madrugada, que barbaridad, si sólo es un relato de no mas de 300 palabras y Tésalo me está esperando, espero que el “Bus”

Sábados de Mercedes. Diario íntimo de una Nevera

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Mi primer dueño se llamaba, bar “El Ganxo” apodo con el que se conocía al barrio de Ruzafa de Valencia . Esta humilde casa de comidas, miraba de reojo, no sin cierta envidia a la monumental Iglesia de San Valero , pretenciosa y siempre engalanada para las multitudinarias fiestas locales. Me recibieron con la alegría juvenil de la que espera un juguete regalado, algo que se puede rentabilizar sin coste alguno, nuevo, brillante, con un nombre compuesto formado por letras cursivas blancas impresas sobre un fondo rojo sangre, nombre, que creía era el mío, pero que más tarde comprobé, que sólo hacía alusión al obligado contenido, pues esas eran las condiciones de la dádiva. Me sentía joven, limpio, inmaculado y sobre todo capaz, muy capaz de enfriar hasta la congelación las botellas de cristal que se alineaban ordenadamente en mi interior. Mi primer contacto con la electricidad fue a 125 voltios, suficientes para ronronear hasta la extenuación, sin perturbar el descanso de los parroquian

Sábados Literarios de Mercedes. Testamento

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Dijo que se llamaba Jacobo, pero que importa, cualquiera en sus circunstancias podría haber mentido. Su pobreza, si que era real. Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida, su edad indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca. Jamás fue prudente y ahora el frío y la calle, amenazaban con negarle la vida una madrugada cualquiera. Absorto, escribía con lápiz corto en las partes no impresas de un diario de izquierdas: “Por si acaso y para que no hayan dudas ni disputas, dejo mis pertenencias a:” El carro de la compra que cogí prestado del “super” y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona, (al rey, lo que es del rey). A Pilarín, la rubia de bote de la peluquería de enfrente, le dejo esta mata de rebelde pelo que una vez fue rubio de verdad, (ella ya sabrá como teñirlo) Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del Banco Popular de aquí al lado.

...Sábados de Mercedes, Cinco razones para callar

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Tragó saliva y decidió que esa sería la última. Él, le había gritado una vez más, salpicándole el alma con una desbocada ira: “Que me calle? ..todas sois iguales, unas Putas, no entendéis mas que de palos, vuestro sitio es la cocina” Paloma, era actriz de reparto, hoy tenía rodaje, sólo una toma con mucha carga dramática, cogió algunas cosas y salió de aquella casa, quizás, para no volver nunca mas. Entró en situación e intentó recomponer el personaje. “Silencio, se rueda” La cámara, se deslizó lentamente captando la tristeza de su rostro en un largo travelling, que terminó en un desenfocado horizonte de cartón-piedra, ...Corten!! esto es todo por hoy. Una vez en la calle, se dirigió hacia ningún sitio, la inercia de la conducción la llevó hacia una autovía en dirección al Cielo... Sonó su móvil. “Mama, por favor, ahora no es el momento, no estoy de humor y voy conduciendo” Recuperó el conocimiento en una cama de hospital, los goteros de suero y de plasma directos a la muñeca, le

...Sábados de Mercedes, Un viaje inolvidable

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Salí, aturdido y extasiado. Todavía en el portal de su Casa , busqué con la mirada un rincón con sombra en el que refugiarme durante unos segundos y asimilar la experiencia que acababa de vivir... Era primavera en la Toscana , las campiñas coronadas por almenas de verdes cipreses, olían a hojas frescas de robles y encinas, las ilusiones hacían turno, esperando con impaciencia la primera cita de la mañana. Mi visita a la Casa Museo donde nació y vivió Giacomo Puccini , era un sueño a punto de realizarse. La vivienda, preparada para los visitantes con un recorrido lógico y ordenado te conducía a través de las diferentes estancias, exponiendo un variado catálogo de enseres y testimonios personales, mobiliario, vestuario y otras pertenencias del Maestro , bocetos o simples escritos amistosos, cartas a su mujer Elvira , a su hijo Antonio o a su editor Ricordi , mostrando su preocupación por el desenlace o situación de algunos de sus trabajos, así como innumerables partituras autografiad