9 de abril de 2015

Este jueves, relato: El Jardín


(Fragmento de una novela en la que estoy trabajando)

Alex no había llegado a conocer del todo aquella mansión. Se movía en espacios concretos: el salón, el dormitorio, la cocina, y el hall que le llevaba al exterior. Ese inmenso jardín poblado y cuidado hasta la exageración. Las avenidas de rodeno, salvaban los desniveles con traviesas de raíl que lucían su autenticidad, mostrando las heridas sin tapar de sus viejos anclajes. Los grupos de árboles se sucedían en una secuencia que los reagrupaba aleatoriamente. No sucedía lo mismo con las plantas que jugaban ordenadas en parcelas por especies, dibujando círculos y espirales que se perdían en grupos, sólo interrumpidos por las aceras de piedra. 
En una perspectiva a ras de suelo se mezclaban orquídeas con jazmines, adelfas con hortensias y rosas con alegrías. El césped y la tierra, común denominador de tanto color, matizaban los encuentros como si del espacio escénico de un teatro se tratase.
Alex y Silvia lo frecuentaban a menudo, a veces con la podadora y el cubo en la mano, y otras, sólo para pasearlo. Sus caminatas estaban llenas de pausas. Se distraían, absortos en tal cantidad y variedad de color.
Alcanzaron unos bancos de madera listonada, al abrigo de una pérgola cubierta con estructura de madera, del mismo tipo que la de los bancos, y con una espectacular tesela en el centro que simulaba una rosa de los vientos. Se sentaron con la mirada perdida en la tranquilidad de aquel aromático lugar.

-Apetece quedarse en este punto y que sea el día el que te eche.
-Somos dueños de nuestro tiempo. –Respondió Silvia, descalzándose- Nadie nos manda, estar aquí sentados, con los pies desnudos en el césped y el olor del mar tan cerca es reparador.
-¿Quieres que te traiga algo de beber? –Le preguntó Alex.
-No, en este momento no quiero que hagamos nada, solo estar. Sólo mirar fijamente tanta belleza y soñar despiertos.

Nada había peor que perder a Silvia, por eso para asegurarse de que aquello no era un sueño, Alex, alargó su mano y acarició la de ella dejándola quieta, convenciéndose de que esa realidad con textura de piel tibia y sedosa, era la única verdad por la que merecía la pena morir.

9 comentarios:

  1. El "dolce far niente" al que estamos tan poco acostumbrados.

    ResponderEliminar
  2. Me parece precioso, lo haces vivir... Lo describes tan sumamente bien... que se ve con claridad y se envidia a Silvia.

    Dan ganas de sentarse en el y soñar.

    Muchos besos

    ResponderEliminar
  3. Te has marcado una descipción, perfecta, como simpre.
    Pero hoy has aderezado el pastel con un mucho de romanticismo,
    lo que nunca viene mal ni esta de más. Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Una mujer que parece un sueño, un buen principio para una novela.

    ResponderEliminar
  5. Esos momentos de silencio se agradecen, y sobre todo si es para observar tanta belleza, natural y humana.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. A veces, solo con estar es suficiente.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Espectacular la descripción que has hecho del jardín! Un momento especial para disfrutar simplemente de estar y sentir. El fragmento es precioso, seguro que la novela también. Nos vemos! Un beso

    ResponderEliminar
  8. Preciosa la descripción del jardín y del sosiego que ese momento inspira en los protagonistas. Magnífico ese rozar de la mano por el que valía la pena dejarse morir.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  9. "sólo estar"... qué mejor manera de plantear la no necesidad de nada más, dando fe de estar al borde de la felicidad perfecta.
    ¿Así que esbozando una novela?... te felicito por el arrojo y la constancia. No me reconozco capaz!
    =)
    Un abrazo

    ResponderEliminar