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Este jueves, relato. "Mis Jueves"

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Mis jueves, caminan conmigo, con pasos cortos pero continuados, ligeros pero determinantes. Mis jueveros son variados, divertidos, solidarios y capaces de agotar dos depósitos de gasolina para descubrir una sonrisa. Mis jueves son un cuento de niños, protagonizado por adultos de pantalón corto y corazón hasta los tobillos. Personajes de ficción que toman forma relato tras relato y se manifiestan en el guijar del tiempo.  Tenemos bellas "Blancanieves" a las que acompañan sapos enamorados. "Sabios" doctos e ilustrados. "Gruñones" pulcros y exigentes. "Muditos" que escriben por los codos. "Dormilones" de elegantes bostezos. "Felices" a los que nunca les abandona la sonrisa. "Tímidos" que esconden sus calidades en abatares excelsos. "Mocosos" Sí, también algún mocoso, bajito y juguetón, que siempre se pierde por Navidad. Pero en mis jueves, no tenemos, ni queremos "Brujas" vanidosas. 

Este jueves, relato... encadenado

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Se despertó húmeda, los cuervos de nuevo le acompañaron en una impenitente vela sin que nada pudiera hacer. Miró detenidamente el medallón y se preguntó por qué todavía colgaba de su cuello. Tal vez algún privilegio que desconocía y del que seguramente no había sacado suficiente partido. Por primera vez en mucho tiempo buscó en su alma. Alborotó en ella con descaro, la sacudió de recuerdos, y se detuvo en el negro acharolado del azabache. Los folios de su vida cabían en aquel oscuro y brillante centímetro cuadrado. Leyó en ellos con detenimiento, señalando con su índice unas imaginarias líneas, hasta que un cuervo la sobresaltó: -¡Tú... tienes visita! Este relato lo continua Casss en el Blog: The Daily Planet's Bloggers Y la historia completa la podéis seguir en el Blog de Encarni.

¿Y Gustavo?

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La Princesa está triste... ¿Qué tiene la Princesa? Este duro leñador, que hace un poético fuego con los troncos que pedal a pedal va dejando en el camino. Que irreverente nos gana el voto de una presidencia virtual. Que queriendo, (por que es muy listo) nos emplaza, provoca, estimula, semana tras semana en el noble empeño de dejar algo de nosotros en un papel de plasma. A veces, a este duro leñador, le pesa el hacha, le confunde el bosque y los periquitos le vuelven loco. (por eso yo, no tengo periquitos) A veces, a este duro leñador, le entran ganas de ponerse el mono de faena y subirse a los tejados y esconderse en la noche de los cementos y en la lluvia de las varillas de encofrar; por que dice que desde ahí arriba se ven mejor las estrellas y aunque empapado de melancolía y tristeza, el cielo de Vezdemarbán es el más claro y limpio para esos menesteres. A veces, este duro leñador, le falta el aire. Ese que sobra en sus campos y que frío le rebana las orejas.

Este jueves, relato. En la quietud de la noche

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En la quietud de la noche, deambulo por la Gran Avenida. Es casi madrugada, y los escaparates de las tiendas permanecen oscuros. No se distingue su contenido. De lo que se trate, se confunde con la oscuridad. Los codiciados objetos de deseo y la noche son la misma cosa. Mejor aún, la noche se sabe lo que es, como huele, lo que mide, que música tiene y si llora o no, los objetos en cambio permanecen sin identificar, incoloros, mudos e inertes, sin corazón. En este inmenso establecimiento, se suponen miles de excusas, cientos de motivos que, de día deslumbran y acaloran. Decenas de peligros para nuestra irresponsable vanidad. Artilugios de autor de tiempos contados, tal vez oropeles exclusivos de estridentes formas, o criados de última generación incapaces de sonrojarse. Es la Modernidad, la Civilización. El “no va más” de nada. A oscuras intento adivinar el color de centenares de artículos expuestos y, todos son negros, el calor frío de unas imaginadas prenda

A fuego lento. Ristorante Puccini. Lucca

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Conocer la historia de uno de tus compositores preferidos es enriquecedor a pesar de que se trate de un personaje tan controvertido como el maestro de Lucca. Pero comer delante de la puerta de su casa, por la que salió y entró de niño miles de veces a patear un balón de tripas cosidas a mano, o más tarde con alguna de sus primeras partituras bajo el brazo, resulta de lo más emocionante. La imaginación se hace pájaro, y todo adquiere de pronto el sabor y el color de su Butterfly, o su Boheme, que dicho sea de paso no dejan de sonar por cualquier rincón de la ciudad toscana. En mercado:  Farro. 200 gr. - 4 personas (cebada a medio moler, después de remojada y quitada la cascarilla) 1 zanahoria,  1 cebolla,  4 tomates,  bacón o panceta 50 gramos,  un apio,  caldo 1/2 litro,  queso pecorino,  pan tostado y aceite de oliva virgen extra En Cocina: Remojar el farro al menos durante seis horas en abundante agua fría. Preparar un sofrito con la verdura, cortada muy

Este jueves, relato. "Repicantes"

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Todavía suenan a mi alrededor como auras esparcidas, los dulces tintineos de las campanas de San Pedro. Domenico, todos los días a las 12 disfrutaba de su minuto de gloria anónima, aquel que iba desde la primera campanada a la doceava que ilustraba el medio día romano. Para él, un minuto apasionante, pues sabía de la atención prestada por los cientos de fieles que escogían esa hora, para deambular entre la columnata de la Plaza. Para mí, ese minuto sublime que siempre recordaré unido a la estremecedora visión de la imagen de La Piedad de Miguel Ángel en el hall del Vaticano. Domenico, era natural de Lucca. Había crecido con el ligero sonido del duro bronce. Decidió ser repicante aquella mañana de Domingo de Gloria y Resurrección, cuando acabada la parte negra de la Pascua, lo s niños de su pueblo recorrían las calles golpeando las aldabas de los portones en señal de fiesta... Jesús, había resucitado y la benevolencia y permisividad de los vecinos se hacían cómplices d

Arusha. Escenas de calle

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Este jueves, relato. Un pacto con el Diablo.

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Y yo que no... y él que sí. -Mira diablo, un pacto tiene que ser beneficioso para ambas partes, si no, es una estafa, y yo, me siento estafado. -Es absurdo que insistas, no te entregaré mi alma a cambio de una chapuza. -Te dije joven, guapo, rico y con glamour. -Sí, me has dejado joven, guapo, rico y con glamour, pero te has olvidado de mi úlcera, mi artrosis, mis lentillas, mi tartamudez, mi impotencia, mi hipertensión, y por si fuera poco, dónde quieres que vaya midiendo dos metros y cincuenta centímetros... descalzo. -Mira diablo, esto me parece absurdo y no estoy dispuesto a seguir discutiendo, devuélveme a mis sesenta y tantos, con mi pelo canoso, mi metro cincuenta y mi vulgaridad... Y yo que sí, y él que no... Más diabluras en el cielo de Gustavo

Tanzania, objetivo cumplido.

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A través de la ventana de nuestro estudio, se ve un frondoso jardín. Colibrís y lagartijas, ajenos a nuestra presencia, comparten sin quererlo folios emborronados, hojas en blanco que se llenan de rayas de oscuro grafito, bocetos, cálculos, perspectivas, secciones y detalles que en el peor de los casos van llenando la papelera de pelotas arrugadas que lamentan en silencio lo que pudieron ser y ya no serán. Otras sin embargo, son como los colibrís y las lagartijas, cobran vida, dan y reciben color y son el prólogo de dibujos más complejos y determinantes. Así han pasado los 21 días, que entre lluvia y lluvia, hemos necesitado para diseñar los "Showroom" de Arusha y Dar es Salaam. Ahora, con el trabajo terminado, nos volvemos llenos de recuerdos y experiencias y especialmente con la satisfacción del deber cumplido.  Algunos ejemplos del Proyecto: Este es un Proyecto de Estudio Cot , con la colaboración inestimable del diseñador de Interi

Este jueves, cuento. Erase una vez...

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Erase una vez que se era… un elefante de cuatro patas y de piel gris perla, casi blanca; por lo de las patas no se diferenciaba de los demás, pero sí por el tono plateado de su envoltura. A vista de pájaro, todos parecían iguales. Desde el balcón panorámico, la manada, se confundía con unos diminutos puntos oscuros, que se desplazaban con una lentitud irreal. Bajo, en el interior del inmenso cráter del Parque Ngorongoro las vidas de los diferentes animales seguían su curso natural. Paseaban cuando tenían que pasear, comían cuando tenían que comer y dormían cuando tenían que dormir. Para todos, era exactamente igual, excepto para Sanna el pequeño paquidermo de sangre roja y de piel lechosa, que perplejo por su descarada diferencia, pasaba las horas cuestionando su evidente desigualdad. El resto de los elefantes de su edad le señalaban con la trompa burlándose de su rareza, lo que acomplejaba a Sanna, dolido en su particular calvario. ¡Ya está! Mu