26 de junio de 2010

Héroes de Cabecera. Mercè Rodoreda (XVII)


Normalmente en las entradas de esta serie que llamo: “Héroes de Cabecera” intento evitar referencias biográficas gratuitas y de fácil localización en otras fuentes, recreo de forma desenfada y escueta los aspectos más desconocidos o anécdotas curiosas en un laborioso ejercicio de documentación. Por esa razón no suelo abundar en fechas o bibliografías, que aún siendo importantes, no dejarían de ser inadecuadas o pretenciosas y sólo añadirían una aportación distante a los detalles más sobresalientes y personales de los homenajeados.
Aún así, la vida de estos Dioses de andar por casa, está unida a valores personales extraordinarios, el Creador está íntimamente ligado a su Obra, al margen de su más o menos amplio anecdotario particular. Este es el caso también, de Mercè Rodoreda, cuyo libro “La Plaza del Diamante” es motivo de más escritos y estudios que los existentes en la biografía de su autora. Gabriel García Márquez subrayó que: “La plaza del Diamante es, a mi juicio, la más bella novela que se ha publicado en España después de la guerra civil”. La sensualidad y la Luz con que la escritora ilumina las palabras en esa obra, impulsó al Nobel colombiano a visitarla sin conocerla, guiado sólo por una admiración irresistible.
Mercè Rodoreda creció con el reflejo de la presencia de su abuelo, figura para ella, más importante que sus propios padres y del que recibió su gran pasión por la literatura. Sin embargo este personaje, excéntrico, amante del catalanismo y la poesía, por su extravagante proceder puso en jaque la economía familiar hipotecando todo su patrimonio. La entrada precipitada en la edad adulta tiene lugar con la llegada de un tío de Argentina, un hermano de la madre que había marchado a hacer las Américas cuando la escritora era un bebé. Llega con el cometido de poner orden en los desmanes de la economía familiar provocados por la discutible gestión del entrañable abuelo. Con el nuevo cabeza de familia llegan las restricciones presupuestarias, incluido un traslado de domicilio a una casa más modesta y, lo que es mucho peor, el deseo expreso del tío de casarse con su sobrina que se apalabró cuando ésta tenía sólo 13 años, si bien tuvieron que esperar a que cumpliera los 20, en 1928, y a una dispensa eclesiástica por consanguinidad, para que se celebrara la boda. Evidentemente, éste fue un mal casamiento, un absoluto fracaso que le obligó a buscar desesperadamente una salida, una huida más bien, de esa impersonal y monótona relación de la que el único rédito que obtuvo fue el nacimiento de su hijo Jordi. El recuerdo y las vivencias con su abuelo eran demasiado fuertes, su amor por las flores, marcaría parte de su obra literaria, reflejada en los títulos de algunos de sus libros, como La calle de las Camelias, Jardín junto al mar o Viajes y Flores. Jardines cuya vegetación admiró en sus largos paseos.

La plaza del Diamante, es sin duda la obra más leída en lengua catalana, traducida a más de 30 idiomas, está considerada como una obra de alcance universal. En el año de su publicación, Rodoreda se encontraba desde hacía más de veinte años fuera de su Barcelona natal.
Para escapar de aquella situación insostenible que fue su matrimonio, se prodigó en una actividad literaria, sólo interrumpida durante algunos años del exilio, desde donde alimento un miedo a sentirse perdida, sensación que trasmitió a través del personaje de Colometa, que se pregunta constantemente que hacer, que pensar y para que está en este mundo.
En el exilio conocerá al amor de su vida, el crítico literario y escritor Joan Prats, intelectual catalán que jugó un papel destacado dentro de la producción cultural de la República y el exilio y que evidentemente también influirá en su obra.
En 1980 recibió el Premio de Honor de las Letras Catalanas y dos años más tarde, se estrenó "La Plaza del Diamante" película que adoro y que todos conocemos de sobra, en la que Silvia Munt daba vida a Natalia, la Colometa protagonista de una obra que inmortalizará para siempre la Barcelona de los años 20, desde la mirada doméstica y sentimental de una mujer.

"Volví al comedor, me senté delante de la mesa, y con la uña me puse a sacar las migas de pan viejas que estaban metidas en una rendija muy grande".

 
Fuente de información Benjamin Sanders

23 de junio de 2010

Este jueves, Relato. "Me acuerdo de ti, cuando veo..."

Me acuerdo de ti, cuando me veo en sepia, perdidamente perdido. Esa adolescencia sin principio ni fin, eterna a nuestros ojos, inconsciente e irrelevante, con una sola prioridad, ser, estar y llenar todo aquel vacío de irresponsables protagonismos.

Años de vanidades, de soberbia y de cobardías disfrazadas, años de mirar por encima del hombro y abrirse paso a empujones entre los inferiores, (que dicho sea de paso, resultaban ser menos inferiores que tu).
Una prepotencia grotesca e injustificada, sólo para lucir cual gallo de pelea, la cresta más variopinta y artificialmente erecta.

Años de vagos y equivocados objetivos, falsos como la falsa moneda.
De presumir cuanto más mejor, de seducir o intentar engañar, ...soy el más fuerte, el más impertinente, el más rápido, aunque no soporte, ni razone, ni mueva nada. Quieto, paralizado, ni siquiera me echo un pulso a mi mismo, ...lo perdería.

Me acuerdo de ti, cuando me veo en sepia, huyendo, escondiéndome, bajo los efectos del shock de la ignorancia y del inmovilismo, aturdido e irremediablemente desplazado,

“La polar, es lo que importa” ...palabras huecas, metafóricas, socorridas, excusas para contemporizar y justificar lo injustificable.

Hoy me acuerdo de ti, cuando me veo en esta foto, ausente de responsabilidad, con un futuro incierto, incapaz de justificar aquellos... mal cumplidos 16 años.



Más recuerdos en la memoria Gus

16 de junio de 2010

Este jueves, Relato. "Bichos"


Los “Bichos” trasiegan perdidos en su corral, encerrados esperando el pistoletazo de salida se mueven sin orden, inquietos e intuyendo desesperados el momento en el que se inicie la carrera a la Gloria. 
Ajenos, al roce de cuerpos que se está consumando en el exterior y expectantes ante una primera y única experiencia.

Corredores de fondo entrenados para la alta competición, se preparan para un destino extremo de irremediable muerte o vida para la vida. Un Maratón, con más de doscientos millones de participantes y medalla sólo para el vencedor, cuya soledad compartida le aísla del resto con el único sueño de la Supervivencia.

Suena el chupinazo, la cabeza y la cola diseñadas ambas tanto para la velocidad como para la resistencia, escupen toda su energía biológica en un primer salto hacia las posiciones más ventajosas en un circuito lleno de trampas. El recorrido es corto, menos de 20 centímetros, muchos comienzan a quedarse rezagados, otros dan vueltas y vueltas sin rumbo aparente, tan sólo unos pocos huelen la victoria.

En la recta de meta, se nada mejor, los primeros perciben el cambio de la temperatura, el ácido del ambiente se neutraliza y una sutil succión facilita el sprint final. Se vuelven hiperactivos y aumentan la velocidad en los últimos centímetros, el resto exhaustos, perecen sin capacidad para continuar.

Sólo uno, el primero, rompe la cinta de llegada y a mordiscos se abre paso fecundando al óvulo que a partir de ese momento formará un nuevo ser, ajeno, a la dramática carrera por la supervivencia que lo originó.

Fuente de consulta: Esther Samper

Más bichos de todo tipo en el Patio de Gus

9 de junio de 2010

Este jueves, Relato. ¿Hacemos deporte?



Transcurría el minuto 43 de la segunda parte, el resultado estaba equilibrado , que no así el juego, el dominio del equipo visitante era tal, que el asedio a la portería local se hacia insostenible. El esfuerzo de los defensores no garantizaba controlar el empate inicial, empate que por una parte mantenía en la categoría a unos, pero que no era suficiente para la obtención del campeonato a los otros.

La lucha indistinta por el título y por la permanencia, se decidía metro a metro en aquel terreno de escaso césped recién regado. Un metro que para unos era de una defensa a ultranza y para otros de una conquista irrenunciable.

Los cuerpos fibrosos, húmedos y tensos chocaban en buena lid disputando una posesión que les permitiera lograr un sueño largamente acariciado.

Cumplido el último minuto, el balón salió despedido de la bota del extremo izquierdo y voló por encima de defensores y delanteros, superada la línea de la portería y en su lógico descenso, éste quedó a una altura y distancia en la que sólo el otro extremo y su marcador tenían opciones para disputarlo. El forcejeo era mutuo, la espalda de uno y el pecho de otro intercambiaron flujos y ansiedades, ambos se elevaron al tiempo, en busca del cabezazo definitivo y resolver de una vez por todas.

Suspendidos en el aire y a escasos centímetros del balón giraron sus cabezas hacia él, cada uno de ellos en su búsqueda para dirigirlo hacia donde más le interesaba, el atacante hacia el interior del Marco y el defensor lejos de su área en lo que parecía ser la última oportunidad del equipo evidentemente superior.

El contacto de las dos cabezas produjo un ruido seco, contundente, un chasquido corto y duro que se detuvo en el aire durante unos segundos, el justo para que los dos jugadores perdieran la verticalidad y cayeran derrumbados en la tierra mojada, la conmoción era evidente, la ausencia de realidad para ellos y la realidad temerosa para otros, se manifestó en los siguientes segundos, ...el botiquín de emergencia, el sanitario de pega, los botellines de agua del Carmen, ¡Un médico, por favor, un médico!

En aquel campo de cuarta, había deporte... ¡pero no había médico!


Nota del relator: Para los que hayan quedado preocupados por la ambigüedad del final, les diré que el hecho es autobiográfico, es decir, que tanto el extremo como yo, estamos vivitos y coleando.



Más balones, pelotas y pelotitas en la plaza de Vezdemarbán

4 de junio de 2010

Sábados Literarios de Mercedes. "Conversaciones con Dios"


Llegó a las 12’30, puntual como corresponde a un Dios.

Lo vi entrar por la puerta, solemne, de Domingo, me reconoció entre los parroquianos que a esa hora se daban cita para el aperitivo del mediodía, le ofrecí asiento frente a mi, en una butaca orejera de piel marrón, que aceptó muy gustoso.


-¿Qué le apetece tomar "Señor"?-
-Un vino dulce- me contestó.
-Verá, el motivo de esta cita, es para recordarle que hace ya más de tres mil años, su Padre, que es Usted, le dio Diez Mandamientos a Moisés en el Monte Sinaí.
Necesitó 40 días para escribir con su propia mano sobre dos tablas de piedra las leyes básicas. Poco tiempo en mi opinión, para crear un reglamento de pautas de conducta de obligado cumplimiento, por el que se debe regir la humanidad.-


-¿Tres mil...?, parece que fue ayer. Sin embargo, 40 días fueron suficientes para que la fe de un pueblo se perdiera y me sustituyeran por un becerro de oro construido en honor de mi adversario Apis, malgastando para ello todo el oro reservado a la Tierra Prometida,-


-Si, ya lo sé y la reacción de Moisés fue demasiado visceral, tremebunda y agresiva, lanzándoles y rompiendo sobre ellos las pesadas tablas y quemando al dorado impostor.-


-Mano dura y fuertes penitencias son lo único que entienden los fieles en transito.-

Dios, se incorporó en el asiento, recuperando la verticalidad, que había cedido por la vehemencia de su argumentación y por la suavidad de la piel flor de la butaca.

-¿Y dígame, para que más me ha citado?, como puede imaginarse tengo otros quehaceres de más transcendencia.-


-Vigencia, actualidad, ¡eso es! Después de más de tres mil años, ¿cree que algunos de los Mandamientos podría sufrir algún cambio, un giro que los adapte a los tiempos presentes, alguna actualización que sea consecuencia implícita de nuevas lecturas, incluso pensando en los próximos tres mil años?-


-Mire Usted... el primero, ni tocarlo, sólo faltaría modificar el único que habla de Amor.


El segundo y cuarto valen tal cual están, habida cuenta que Dios, o sea YO... soy Padre, Madre, Hijo y Espíritu Santo.


El tercero es obvio, si quieres cumplir con el segundo y cuarto.


El quinto, es de aconsejable cumplimiento, salvo para las Santas Cruzadas en su lucha contra el moro infiel.


El sexto y noveno valen, mientras no hayan niños de por medio, que la Iglesia, aunque lo parezca, no es de piedra.



El séptimo y el décimo van en el cargo, la Iglesia tiene voto de pobreza, por lo tanto, sólo están expuestos los fieles de escasa o enfermiza convicción.


Y para terminar, el octavo, es un mandamiento de relleno, sólo para que quedaran equilibradas ambas tablas y por otra parte el único susceptible de eliminar, hoy sería prescindible para conseguir lo que se quiere.


-Gracias "Señor" por su tiempo, por cierto... ¿le dice algo el nombre de Vicente Ferrer?-


-¿Quién...? no sé, ahora no caigo.

Más conversaciones con el Todopoderoso en el Bus de los Sábados