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4 de mayo de 2011

Este jueves, relato. La comida


Menú degustación:
-1/2 Ensalada de gambas y foie
-1/2 Ensalada de angulas
-1/2 Tacos de bacalao
-1/2 Langostinos
-1/2 Lenguado
-1/2 Rape
-1/2 Perdiz
-1/2 Solomillo
- 1  Postre

Llovía a cántaros. La conducción era lenta y la demora en la carretera la hacía más inquietante.
La mesa estaba reservada para las 21'00 horas. Hoy precisamente era el día en el que el restaurante reanudaba su actividad, después de las habituales vacaciones anuales.

-Buenas noches, mi nombre es Alfredo y tengo mesa para las 9'00, quizá nos retrasemos un poco, esta lloviendo y la conducción es muy lenta.
-No se preocupe D. Alfredo, le esperamos.

De Valencia a Zaragoza, habíamos mantenido el horario previsto, pero la circunvalación en la ciudad maña, estuvo lenta y a veces parada.
Una vez en la autovía de Pamplona, intentamos recuperar el promedio perdido, cruzamos la capital navarra con media hora de retraso, y aún nos quedaba lo peor.
A unos kilómetros terminaba la autovía y empezaba la nacional con su incómoda circulación de doble sentido y sus interminables curvas.
Salvamos el puerto de Azpiroz y repostamos en Tolosa, donde nos dimos cuenta de que: ¡Oh dios! Teníamos una rueda pinchada.
Seguía lloviendo.

-Buenas noches, soy Alfredo, lamento comunicarle que nuestro retraso va a ser algo mayor, estamos en camino.
-No se preocupe D. Alfredo, conduzca tranquilo, le esperamos.

Entramos en San Sebastian, acompañados de un pertinaz chirimiri, lo suficiente como para ralentizar la velocidad. Sólo quedaba atravesar la capital donostiarra y cruzar el río Urumea, por el puente de Santa Catalina.

-Buenas noches, soy Alfredo de nuevo, llegamos en unos minutos, buscamos aparcamiento.
-No se moleste D. Alfredo, nosotros aparcamos su coche, esperamos en la puerta con un paraguas.

Eran las 22'30 cuando entramos en el restaurante, el resto de los comensales nos miraban como si estuvieran al  corriente de las peripecias de nuestro accidentado viaje. En el hall se nos acercó un señor a recibirnos, nos saludó, se interesó por nuestro estado de ánimo y después de acompañarnos a nuestra mesa nos dijo:

-Soy Juan Mari, relájense, pónganse cómodos, que después de esos meritorios 600 kilómetros, esta noche, yo elijo por ustedes.