13 de julio de 2017

Este jueves,relato: Estado de consciencia


«Tranquilo, tengo en mis manos tus sueños de esta noche y te aseguro que son inspiradores y reconfortantes. ¡Por fin algo me distancia de la muerte!.
Te cuento...»


...Había nacido para no ser nadie, ni nada. Las diferentes etiquetas con las que el tiempo iba a ilustrar mi cuerpo dejaban bien clara mi identidad: Androide, robot, asesino, autómata, muñeco, extraterrestre, cósmico, ángel, demonio... Todas ellas se superponían unas a otras como las capas de una cebolla y todas, y cada una, me mentían como imágenes deformadas en un espejo convexo.
Con el tiempo —tiempo, que no medía ni sentía—, y como proyecto 4.0  por rastrojo, fui portador de los más variados menesteres. Olía a aceite, a circuito, a memoria, a quemado, a ausencia, a oscuro, olí a rancio el día que, sin saber lo que era, perdí la fe, también la esperanza. Compartí anaquel con otros de igual ruido, color, tamaño y abandono.
En horizontal, descansando sobre la mesa de acero inoxidable, esperaba que la mano experta del ciber-mecánico Andrew llenase mi cabeza de órdenes y mi vientre de mercurio o arena, lo mismo daba —solo era para equilibrar peso y altura—.
Pero ayer, ayer fue diferente. Vi a Andrew colgado de una soga que pendía del techo llenando mi cara de gotas de cera roja. Esa cera me puso en marcha y el botón «Off» parpadeó hasta quedarse permanentemente iluminado. Verde.
Los sueños de Andrew resbalaron por su cuerpo cromado hasta ocupar el mío en sombras. Rojo.
Sueños brillantes y lúcidos y reparadores y trascendentes y compatibles. Sueños que por vitales y cumplidos le llevaron a desaparecer. Por primera vez desde mi alumbramiento me sentí vivo.
La catatonia fue del donante.
La reparación mía.

12 comentarios:

  1. Lo podríamos llevar hacia nosotros que en muchos momentos parecemos robots.

    Hubo una película, Alfredo, no recuerdo el nombre, de un robot milenario o algo así que fue evolucionando, seguro la ubicas, me hiciste recordarla.

    Mi beso

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  2. ¡Hola! Que interesante el planteo de ir llenando de vida y conciencia a algo que no la tiene, me ha parecido una maravilla.

    Creo que la película de la que habla Ame es 'El hombre bicentenario', al menos, me suena por ahí. Ni idea si habrá otra parecida.

    ¡Un abrazo!

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  3. Interesante, me ha gustado mucho, mucho.

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  4. Siempre me parecen muy fiertes los textos donde sale la muerte.
    Un abrazo.

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  5. Inicio de la historia para uno, final del juego para el otro. Contundente relato. Un abrazo

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  6. Lo cierto es que con el tiempo sino están ya en activo hay robots que lograrán tener hasta sentimientos y ese día seguro que no esta lejano , no sé la tecnología avanza muy deprisa y a veces no es para bien , pero es la ciencia.
    Un buen relato .
    Un saludo , feliz semana.

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  7. Una bonita historia, un robot que poco a poco va tomando conciencia de ser humano.
    Un abrazo

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  8. Hola, Alfredo
    Un robot que actúe y piense de la misma manera que lo haría un humano normal podriamos verlo muy pronto. ¿Presentiria algo irreparable y peligroso Andrew que decidió suicidarse?
    Muy buen relato.
    !Un saludo!

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  9. La tragedia del cibe mecánico, su suicidio, paradoja, fue lo que terminó dándole sentido a la existencia del androide.
    No sé si es casual o intencional, Andrew es el nombre del personaje de El hombre bicentenario, la película que menciona Roxana.
    Buen relato para tu propia convocatoria.
    Saludos.

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  10. La muerte del humano dota de humanidad al robot. Me parece una historia bella y muy original. Besos.

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  11. Contundente relato, excelente narrativa Alfredo, pero que muy contundente.
    Besos anfitrión.

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