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Mostrando entradas de junio, 2009

Sábados de Mercedes. Diario íntimo de una Nevera

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Mi primer dueño se llamaba, bar “El Ganxo” apodo con el que se conocía al barrio de Ruzafa de Valencia . Esta humilde casa de comidas, miraba de reojo, no sin cierta envidia a la monumental Iglesia de San Valero , pretenciosa y siempre engalanada para las multitudinarias fiestas locales. Me recibieron con la alegría juvenil de la que espera un juguete regalado, algo que se puede rentabilizar sin coste alguno, nuevo, brillante, con un nombre compuesto formado por letras cursivas blancas impresas sobre un fondo rojo sangre, nombre, que creía era el mío, pero que más tarde comprobé, que sólo hacía alusión al obligado contenido, pues esas eran las condiciones de la dádiva. Me sentía joven, limpio, inmaculado y sobre todo capaz, muy capaz de enfriar hasta la congelación las botellas de cristal que se alineaban ordenadamente en mi interior. Mi primer contacto con la electricidad fue a 125 voltios, suficientes para ronronear hasta la extenuación, sin perturbar el descanso de los parroquian

...Mi Dalí particular. (Lluis Llongueras)

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Mucho se ha escrito sobre el Genial pintor de Figueras, pero existe una relación poco conocida de éste con el peluquero catalán  Lluis Llongueras  de la que alguna malicia se puede contar, aunque sea a grandes rasgos:  Todo empezó, un 24 de Septiembre de 1.961, día de la Merced cuando  Dalí , acudió a la inauguración de la peluquería que  Llongueras  abría en la Av. General Goded (hoy, Pau Casals) en Barcelona. Confiesa  Llongueras , que antes de conocer a  Dalí , su obra ya le fascinaba y su obsesión por descubrir el trabajo del pintor le acuciaba en extremo, esa tarde,  Dalí  le pidió un martillo con el fin de dejar su marca rompiendo una luna del escaparate de 3x2’5, a lo que el estilista se negó, argumentando que todavía las debía al cristalero, ésta a sido una decisión, que ha lamentado hasta el día de hoy, sin embargo, si le hizo caso, colocando como tirador de la puerta de entrada una caracola marina de considerable tamaño (16 x 20 cm.) que le había traído de Port Lliga

Sábados Literarios de Mercedes. Testamento

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Dijo que se llamaba Jacobo, pero que importa, cualquiera en sus circunstancias podría haber mentido. Su pobreza, si que era real. Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida, su edad indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca. Jamás fue prudente y ahora el frío y la calle, amenazaban con negarle la vida una madrugada cualquiera. Absorto, escribía con lápiz corto en las partes no impresas de un diario de izquierdas: “Por si acaso y para que no hayan dudas ni disputas, dejo mis pertenencias a:” El carro de la compra que cogí prestado del “super” y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona, (al rey, lo que es del rey). A Pilarín, la rubia de bote de la peluquería de enfrente, le dejo esta mata de rebelde pelo que una vez fue rubio de verdad, (ella ya sabrá como teñirlo) Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del Banco Popular de aquí al lado.

...Sábados de Mercedes, Cinco razones para callar

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Tragó saliva y decidió que esa sería la última. Él, le había gritado una vez más, salpicándole el alma con una desbocada ira: “Que me calle? ..todas sois iguales, unas Putas, no entendéis mas que de palos, vuestro sitio es la cocina” Paloma, era actriz de reparto, hoy tenía rodaje, sólo una toma con mucha carga dramática, cogió algunas cosas y salió de aquella casa, quizás, para no volver nunca mas. Entró en situación e intentó recomponer el personaje. “Silencio, se rueda” La cámara, se deslizó lentamente captando la tristeza de su rostro en un largo travelling, que terminó en un desenfocado horizonte de cartón-piedra, ...Corten!! esto es todo por hoy. Una vez en la calle, se dirigió hacia ningún sitio, la inercia de la conducción la llevó hacia una autovía en dirección al Cielo... Sonó su móvil. “Mama, por favor, ahora no es el momento, no estoy de humor y voy conduciendo” Recuperó el conocimiento en una cama de hospital, los goteros de suero y de plasma directos a la muñeca, le