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19 de marzo de 2009

21 de febrero de 2008

Las Fallas y yo,


Mi relación con el mundo de las Fallas ha sido especialmente difícil, con toda seguridad un incidente sucedido siendo niño, en el que los falleros de mi barrio, pusieron de manifiesto lo tremendamente cruel, que una decisión clasista e irrelevante, puede con el tiempo trascender en la que sería a partir de ese momento una continua y alimentada disposición adversa hacia las Fallas y su entorno.

Nunca le he vuelto la espalda a los acontecimientos Falleros, pues si bien es cierto que a pesar del torpe comportamiento de aquellos vanidosos y falsos falleros, siempre he sentido con lógica y evidente emoción la esencia y los detalles de una Fiesta, que aunque a veces no lo parezca, pertenece a todos aquellos que son capaces de percibir con un mínimo de sensibilidad, (que no-sensiblería) sus autenticas señas de identidad, y que obviamente no son, ni las diferencias sociales, económicas o culturales, ni tampoco los excesivos y empalagosos adornos de reconocimiento a una Tierra y a un Mar que si hablasen por si mismos, exigirían un trato diferente.

Sin poder evitar esta obsesión inconsciente que tengo de racionalizar mi percepción de las cosas, me atrevería a dar una interpretación casi esquemática de este acontecer histórico, “El Barrio que ya existía, invento la Falla, ésta en su ejercicio, auto-inventó el Fallero, y éste, hombre al fin y al cabo, en una aplicación mal entendida de responsabilidad global se distanció del barrio”

Muchos años después, algunas Sociedades falleras se han convertido en agresivas y competitivas empresas, con Presidentes ejecutivos e inaccesibles comisiones, que ha veces, ni siquiera conocen el Barrio al que representan, y cuya única ocupación y preocupación es, en una loca y desmedida carrera de despropósitos, posicionar su monumento, y solo a golpe de talonario, en el primer lugar de una clasificación por ellos mismos creada.



Afortunadamente existe otro Mundo Fallero, nuevas y jóvenes generaciones, las de aquellos que condicionan su intervención a unas Fiestas mas participativas, las de aquellos que generan una conciencia colectiva, y en el ejercicio de un equilibrado proyecto económico y cultural, proporcionan y devuelven al Barrio, algo de lo que éste les adelantó un día no muy lejano,

Su Vida y la de Sus Personajes.Con gran satisfacción, y por que no decirlo, con cierto miedo y rubor he recibido en varias ocasiones, la petición de entrañables y próximos amigos, de asumir el papel de Mantenedor en el Acto de la Presentación como Fallera Mayor de alguna de sus hijas. Mi pequeña aportación, arriesgada, por posiblemente mal entendida, pero fresca, breve y sobre todo consecuente con la personalidad de la homenajeada, a consistido en darle a esta locución tan particular, un contenido diferente, ideas y textos menos encasillados que los habituales, generalmente amanerados, rancios y sin personalizar, los que con toda seguridad, y tan solo cambiando los nombres se utilizan Presentación tras Presentación y año tras año, indistintamente de quien sea la Protagonista, con adornos gratuitos y excesivos que llenan interminables minutos de tedio entre de los asistentes.

La oportunidad que me han dado: Laura Fornés, Pilar Viçent y Fernando Ferrer, Amparo Díaz, María Alemany, Julia Viçent y Fernando Alemany, me ha permitido con su beneplácito y complicidad, y con mis propios criterios, recuperarme de una herida que latía sedimentada en el fondo de mis recuerdos.

Con un cariñoso recuerdo para todos ellos me he permitido reproducir el Discurso de Mantenedor, que le ofrecí a María Alemany, la tarde de su Presentación como Fallera Mayor Infantil.
Maria tenía 9 años:



Aquella tarde, las calles próximas a la falla, estaban especialmente iluminadas, en sus balcones ondeaban banderas y guirnaldas.

Los vecinos y familiares, se agrupaban en multitud para presenciar, el que iba a ser, uno de los más atractivos pasacalles de la semana fallera.
La comisión infantil de la falla “Periodista Azzati-San Vicente” empezaba una maravillosa e inolvidable cabalgata de disfraces.

Todos los niños y niñas revoloteaban buscando su lugar en las filas, reagrupándose según convenía, para representar, los personajes de cada cuento.

En primer lugar y abriendo la cabalgata desfilaba “Spiderman”, que llevaba el estandarte de la comisión, a su lado “Blancanieves”, que estaba más bella y radiante que nunca, iba acompañada por sus siete inseparables “enanitos”, “Pedro Picapiedra, Pablo, Vilma y Betti” conducían un piedro-coche descapotable, “Peter Pan” y “Campanilla”, corrían de un lado a otro esquivando los zarpazos del malvado “Capitán Garfio”, que no podía evitar ser comido una y otra vez por el incansable “cocodrilo”.


En un tren con muchos vagones multicolores y conducido por una máquina de carbón, disfrazados de maquinistas estaban “Mickei Mouse” y “Pluto”.

Todos, absolutamente todos los personajes de nuestros cuentos y dibujos animados formaban parte de esta maravillosa cabalgata, pero todos ellos no eran, sino el prólogo de un final apoteósico.

De pronto, apareció entre una tupida lluvia de serpentinas y confetis, una inmensa "calabaza", que se movía con lentitud empujada por cientos de ratones plateados,
En medio de los aplausos, del interior del último vagón salió una resplandeciente hada, que no era otra que “Silvia Aparisi”, por un segundo pasaron por su memoria, todos los recuerdos de su reciente reinado como fallera mayor infantil.

Recordó con ansiedad, los nervios el día de su elección, se recreó en los momentos de la inolvidable fiesta de su presentación, la agotadora actividad durante el ejercicio, asistiendo en representación de su comisión, a múltiples y diversos actos y la irrepetible noche en la que su falla se elevo al cielo entre llamas y lágrimas.

“Silvia”, ya sabe de las emociones acumuladas y de los agradables recuerdos que le acompañarán a partir de ahora, y que volverán a su memoria, cuando quiera recordar como fue en su vida, esta apasionante experiencia.
y ahora en sus manos, con su magia, tenia que obrar el milagro y materializar el instante de su relevo, ...avanzó lenta y majestuosa hacia la calabaza y los ratones, y poso sobre ellos su varita mágica.

De pronto, la tarde noche se lleno de miles de estrellas, el cielo se ilumino y el silencio se hizo música, entre una densa nube de flores y golosinas, la calabaza se convirtió en una maravillosa carroza realizada con maderas y piedras preciosas, los ratones se transformaban, unos en inmaculados caballos blancos que tiraban de la carroza y otros en elegantes y uniformados músicos que amenizaban con alegres marchas.

La capota de seda y marfil que coronaba la carroza, se abrió como se abren las palmeras de los castillos de fuegos artificiales y de su interior surgió la más bella y deslumbrante visión que podíamos imaginar, una hermosa realidad vestida de princesa
“Maria Alemany Viçent”.
Ahora empezaba para Maria su particular y maravillosa cabalgata, un viaje lleno de emociones, de frenética actividad fallera, de compromisos, de muchas alegrías y alguna que otra lágrima.
“Maria,... la Princesa”, saludaba desde lo alto de la carroza, estaba radiante de felicidad, a su alrededor “el Rey León”, cantaba alegres melodías, “el Gato con Botas” vestido elegantemente de paje, le hacia exageradas reverencias, “Bambi” le mordía juguetonamente la cola del traje y el “Pato Donald” le repetía con su peculiar voz lo bonita que estaba.

En ese instante, y ya de noche, en el reloj del ayuntamiento, sonaron diez campanadas, el corazón de “Maria” se aceleró, pero esta vez no tenía motivos para asustarse, aquello no era un cuento, era el más hermoso de los sueños convertido en realidad.
Entonces, se le acerco un pequeño y simpático personajillo disfrazado de “Pocahontas” era su inseparable hermana y amiga, “Sara Alemany” y juntas se acercaron al principio de una larguísima traca.

Los vecinos, familiares, amigos, y la comisión en pleno, se unieron formando un enorme corro alrededor de la “falla”.

De las manos unidas de “Maria, la Princesa” y “Sara, Pocahontas”, salió un destello luminoso que encendió la noche y puso en marcha el más esperado de los castillos. Minutos después, unas lágrimas de tristeza resbalaban por las mejillas de “María”, mezclándose con las cenizas de la que había sido hasta ese momento la falla de su reinado.

Esta mañana, “María” se ha despertado sobresaltada, y al ver tirados por el suelo de su habitación, decenas de cuentos con sus personajes favoritos, ha pensado que toda esta historia, había sido solo un sueño, pero al levantar la vista, junto a la ventana e iluminado por un rayo de sol, estaba el mas bonito traje de fallera mayor infantil que jamás había soñado.
“Maria” hoy, es inmensamente feliz.”