19 de noviembre de 2014

Este jueves, relato: "Obsesiones"


    Marta, tecleó el punto y final con el que cerraba su relato. Un tema construido y desarrollado con minuciosidad, imaginación y un poco de sal. Editó y añadió una foto para ilustrar el argumento de su escrito. Lo etiquetó como: “Relatos”, y algo más específico: “Obsesiones”.
    Marta, mimaba sus textos, para ella eran como pequeñas obras de Arte colgadas en las paredes de un museo intangible. Tecleó “Enter”, publicó su historia y se fue a dormir. En ese momento empezaba una carrera obsesiva, que compartió entre sábanas consigo misma.
    A la mañana siguiente, con la taza de café en la mano, conectó su portátil y abrió su página personal:www.marta-unsolocorazon.blogspot.com releyó su entrada una y otra vez, se gustó, intentó imaginar qué efecto habría causado en sus anónimos lectores, desvió la mirada ansiosa buscando posibles comentarios y comprobó que:
    "0 corazones latieron conmigo”
    –Es un poco pronto. -se dijo-.
A mediodía, repitió la operación, leyó de nuevo su historia, descubrió matices que le agradaron y algún giro narrativo que podía mejorar, la mirada obsesiva buscó de nuevo:
    “0 corazones latieron conmigo”
    -¿Qué pasa... nadie me lee? -se repitió preocupada-.
    Lo mismo sucedió por la noche y al día siguiente:
    “0 corazones latieron conmigo”
  -¿A nadie le interesan mis cuentos? -se preguntó dolida-.
  Ensimismada y con la vista perdida en el fondo de la pantalla, oyó una voz oscura que le decía: Querida Marta, no te obsesiones por la ausencia de comentarios, éstos, tan sólo alimentan la vanidad. Una excusa para los que le dan más importancia a la cantidad que a la calidad. Escribe en el blanco de tu pantalla e inunda el espacio internáutico de vocales y consonantes como si de poemas siderales se tratara.
   La voz desapareció del interior del portátil y Marta de nuevo, quedó sola.
   Su obsesión irremediablemente le llevó a buscar una vez más:
   “0 corazones latieron conmigo” Y... lloró amargamente.


15 comentarios:

  1. La delató el nombre que le puso al blog, mala cosa cubrir las soledades con las veleidades efímeras de apartado "comentarios".

    Y esa voz tenía razón: aquí, cuando se quiera, sobre lo que se quiera y con una sonrisa personal (de satisfacción) por lo que se ha compuesto. Que guste o no al resto de virtualidades con nick ya no es el problema del escribiente, y si alguien o álguienes se aprestan a decir la suya, y siempre que sea con el debido respeto, bienvenidos. Y si hay cero comentarios, pues hay cero comentarios. Cuando uno entiende eso, se alcanza la libertad en este reino de ceros y unos y el blog se torna un hermoso pasatiempo donde crear belleza, con palabras, con música, con imágenes o con todo ello mezclado.

    Gran post

    Un abrazo

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  2. Mal va esta muchacha si en su reloj sólo se marca el tiempo que los demás le dedican, ¿acaso no sabe que escribir es derramarse? Para cuando otros llegan al fondo de tus letras, ya te has ahogado.
    Un beso

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  3. como cuatrocientos post anteriores no tuvieron comentarios, recientemente apenas empezaron y nunca me inmuté por ello, las obsesiones son de difícil digestión, buen relato
    Abrazos.

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  4. jaja... qué bien nos has retratado, Alfredo!... creo que en el fondo, todo blogger tiene mucho de lo que padece Marta.
    =)

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  5. No soy ajeno a esas obsesiones, sobre todo en mis comienzos blogeros, donde no tenía el más mínimo comentario. Uno de los primeros comentarios fue de la locutora Vanina Parejas, a quien le agradezco tanto.
    No soy ajeno a pensar que algunas de mis entradas merecerían más comentarios. No lo digo por la de los jueves, que son muy comentadas. Y tal vez no debería quejarme porque tengo comentaristas de primer nivel.

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  6. Alfredo me he sentido identificada con tu Marta, y creo que más de un juevero siente esa necesidad de ir encontrando los comentarios a sus escritos. Ya hemos defendido en muchas ocasiones que escribimos por placer o por necesidad pero también esperamos que alguien nos deje su parecer. Más que por alimentar el ego es por saber que estás acompañada.

    Un placer leerte como siempre.

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  7. Es verdad que escribimos en primer lugar para nosotros mismos, pero también es cierto que el fin último de lo escrito es que alguien lo lea. De lo contrario, solo bastaría con escribir y guardarlo en un cajón sin que nadie lo viera.
    A todos nos gusta el reconocimiento de lo que hacemos, aunque entiendo que es nocivo y preocupante, el obsesionarse con el número de seguidores que nos comentan.
    Un abrazo.

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  8. Es una mala obsesión ésta. Se ha de escribir para disfrutar. Es verdad que gusta que te lean; pero sino es así, al menos debemos quedarnos satisfechos con lo que hacemos, otra cosa nos haría sufrir, y desde luego no vale la pena.
    Un abrazo

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  9. La comprendo muy bien. Así me siento yo muchas veces. Un besito y gracias

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  10. Alfredo, has sabido retratar perfectamente esa pequeña vanidad que hace que nos obsesionemos cuando nada de lo que escribimos parece interesarle a nadie y vemos nuestro contador de comentarios a cero. Es verdad que a veces es deprimente, pero ocurre mucho.
    Particularmente yo estuve en mis inicios durante algo más de año y medio sin ningún comentario, solo algún familiar o amigo íntimo de vez en cuando pasaban a visitarme. Recuerdo que tampoco lo llevaba mal.
    Brillante Alfredo.

    Un abrazo

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  11. SI bien debo reconocer que a particularmente a mí me provoca mucha emoción ser leída, entiendo que a veces pueda no serlo. Pero tanto así como para obsesionarse no me parece sano. Es que en estos tiempos de tanta exposición virtual, en la que uno llega a tantas personas debe haber sido difícil que nadie la lea. Un tema que habla de una de las formas de obsesiones más comunes de hoy en día, la interacción virtual. Me encantó tu relato, y me generó cierta angustia por la protagonista y su sentir.
    Un beso enorme.

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  12. Un relato que de alguna manera toca la sensibilidad de quienes por estos lados tecleamos. Creo que sin obsesionarse, una busca al lector, su opinión, no para alimentar vanidades sino para encontrar cercanías que gusten de compartir. Pero ese es mi punto de vista. A Marta, le estaba aguijoneando el alma, y eso, sin dudas, no es nada bueno. La narración excelente, como siempre. Eres de los que saben transmitir emociones a través de lo que cuentas.
    Besos!
    Gaby*

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  13. Me encantan tus relatos, los dotas de realidad envuelta en literatura de la buena que siempre nos sorprende al final. La obsesión que planteas hoy es posible que se dé en los primeros tiempos de comenzar con un blog y también justamente lo contrario que te alegras de que no te lean por la vergüenza que te da si alguien te lee.

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  14. En mi opinión, creo que a partir del momento en el que se publica la primera entrada en un blog, la emoción invade por recibir comentarios. Pero se supera sino encuentras ninguno, no todo lo que se escribe es grato para los lectores. Hay escritores que se apasionan y obsesionan por su trabajo, como el caso de tu protagonista. Magnífico relato.
    Un beso

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  15. Maestro, es genial. Y tan real ... que asusta ;-)
    Precioso
    Un beso

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