30 de noviembre de 2011

Este jueves relato, "Mas cotas"


Nunca he tenido mas cotas que las de mis planos. Las primeras, a mano, titubeantes, limitadas en ambos extremos por flechas irregulares que querían ser perfectos isósceles durmiendo al sol.
Más tarde las plantillas les dieron una forma bonita, equilibrada y uniforme. Pero sólo eran mas cotas a añadir a los esquemas. Tomaban protagonismo rellenándolas de negro con el riesgo de que destacasen más que el propio dibujo.

El placer de disponer de mas cotas vino con la modernidad, con una orden se decidía el grueso de la línea, la forma del triángulo y el color del relleno. Curvadas, rectas o zigzagueantes. Precisas, con decimales, cursivas y en negrita. De un vértice a otro, de un lado al siguiente. Radios, diámetros. En fin, un verdadero placer para la delineación.

El tener mas cotas, es una de las mayores satisfacciones de mi vida, te ayudan a conocer las distancias, incluso las tuyas propias. Siempre están cuando las necesitas, sin pedir nada a cambio, sólo con regalarles una relevancia relativa en su incondicional compañía.
Mantienen su postura con imperturbable fidelidad e invariablemente ceden a tu capricho si decides cambiarlas de ubicación.
Te acompañan en las copias, indistintamente de la cantidad o el tamaño y disimulan su celo, aunque compartan plano con otras de diferente color y longitud.

Me hago cargo de la responsabilidad de mantenerlas aseadas, precisas e inconfundibles. Cada una de ellas cumple una función determinada y yo debo conseguir algo tan simple como su nitidez, la claridad de su interpretación y la resolución de su lectura. Limpio su entorno y mantengo viva nuestra relación, y no olvido que existen muchas mas cotas. Algunas de ellas se pierden abandonadas a la luz del sol y a la humedad que arruga su soporte, desvirtuando su esencia y acelerando su desaparición.

Dedicado a todos los jueveros que tienen mascotas de verdad y no como las mías.


26 de noviembre de 2011

Anochecer en Valencia



El anochecer en Valencia, tiene el color del Flan. Ese amarillo tostado, se refleja en las fachadas a medida que el sol cae y amenaza con esconderse entre las montañas del interior, entre los picos de la Sierra Calderona.

Todavía a unos minutos de desaparecer, (hasta mañana) el sol, mancha las nubes con esa parte tostada sedimentada en el fondo de la flanera que descubre sus sabores concentrados.
Dorados que dejan constancia de un día luminoso en cúmulos anaranjados que se resisten a oscurecer.

Antes, la tarde dio los azules que buscara Sorolla para manchar el blanco de sus lienzos y que juntos, blancos y azules acompañaran en una esplendorosa mañana de playa el paseo de Clotilde y su hija.

El anochecer en Valencia, es sólo una excusa para pintar una fiesta de colores vibrantes en un estilo suelto y vigoroso.                     



8 de noviembre de 2011

Este jueves, relato. La Petite Mort


"Une autre petite mort"

Le golpeó de repente, era una lluviosa mañana de Domingo.
Pensaba que todo era una misma vida. Sin embargo, cuando esa parte de su alma se desprendió del resto, se sintió mutilado. Algo se le había descolgado y no obstante, seguía caminando.

En su corazón el trozo más grande que le quedaba continuó latiendo, a pesar de no entenderlo pidió explicaciones:
-no importa- le contestaron desde la otra parte de su mente.
Incompleto siguió su camino, pensando que en cualquier momento su descompensación le daría de bruces en el suelo. Estaba falto de equilibrio, sorprendido por la ausencia de entendimiento y por un futuro al que se le acababan de extraviar algunos objetivos vitales.

Pensó que cuando la duda se aloja en el fondo de la barrica, poso y dudas saben amargos, saben a desconcierto, y en los primeros pasos las emociones se tambalean inseguras. Falta la referencia, el norte, y el castillo se pixela hasta derrumbarse a pedacitos.

Su parte sana, -la que todavía le quedaba- siguió bombeando oxígeno, hasta recuperar la verticalidad. Anduvo unos metros más y avanzó hacia un horizonte borroso –no tenía otro-

Nunca un desencanto amoroso, había seccionado tanto una vida. Esta vez no había sido la perdida del estado de conciencia post-orgásmica. Esta vez era un apéndice vital que dejó una larga sombra de mariposas muertas. Todas ellas con el color rojo pálido de la petite mort.