2 de julio de 2020

Este jueves, relato: Escaleras



Escalera vital.
Mi vida es como una escalera multicolor. Me descubro iniciando la subida, los colores están allí y yo tengo que cubrirlos. Miro el primero, amarillo, y me veo espontáneamente perfilado, aparentemente hermético, dentro y fuera.
Subo.
El segundo es verde, accesible, como yo, pero vacío para recibir y alojar en su superficie todo lo que venga: ordenando, racionalizando, apurando los milímetros que adivino y piso.
Subo.
El tercero, rojo; acerco mi vida y vuelco emociones, traiciones, gente y más gente que empuja por adelantarme en la subida. Detrás, manos amigas me sustentan.
Subo.
El cuarto es naranja, al pisarlo se me descuelgan kilos de textos, enciclopedias, libretas, lápices y gomas de borrar; billetes de avión arrugados por el miedo, la factura húmeda de un hotel de Venecia, camisetas con el número 3 y cientos de zapatillas rotas por su continuo encuentro con la tierra.
Subo.
El siguiente es violeta; allá va mi colección de vinilos, mis cartas y las de ellas, fotos de los días de lluvia bajo un radiante sol; collares y mechones.
Subo.
Al final una sombra alargada me observa desde lo alto, me mira de reojo, me obliga a que todo encaje: lo convexo con lo cóncavo, dentro de una V una A boca abajo y, antes de que suba del todo, me arroja millones de mariposas que inundan la totalidad de los peldaños hasta conseguir una tercera dimensión, justo al final de la escalera.
Y llego al último escalón que es azul.


24 de junio de 2020

Este jueves, relato: Mudanzas


Primero fue la mudanza.
Que si esto no porque esta viejo y esto tampoco porque es de tu madre y esto menos todavía porque está pasado de moda y aquello ni se te ocurra porque a saber cómo ha llegado hasta aquí y esto otro ni pensarlo porque… ¡La mudanza! ¿Qué mudanza?, si la mitad de mis cosas se quedaban perdidas, olvidadas, dilapidadas e irrecuperables para siempre.
De esa mudanza o lo que es lo mismo: alevoso atentado o irrespetuoso abuso o irreverente expolio solo quedó el derecho al pataleo más infantil e indefenso que os podáis imaginar. Todo lo suyo cupo, ordenado, en el espacioso contenedor del inmenso camión y lo mío, desordenado, en el irregular y minúsculo capó del coche.
Segundo fueron las obras en la nueva casa. Había costado poco y pensamos que, con algo más de inversión, nosotros mismos podríamos restaurarla. Sólo había que sanear algunos tabiques, actualizar la fontanería, barnizar las puertas y ventanas, y que con una mano de pintura, quedaría como nueva —o casi—.
Me gustaría decir que todo salió bien, pero lo cierto es que esa disfrazada sencilla reforma se convirtió en la más terrible de nuestras pesadillas. Según lo acordado, solo «un lavado de cara» sería suficiente: Un poco de maquillaje y sus arrugas desaparecen para siempre; un poco de vida y su descalcificado esqueleto brillaría como el más luminoso de los neones.
Todavía me pregunto qué salió mal.
Solamente teníamos que elegir entre el blanco crudo y el blanco nieve para las paredes, el nogal o el roble para las puertas, el aluminio natural o el lacado crema para los ventanales, el parquet pegado o flotante para el suelo, el algodón o el tergal para las cortinas, la lámpara de araña o los focos empotrados para el comedor, el mármol o el gres para la cocina, las puertas correderas o practicables para los armarios y que estos fueran empotrados o no...
Me gustaría decir que todo salió bien, pero lo cierto es que hoy a las 12’00h. firmamos nuestro divorcio.



11 de junio de 2020

Este jueves, relato: Cuentos de botica, boticarios y demás sanitarios.



Hoy he estado en el hospital; ese al que acudimos muy a pesar nuestro acompañando a alguno de nuestros hijos con una brecha en la cabeza o siendo acompañados por alguno de ellos porque se nos ha disparado la tensión; ese en el que esperas de pie horas y horas hasta que pillas una silla donde pasar más horas y horas esperando con ansiedad creciente un estridente altavoz que me señale con el dedo diciéndome: «¡AC327, pase por la consulta 22!»; ese en el que sabes a qué hora entras, pero no a qué hora saldrás: Expedientado, visitado, radiografiado, diagnosticado, medicado y recetado en menos de quince minutos —Que podrían haber sido menos, si las enfermeras hubiesen dejado los detalles de la próxima boda de la Presley para otro día—.  
Sin embargo y en otro orden de cosas no es tan mala la soledad del paciente visitador de Hospital cuando las cosas suceden en silencio apacible, con celeridad y eficacia y sobre todo cuando te aseguran que lo tuyo, no es un desplazamiento de la prótesis de la cadera, —como temías— sino una ligera impotencia funcional, que se soluciona con unos días de reposo. Pero esta vez no ha sido el caso. Había recibido un SMS por el que se me citaba en el servicio de Urología. El contenido del mensaje entre otras ambigüedades decía: «Pauta de preparación cistoscópica y recogida de orina para Citología» seguido de un texto farragoso en letra pequeña que hablaba de laboratorios, biopsias, anatomía patológica y antibióticos.
He entrado en la consulta muerto de miedo y, siendo consecuente con los conocimientos que en las últimas horas he obtenido de la Wikipedia, me he bajado los pantalones. Desnudo, de cintura a los pies, la enfermera —que ya había casado a la Presley— me ha gritado:
—¡Pero qué hace Ud. buen hombre!
—Pues yo... no sé... ya estoy preparado, ¿no?
—¿Preparado...? para mear en este frasquito no hace falta tanto exhibicionismo. Anda, cariño, llénalo en el baño, déjalo en el mostrador y pide hora para conocer el resultado... ¡Eso es todo!
Aliviado he salido de la consulta. Contento como un niño con zapatos nuevos, pero avergonzado, acordándome de la madre del administrativo que redacta los SMS.

27 de mayo de 2020

Cuentos de andar por casa: ¡Cumpleaños!



¡Cumpleaños!
Estaba yo viendo detenidamente al gusano buscándole el agujero por todos los lados, pero no había forma. Primero le apliqué la teoría esa de las cuerdas y nada, que si quieres arroz Catalina, luego le puse a ambos lados, equidistantes, dos globos terráqueos y por más que intentaba mantener el paralelismo entre ellos, él se movía convirtiéndolo en un espacio asimétrico divergente.
Desesperado por lo infructuoso de mi intento, pensé que necesitaría una ayuda especial, alguien que por la pureza de su alma, la limpieza de su mente y la grandeza de su corazón, entendiese de igual a igual el sublime y misterioso mensaje que hasta ese momento parecía recibir de un simple gusano de seda. Cabizbajo y meditabundo me sorprendió mi nieto Alejandro que con la mirada se interesó por mi abstracción y al que intente explicar, como se le explican las cosas a un niño, el motivo de mi profunda preocupación.
Habría asumido, como era lógico, que él no hubiera entendido absolutamente nada. Sin embargo alargó su mano de niño y posó su índice sobre el sedoso cuerpo de la larva y esta, en un suave movimiento, se recogió sobre si misma formando un perfecto círculo.
¡Dios mío! Ahí estaba el agujero que yo andaba buscando.
A continuación extrajo de la ventilada caja de zapatos que estaba a rebosar de hojas de morera un capullo que eclosionó al instante arrastrando un largo filamento de seda producido por la oruga en plena metamorfosis. La mariposa voló trazando serpenteantes viajes alrededor del joven cuerpo de Alejandro, uniendo en el espacio dos universos de luces paralelas, lo que fue mi segunda revelación. 
Le pregunté a Alejandro, como había hecho aquello, si sólo era un niño y me contestó: «No yayo, ¡no!, ya no soy un niño, hoy cumplo 12».
Feliz cumpleaños, Alejandro, te quiero más que a nada en este mundo.

20 de mayo de 2020

Este jueves, relato: Suspiros en blanco y negro.


Suspiros en blanco y negro [Margaritas*]

Me quiere, no me quiere…
La conozco, la tanteo, me gusta, me aproximo; primero con timidez y luego con determinación. No hay reparos, un beso descubierto es consustancial con la situación. Las manos que primero se rozan, acaban juntas y apretadas, no importa dónde.
Me quiere, no me quiere…
Las caricias trascienden a la claridad del día y los besos se consumen a plena luz del sol o a plena sombra de la luna. Los abrazos se dan y se reciben bajo la lluvia, bajo un puente o bajo el cielo abierto. El vértigo, el miedo, la presión tienen demasiada presencia. Una vida buscando algo tan sublime, tan apasionante y cuando la fortuna te lo regala, lo tenemos que esconder. Quiero hablar de ti, necesito hablar de ti. Deseo contar lo que siento cuando te leo, cuando me lees.
Me quiere, no me quiere…
Me gustaría exteriorizar mi felicidad después de compartir miradas. Se nota tu luz en mis ojos, en mi sonrisa. Presumir de la amistad, ponerle cara a tu cariño y nombre al mío. Compartir un café mirándonos a los ojos, sin que nos avergoncemos por una culpa mal entendida.
Me quiere, no me quiere…
Me repito frente al espejo con esta flor en mis manos que descuenta pétalos entre mis dedos. El suelo crece tal y como las lígulas, desprendidas, caen amontonándose sobre las baldosas de gres.
Salgo a caminar esperando la mañana. Llego hasta el campo y me siento en la hierba, mientras los vencejos me observaban con desconfianza hasta que comprenden mi total indefensión. Absorto, lejano, perdido en el amanecer, la descubro. Adivino una música serena por la paz de su oscilación. La persigo con la mirada. Me gustaría acompañarla, tomarla de la mano e invitarla a caminar por el prado. Pero la duda me paraliza:
Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere... 



19 de mayo de 2020

Cuentos de andar por casa: Reflexiones de un emprendedor.


Reflexiones de un Emprendedor.
Mi trabajo consiste en fabricar colores.
Los lunes hago amarillos; se venden bien, no lo que me gustaría, pero para empezar la semana no está mal. Por la noche siempre recojo sobrantes que están en buen estado y los guardo para el miércoles. 
Los martes, azules. De este a veces repito, siempre hay algún cliente que me sorprende con la cantidad. No es problema, habitualmente siempre hago de más.
El miércoles, verde, que consigo mezclando los amarillos y azules sobrantes de los dos días anteriores. Es el más rentable y el más variable… a veces es más azul y otras más amarillo. Todavía no le he cogido el tranquillo a la mezcla.
Los jueves —además de escribir— fabrico rojos, me lo quitan de las manos. En este país casi todo se pinta de rojo, hasta el asta del toro negro.
Los viernes, morados, en todas sus gamas: lilas, fucsias, violetas, índigos. Ante la proximidad del fin de semana el personal está al borde del colapso y un poco de equilibrio no viene mal.
El sábado centro toda mi producción en el blanco. Con el domingo por delante y hasta el siguiente lunes se alivia el desespero y se aclaran las emociones.
Los domingos suelo descansar, pero con esto del covid-19, el negro está, lamentablemente, superando todas las previsiones. Desbordado me crezco en la adversidad y quedo a la espera de nuevos domingos de pleno alivio. 

14 de mayo de 2020

Este jueves, relato: Dime de qué película hablo.




La música…, siempre la música. 
Las notas de Jarré sobre la ciudad nevada resbalaban sobre sus oídos. Sucedió a algo más de doscientos kilómetros de allí, en una pequeña ciudad inventada por un escritor y, a pocos kilómetros de esa pequeña ciudad, una casa de campo con todo el lujo que una familia adinerada y noble merecía. Una casa lujosa en medio de la nada, con jardines y bosques y algún que otro lobo aullando por la noche.
Fue una mañana de un frío invierno cuando la casa, abandonada por la guerra, sintió de nuevo el calor humano de unos precipitados e imprevistos visitantes. Anónimos furtivos de la revolución. En mitad de la madrugada, ella dormía al calor de un hilo de madera ardiendo y él, sobre la pulida y helada mesa, desgarraba alma y hojas en busca del poema que le devolviese a la vida. Varykino fue el último lugar que los vio juntos. El último que los vio felices. Luego, la muerte.
Años después, desde el tranvía, la vio caminando, acelerada, ausente, casi perdida por la nieve o la distancia o tal vez por su destino. De los dos él era el anciano. Atropellado bajó del tranvía y corrió en su busca; trató de coger aire entreabriendo la boca, pero solo salió un silbido sostenido en su garganta; ella se adelantó unos metros, de espaldas, deprisa en su recuerdo. Aceleró el paso como huyendo de algo o alguien; perdida para siempre. El pie de él cedió y, vencido, cayó sobre la acera. 
Con los ojos cerrados para siempre la vió en la primera página de su poemario: «Лара».

El resto de los relato-adivinanzas, aquí.



9 de mayo de 2020

Este jueves, relato: Dime de qué película hablo. Participantes


Este próximo jueves, 14 de mayo, vamos a escribir de cine, pero con algunas condiciones: Elegiremos una película que nos haya apasionado y, con esa misma pasión, relataremos detalles de la misma [nos ha hecho llorar, reír, sentir miedo, fe, fantasía, inspiración, rabia, envidia]. En ningún momento diremos el titulo ni los nombres de los protagonistas, staff incluido. Tampoco delataremos su título con fotografías [utilizad la que yo he subido]. Hablad de ella desde el corazón, con sentimientos [positivos o negativos]. Al comentar los relatos de terceros deberemos, por un lado, adivinar de qué película se trata y, por otro, valorar la imaginación narrativa utilizada para evidenciar con el mínimo de detalles posibles su título.

Os pongo un ejemplo:

«El protagonista muere con Mascagni. Voy a escribir sobre gritos. Gritos cinematográficos. Me gustaría escenificar una extensa cantidad de situaciones sobre el grito en el cine. Un dossier completo sobre los objetivos y logros de tal aterradora manifestación casi siempre con garganta de mujer. Contar decenas de sonidos con reproducciones onomatopéyicas, que hundiría en la butaca al más valiente. Un relato documentado gráficamente sobre las diferentes posiciones de la boca, los dientes, las manos. La amplia gama de colores de los ojos iluminados por la fatal visión del peligro inminente e irreversible. Pero sólo en Palermo revivo mi grito preferido. El de él. Dos disparos, el segundo impacta en el pecho de Mary, dándole muerte. El largometraje finaliza con un viejo en la más completa soledad, sentado en una silla en el jardín donde cae muerto sobre la hojarasca del rancio y viejo edén».

Recordad, menos de 350 palabras y comunicarme, a partir del miércoles, 13 de mayo, vuestra participación en «mis comentarios». [http://alfredo-laplazadeldiamante.blogspot.com/]

Foto de cabecera: Gartzi Deustu

8 de mayo de 2020

Cuentos de andar por casa: Después de esto... la felicidad



Después de esto... la felicidad

De nuevo en este ordenador. 
Una vez quitado el polvo, blanqueadas las teclas y eliminados miles de Spam, empieza una nueva época. 
No ha sido un buen invierno: largo, inquietante, incómodo, austero y con ausencias, menos mal que ha llegado mi nieto y lo ha puesto todo en su sitio, bueno, mejor dicho todo fuera de su sitio.
Las caras agrias y lechosas se volvieron dulces y sonrosadas, la mirada, que extraviada no encontraba el mar, se llenó de azules y verdes, los músculos entumecidos y vagos recuperaron la elasticidad al agacharse y volverse a agachar, la ropa seria e impoluta se llenó de alegres manchas de oscuro chocolate y rojo piruleta, las visitas a los vecinos, hasta el momento marginados, se multiplicaron, y conocimos al gatito marrón (que era gris), al perro grannnnnnde y a las gaviotas que se comían las galletas y alguna que otra paloma. Dejó de sonar Puccini, y el aire se lleno de Brujitos de Gulugús, Epis y Blases y el Don Diablo de Parchís. 
En mi cabeza todavía resuenan tal cual auras esparcidas frases que me persiguen como estas: «yayo, una "mazzz"» o «la "úrrrtima", yayo» y así una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez...   ¿O quizás todo es un sueño?



4 de mayo de 2020

Cuentos de andar por casa: El bosque animalado



El Bosque Animalado.
A las cinco de la mañana, El Bosque abre sus puertas. Nadie sale y sin embargo, un ganado de variopintos seres motorizados espera impaciente para entrar. Dentro, las acacias se desperezan alargando sus ramas paralelas a la tierra roja. Las cebras recogen sus paletas escurriendo y limpiando los pinceles del blanco y negro que quedó después de su aseo diario. En un claro, al descubierto las gacelas arriesgan hoy, igual que ayer, su vida ante el imprevisto e inevitable ataque mortal del depredador de turno. Simba vestido de lentejuelas doradas que caen en chorro por ambos lados de su cuello, despierta con cariñosos bocados a los cachorros que seguro hoy, aprenden una cosa más. El bosque, después de las grandes lluvias rebosa de agua cristalina que dibuja con nitidez el cuerpo de los hipopótamos sumergidos en sus poco profundas orillas. Todo está preparado para la Gran Fiesta, la de cada día.
Los primeros Toyota hacen su entrada siguiendo los indicadores de un circuito que no van a respetar.
La vida de hoy, ausente mañana, quedará impresa en una interminable lista de tarjetas de no sé cuántas gigas, pero que acompañarán siempre al portador de un boleto de entrada al Bosque Animalado.

Foto: José Luis Gómez


1 de mayo de 2020

Cuentos de andar por casa: La otra manita



La otra manita.
La otra, solo lo es... a veces.
Como la vida misma, una y otra, otra y una lo son, depende con el cristal con el que las miras: «Palmas palmitas, higos y castañitas».
La una me da el tiempo, la otra me lo mide, son las 2:00 en la cara de la muñeca, son las 2:00 en el dorso de mis gemelos: «Almendras y turrón, ¡que rica la colección!»
La otra, me avisa, me informa y se ausenta entre las sábanas, la una la destapa, la señala y le numera: «Este fue a por leña, este la cortó, este fue a por huevos y este los frio».
A la otra le falta uno, la una lo busca y no lo encuentra... A ver, ¿en el palmar...? no puede haberse perdido, ¡no es Navidad!  Ya recuerdo: «Se fue al teatro, y no me quedan más que cuatro».
Se abrazan, se funden, se engranan. Al frente los más vulgares, en la cola los benjamines, al medio el que palpita más alto: «Veo, veo, ¿Qué ves? una cosita, sonrosadita».
Con una me despido, ahora queda un poco más lejos; con la otra oteo el horizonte, nota mi calor... ¡37º y unas décimas!: «Cinco lobitos, tiene la loba, cinco lobitos detrás de la escoba».

Foto: Gustavo Pozo


28 de abril de 2020

Cuentos de andar por casa: Testamento en diez legados.



Testamento en diez legados.
Dijo que se llamaba Tomás, pero qué importa, cualquiera en sus circunstancias habría mentido. Su pobreza, sí que era real.
Mal vestía con harapos sucios que en su día fueron un traje a medida; su edad, indefinida, era la de un viejo que peinaba canas en una casposa y enredada melena blanca.
Jamás fue prudente y ahora el frío y la calle, amenazaban con quitarle la vida una madrugada cualquiera.  Absorto, escribía con lápiz corto en las partes no impresas de un diario de izquierdas:
—Por si acaso y para que no hayan dudas ni disputas, dejo mis pertenencias a:
—El carro de la compra que cogí prestado del súper y que desde hace tiempo es a la vez mi armario y despensa se lo dejo a D. Juan Roig, dueño de Mercadona… al rey, lo que es del rey.
—A Pilarín, la rubia de bote de la peluquería de enfrente, le dejo esta mata de pelo rebelde que una vez fue rubio de verdad, ella ya sabrá como teñirlo.
—Estos 2’25 euros que guardo, son para el director del Banco Popular de aquí al lado. Que me abra una libreta, un plan o lo que sea, todo menos jugar en bolsa, me preocuparía perderlos.
—A María, que me baja leche caliente y galletas con su nombre y que es mayor que yo, pero se conserva mejor, (bendita familia) le dejo la cantinela que tanto le gusta escucharme cada mañana. Ahora le puedo confesar que es “te quiero, te quiero” de Nino Bravo en una versión ininteligible.
—Al Generalísimo, esté donde esté, (espero, que en los infiernos) le dejo estos trozos de metralla, que me han tenido con el cuerpo roto desde los 16 años, hasta los que soñé, con ser un gran deportista.
—A Micaela, la niña del portal 22, que nunca me ha tenido miedo, le dejo el mío, para que lo conozca y nunca lo repita… al final te das cuenta, de que no merece la pena.  
—A Julio, el ciego de la esquina, le dejo este libro sin tapas, sólo para que lo abrace entre sus manos, son poemas de Martí i Pol. ¡Sí, ya sé que está ciego, pero qué más da, tampoco sabe catalán!
—A Alfredo, ese señor serio que siempre me mira a los ojos, que no sé de dónde viene ni a dónde va, pero que comparte conmigo ese instante de segundos cómplices, le dejo esta última mirada. Le decís que con ella, me despido de todo lo bueno que he vivido en esta vida, que algo ha habido.
Tomás, no pudo llegar a los diez legados. El frío de esa madrugada de invierno se lo llevó para siempre.


27 de abril de 2020

Cuentos de andar por casa: Miguel y Guillermo; Guillermo y Miguel



La noche intimidaba, llovía y los parroquianos se refugiaban entre aquellas gruesas paredes que protegían el interior de la venta, más conocida como de El Toboso. Las jarras del mosto manchego corrían de mesa en mesa, en especial en aquella del fondo donde dos grotescas sombras competían ironizando sobre los pormenores de sus recuerdos. Ebrios de vino y pasión agudizaban sus ingenios para desmontar, el uno al otro, provocando cómplices risotadas entre la cada vez más divertida concurrencia.
Miguel, en los huesos, arrastraba las palabras, gruesas e impuestas por los efectos del rojo caldo, que en ese momento, avanzada la madrugada, empezaba a nublar sus interminables parrafadas.
Guillermo, espectro algo menos consumido, sutil y agudo, respondía con lengua trabada, inmerso en una espesa borrachera, que había paralizado los escasos músculos de su cuerpo, excepto los del decir:
«Tu prosa, Miguel, es cansina y vulgar, ¿qué otra cosa se puede esperar de una historia de caballerías y algún burro, alrededor de un hidalgo venido a menos que, ausente de cordura, se cree un caballero andante?
—¿Cómo te atreves, Guillermo? si de tu cursi pluma sólo emanan tontas reflexiones sobre lo trascendente de la vida, una vida que seguramente no has vivido y en la que sólo inventas por encargo.
—¿Tontas...? llamas tontas a esas sublimes vidas, capaces de expresar en un trabajadísimo y estilizado lenguaje las más bellas e inauditas acciones. ¿Qué me dices de tu Alonso? Chocante, desusado y desatado en sinrazones, cómico hasta el ridículo.
—Estás borracho y desvarías. ¿Qué mayor realismo que esta parodia fantástica? Construida con prosa y versos, rica en géneros trágicos y cómicos, con discursos fabulados que le dan ese carácter polifónico.
--La única polifonía que te intuyo, mi querido sesudo literato, es la de una verborrea y burla de un esperpéntico galán venido a menos, que se vio denostado por la dama de sus fantasías; obsérvese en cambio la pasión correspondida de mis jóvenes Romeo y Julieta.
—¡Ventero! Ni una jarra más a este advenedizo autor de sainetes de tres al cuarto, que ni siquiera los propios ingleses pudieron entender. Cuánta osadía, comparar el amor de mi hidalgo hacia su enamorada, con una ridícula locura destinada al fracaso.
El ventero, que conocía de sobras las interminables reyertas literarias de aquellos dos resucitados, dio por acabado el encono verbal de esa madrugada y comprobado que el tiempo había escampado, invitó a todos a abandonar el mesón.
Abrazados, apoyándose hueso con hueso y tambaleándose a cada paso, Miguel y Guillermo intentaron adivinar el camino de regreso al cementerio, al tiempo que gritaban al cielo:
—¡Astuuuurias, patria queriiiidaaa!...  

23 de abril de 2020

Los jueves, relato: Publicación de un libro. Datos esenciales.



Género: Novela [Ciencia ficción]
Título original: «Marcello, 100 años después».
Tiempo y lugar: Roma, año 2120. 100 años pos-COVID-19.
Tema principal: Las máquinas, testigos silenciosos de la vida de la no vida. La importancia histórica de las cámaras web. El mundo vaciado frente a su propia historia audiovisual.
Punto de vista: El del narrador omnisciente ceñido a la tercera persona limitada; es decir que lo conoce todo de un solo personaje: el protagonista, a través del cual recibimos información del resto de secundarios así como el desarrollo de la historia.
Sinopsis: Marcello, protagonista de La Dolce Vita vuelve, 100 años después, como único humano superviviente a la Pandemia que en 2020 asoló la Tierra. No puede imaginar que su escena con Sylvia en la película de Federico Fellini, sacándola en brazos de La Fontana de Trevi, haya sido grabada por una cámara web situada en lo alto de una azotea próxima y que, sin explicación aparente, ha seguido grabando desde entonces. 
Dedicatoria: A Federico Fellini, Marcello Mastroianni, Anita Ekberg, Manuel Alexandre y China Zorrilla.
Estructura: La novela está dividida en tres partes: La primera, el renacimiento de Marcello en una pequeña, limitada y protegida zona de la tierra ocupada por máquinas siliconóides. La segunda, el viaje homérico en busca de sus raíces. La tercera, su llegada a Roma descubriendo la cámara web y todos los pormenores de la película, su época y lo sucedido en la Fontana de Trevi desde 1960 [año de su rodaje] a 2020. 
A propósito de: «Marcello, 100 años después». Esta novela, como cualquier otra, es hija de su tiempo. Sitúa su acción en un futuro indeterminado. Distópica en todo su contenido; el protagonista viaja desde la nada al encuentro de su pasado vital.     
Prólogo: Dejo a gusto del lector que quiera, le apetezca, necesite, imagine, que me regale un prólogo en tres o cuatro líneas. Gracias de antemano.

Prólogo de CampirelaCien años después, la censura la ocupan máquinas que desvirtúan lo esencial del amor y la pasión. Los besos y caricias de los personajes no son lo mismo 100 años después; la frialdad se apodera de la tierra, pero algo en el protagonista le hace sentir que puede volver a revivir todo aquello que vivió un siglo atrás.. para ello deberán comprar el libro y ver las sorpresas que le esperan a Marcello...

22 de abril de 2020

Cuentos de andar por casa: ¡Felizmente, José!



¡Felizmente, José!

«Valencia, uno de noviembre de 2014.
Querido José: Hace muchos años que no sé de ti… ¡Me casé! Espero que al recibo de ésta te encuentres bien, yo estoy en la gloria.
Te cuento... Tengo nueve hijos y estoy esperando otro para mayo.
María José es la mayor, se casó el pasado año, la veo poco, casi lo mismo que cuando estaba soltera, siempre ha sido "culo de mal asiento".
Rubén es el segundo, tiene veintidós, todo un carácter como su padre y, como su padre, se toma todos los privilegios.
Marta es la siguiente, vive con un poeta melenudo desde hace años, dice que no traerá a este asqueroso mundo ningún hijo; espero que no se lo tome en serio, aunque yo creo que es ese Bécquer de pacotilla el que no vale.
Julia y Pilar llegaron a la vez, gemelas para todo, el mismo estilo, las mismas ambiciones, los mismos errores y el doble de disgustos.
Elías va a continuación, se cree único porque ha escrito un libro, como si no supiera que para mí, todos ellos son un interminable libro de aventuras.
Benjamín es el séptimo, le llamamos así, convencidos de que después de él, no vendrían más. Ahora le llamamos Ben, para minimizar en lo posible el exceso de confianza, aún le cuesta asumir el trono que tuvo que ceder.
Le sigue Luisa que toma la comunión la próxima primavera, llevará el traje de Marta, el misal de Ben, la coronita de Pilar, o de Julia, y la cruz de su abuela que seguimos guardando para lo que venga.
Baby es el último, de momento, aprende rápido, es un juguete para el resto y él lo sabe, se deja querer, todavía no pregunta, pero me temo que con él las respuestas van a ser más complicadas.

Tu amiga de siempre, María»

«Roma, uno de diciembre de 2014
Querida María:
Yo sí que estoy en la gloria, no te puedes imaginar lo que celebro no haber podido acudir aquella tarde a la cita y mandarte a mi primo Luis en mi lugar.
Eternamente feliz, José».


20 de abril de 2020

Cuentos de andar por casa: Bichos de vida


Los bichos

Los bichos trasiegan perdidos en su corral encerrados esperando el pistoletazo de salida, se mueven sin orden, inquietos e intuyendo, desesperados, el momento en el que se inicie la carrera a la gloria. 
Ajenos al roce de cuerpos que se está consumando en el exterior y expectantes ante una primera y única experiencia. Corredores de fondo, entrenados para la alta competición se preparan para un destino extremo. De irremediable muerte o vida para la vida. 
Un maratón, con más de doscientos millones de participantes y medalla sólo para el vencedor, cuya soledad compartida le aísla del resto con el único sueño de la supervivencia.
Suena el chupinazo, la cabeza y la cola, diseñadas ambas tanto para la velocidad como para la resistencia, escupen toda su energía biológica en un primer salto hacia las posiciones más ventajosas en un circuito lleno de trampas. 
El recorrido es corto: menos de 20 centímetros. Muchos comienzan a quedarse rezagados, otros dan vueltas y vueltas sin rumbo aparente, tan sólo unos pocos huelen la victoria.
En la recta de meta se nada mejor, los primeros perciben el cambio de la temperatura, el ácido del ambiente se neutraliza y una sutil succión facilita el sprint. Se vuelven hiperactivos y aumentan la velocidad en los últimos centímetros, el resto exhaustos, perecen sin capacidad para continuar.
Sólo uno, el primero, rompe la cinta de llegada y a mordiscos se abre paso fecundando al óvulo que a partir de ese momento formará parte de un nuevo ser, ajeno, a la dramática carrera por la supervivencia que lo originó.


18 de abril de 2020

Cuentos de andar por casa: El COVID-19



Queridas Jane, Sukie y Alexandra: 

Esta carta es una humilde pero necesaria petición de ayuda. Las cosas por este viejo mundo no van bien..., el COVID-19, ya sabéis. 
El mercado ha devaluado ungüentos y pócimas y todo ha perdido eficacia para nuestros conjuros. El otro día sin ir más lejos receté una mezcla de belladona, mandrágora y ala de mariposa para garantizar el nacimiento de una niña que completaría una «parejita» y la futura mamá me ha denunciado porque tiene quintillizos. 
La cicuta y los tóxicos están por las nubes, y ya no se puede envenenar a nadie como es debido. 
El broncista que me hacía los calderos de cobre, ha cerrado y con la Tupperware, como podéis suponer, no es lo mismo.
Los filtros amorosos escasean, bueno... los filtros propiamente dichos no, porque siempre nos quedan los calcetines, pero el amor, ¡Ay el amor! Si os dijera que lo más parecido que encuentro es algún cariñito que otro, y claro… ¡Ni parecido!
La escoba la tengo para cambiar —es la de la bisabuela, os acordáis...— pero no encuentro el momento. Ahora las venden «on line» con recogedor incluido, pero es demasiada inversión para usar sólo la mitad. Lo que hago es que en vez de volar por las noches cerradas y tenebrosas, cojo el metro que lo tengo cerca de casa, pero no me parece serio.
Yo supongo que ahí, en Eastwick, que dicho sea de paso sospecho que todo esto lo empezasteis vosotras, estaréis recuperados y todo habrá vuelto a la normalidad. Echo de menos los afrodisíacos de ostras vírgenes sobre lecho de aromas de coco canoso que me mandabais por Halloween, y supongo que las caretas alucinógenas es lo único que os queda, pues he oído que veis a vuestro presidente conciliador y respetuoso con la prensa...
¡Esa «María» sí que es buena!
Espero una respuesta inmediata, la situación es grave, mientras os escribo oigo hablar de recesión... me veo inevitablemente abocada a un ERTE de lechuzas, murciélagos, alondras, y lagartos... el gato, de momento no, es lo único que me queda de mi difunto marido.

Un abrazo, vuestra prima, Tábatha.