25 de febrero de 2010

A propósito de Manero y el Lobo que lleva dentro.










Manero, no es un lobo, sólo lo parece, de aspecto altanero y porte provocador.


Es sólo un disfraz de fin de semana, de lunes a viernes es un cordero mas, apocado, sufridor y desapercibido, su identidad entonces se confunde con la mediocridad que le rodea y a la que pertenece, un eslabón mas en la cadena de montaje de cualquier fábrica de automóviles de Detroit.

Pero casa sábado noche, al salir la luna, su transformación se evidencia, su pelo adquiere el brillo y volumen que lo eleva centímetros del suelo, sumados a los ya conseguidos con los tacones de sus blancos botines que hacen de él un Lobo de altura envidiable.

Su mono de trabajo da paso a un inmaculado traje blanco con chaleco a juego del que asoman un cuello desabrochado y los anchos puños de su camisa de seda negra, indumentaria perfecta para que después de las primeras lobadas su territorio haya quedado perfectamente acotado.

El firmamento de la calle, se ha llenado de estrellas fugaces, estrellas de fin de semana, lobos engalanados alrededor del astro Sol, que lo siguen voraces hasta el centro de la lobera. Tony y el resto de los lobeznos caminan triunfantes a pecho descubierto por el ancho espacio de su guarida, los focos delimitan su radio de acción, reflectores de colores que dan un brillo especial a su línea de colmillos, mientras que por los gigantescos altavoces comienzan las primeras notas de su pegadizo y trepidante himno.

...El falsete de los hermanos Gibb marca el punto de partida para las próximas horas en las que la guarida será más guarida que nunca y los Lobos, que nunca lo serán, más Lobos que nunca.

23 de febrero de 2010

Héroes de Cabecera. Fornasetti (XV)

Era inevitable que más tarde o más temprano, Piero Fornasetti, encontrase un hueco en esta serie de “Héroes de Cabecera”. Tal vez el menos consagrado de todos y tal vez también, el menos héroe, pero sin embargo uno de los míos, más próximo, más de andar por casa, por decirlo de una forma coloquial. Sus diseños para cerámica los he proyectado en múltiples ocasiones, he tomado café en sus tazas, he comido en sus platos, alguna vez me he protegido de la lluvia con sus paraguas y sobre todo, la mayoría de mis corbatas las he comprado en su tienda de Milán.
Piero Fornasetti, milanés de nacimiento, fue famoso por su singular e imaginativa pintura, su gran fantasía como diseñador de producto y su elegante y místico sentido del humor en la concepción de todos los detalles que configuran su extensa Obra.
Ha diseñado una amplia variedad de productos, popularizando corbatas, fulares, chalecos, paraguas, etc. diversos artículos para el hogar como porcelanas, lámparas, mobiliario, etc. todo ello de inspiración multicultural, desde la más común a la más exótica, pero siempre con una imaginación llena de fantasía.
El rostro de la soprano Lina Cavalieri, quedó impreso en porcelanas, lámparas y muebles, con tantas versiones que hizo de su cara que hubo que recogerlas en una colección que la llamó “Temas y Variaciones” Sus famosos soles y lunas con rostros humanos nos acompañan en el ejercicio de lo cotidiano recordándonos en un recurrente blanco y negro, que su inspiración era prácticamente ilimitada.
En el 45 de Via Alessandro Manzoni, se esconde un palacio con un patio interior que ya lo hubiera querido Visconti para alguno de sus exquisitos decorados, en el interior está el pequeño imperio Fornasetti, en él vivía y creaba su particular iconografía de soles y lunas con el amable y bello rostro de la Cavalieri que acabó convirtiéndose en una amplia colección de platos con más de 350 versiones de la misma idea.
El amplio legado de Fornasetti obliga a suspender cada año la reedición de determinados artículos para dar paso a otros. El proceso de creación sigue siendo el mismo (hecho y pintado a mano) y la única modernización ha sido el proceso de impresión. En su Obra se perfila un estilo único, elegante, al margen de corrientes de moda coetáneas, personalizando ese carácter inquieto del artista sin concesiones, libre, caprichoso que adelantándose a su tiempo a conseguido perpetuar su trabajo, como si de un juego de Dioses se tratara.



12 de febrero de 2010

Las reclamaciones, al Maestro Armero.


Reflexiones en voz alta, del fotógrafo Paco Alberola

Después de leer el texto de Eduardo Galeano, me pregunto...
¿Qué hago con mis fotos antiguas?
¿Las guardo, las tiro....?
Con las miles de fotos por minuto que se hacen ahora...

¿Alguien tendrá tiempo de ver unos centenares más de hace 50, 40,30....años?
Las 20 fotos que conservo de mis "viejos" (repartidas en el tiempo y concentradas en toda su entrañable emoción)


¿Cómo pueden medirse en el campo de batalla visual frente a miles de jotapegés, dispersos en nosecuántos eventos de varios ifotos repartidos por otros tantos terabytes?

Cuántas neuronas libres quedan al día para acudir a los foros, las redes sociales, los 3D que se avecinan, los Full HD, las tabletas (no de chocolate) digitales, con su Biblioteca de Alejandría engullida, las playstations, los móviles (que sin moverse lo hacen todo), los P2P, los Pay-per-view......................?

Al amigo Eduardo le diría que subiera un peldaño más y sentiría un escalofrío reconfortante por haber disfrutado (sin saberlo) de todas esas experiencias que cuenta.

Paco Alberola – Fotógrafo

Me caí del mundo y no sé por donde se entra.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.


No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
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¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando!! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.




¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor... Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.


Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.... ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.

Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver... ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero... No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.


No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.


Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.


Fotos de Paco Alberola y Alfredo Cot

10 de febrero de 2010

La última Lucia

Ultima representación de Lucia de Lammermoor en el Palau de les Arts de Valencia

Tercera ópera de una temporada que debido a la crisis y a la demora en la confirmación del programa, se recibió con cierto estoicismo, la polémica sobre la continuidad de Lorin Maazel y la escasez de figuras de renombrón, generalizó variadas expectativas sobre la temporada lírica del Reina Sofía.

Irónico es el dicho gitano de: "No quiero hijos con buenos principios" e irónico está resultando que esta temporada tan cuestionada, sobre la que se sembraron dudas en muchos aspectos, está siendo sobre la marcha, la mas regular.
Tres óperas, tres éxitos incuestionables, tres espectáculos que han recogido mayoritariamente muy buenas críticas.
De la Lucia de ayer, ya se ha dicho todo, recomiendo las minuciosas y amplias crónicas de Titus, Atticus, Fernando y el repertorio de entradas sobre la misma de Maac.
Esta producción, que se estrenó hace 13 años, acusa en lo escénico el paso del tiempo, más aún, estando tan reciente la última Butterfly, que tan gratamente nos sorprendió a todos. En esta Lucia alquilada, se evidencia un desajuste en la ubicación del escenario, este, más grande que aquellos en los que se estrenó, por lo que hubo que enmarcar el espacio escénico, detalle sin importancia, pues sólo la escena del baile se el desarrollo con algunas apreturas.

Un puesta en escena de mínimos, (que no minimalista) con algunos símbolos presentes en toda la obra, que el recurrente movimiento de paneles conseguía potenciar, en definitiva una puesta cómoda, correcta, cómplice en todo momento de la trama.
 Por lo demás, demasiadas interrupciones, las del público que quiso premiar todas y cada una de las arias y otras musicales dentro de los propios actos, y para terminar, un tercer acto extraordinario de los que hacen afición, con una Nino loca de Amor, en una escena en la que es fácil caer en la teatralidad y pecar de amaneramiento y que sin embargo ella, bordó con una sutileza y sensualidad admirables.

Ahora, abstinencia en Marzo y a esperar a los Corleone en Abril.

5 de febrero de 2010

Sábados literarios de Mercedes. Segunda oportunidad


...¿Otra oportunidad, dices?
¿Cuántas van ya?, casi tantas como cicatrices has dejado en mi cuerpo. Y otras tantas en mi alma, aunque estas no se vean.
Te recuerdo, tu facilidad para incumplir promesas, tu tendencia a desaprovechar oportunidades, ¿y me pides una segunda?

Bien sabes que te quiero, o al menos lo mucho que te he querido, he disimulado, he mentido, he confiado, he querido creer en ti y en tu famosa frase “Esta vez, va en serio, cariño... será la última” y me pides que te regale sin garantías la posibilidad de reincidir.

Yo siempre me he vaciado de la basura acumulada, he limpiado la amargura de mi alma y he maquillado las heridas de mi cuerpo, pero tú, sólo disfrazabas tus sentimientos con traje de Domingo y pasabas de puntillas sobre tu verdadera realidad, nunca te has tomado en serio, ¿cómo me ibas a tomar a mi?

Recuerdos, sólo recuerdos que no quiero recordar, ilusiones que se desvanecieron, proyectos para compartir jamás compartidos y ahora unos años después... miedo, mucho miedo.

¿Otra oportunidad, dices? ¿Para qué? Ya me has marcado como a una res, aunque sólo es la marca lo que queda, ahora por fin estamos en un punto en el que no habíamos estado antes, ahora yo estoy segura, y ahora yo si quiero, pero lejos de ti, ...mi segunda oportunidad.
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Otras segundas oportunidades en el jardín de Mª José Moreno

1 de febrero de 2010

Héroes de Cabecera. Zaha Hadid (XIV)

Zaha Hadid es la arquitecta más famosa del mundo, una élite hasta ahora liderada por hombres que se ve enriquecida por el trabajo de esta iraquí que en Octubre próximo cumplirá 60 años.

Tenía 25 y un pasado como hija de un ministro socialista iraquí cuando aterrizó en la Arquitectural Association de Londres, donde, bajo la tutela de Rem Koolhaas, alimentó la creencia de que la arquitectura podía cambiar el mundo. Hoy finalmente, la arquitecta dejará su huella en el Reino Unido, el país que la ha visto formarse y crecer profesionalmente pero que, hasta hoy, parecía resistirse a verla triunfar.

Se trata de un pequeño pabellón de tela, sede temporal de música de cámara para el Festival Internacional de Verano en Manchester, que podrá visitarse hasta el 1 de Septiembre próximo, ideado para escuchar a Bach y levantado en medio de un museo, equipado con 600 sillas de Verner Panton en negro.
Un nuevo reto para esta arquitecta acostumbrada a lo difícil. Famosa por sus osados dibujos, consiguió levantar sus primeras obras cuando ya era conocida en todo el planeta. Obras, sin embargo ausentes de todo trascendencia popular, como el aparcamiento de tranvías en Estrasburgo y una pista de saltos de esquí.

Entre tanto, en su país, -hoy es ciudadana británica- se cansaba de perder concursos. O peor aún, de ganarlos sin que le dejaran construirlos.
Pero aquello fue sólo el principio, empezó a acumular premios, desde el Mies van der Rohe de la Unión Europea, al Pritzker, que distingue a los mejores arquitectos del mundo.

Hoy, tiene obra en Estados Unidos, Alemania, Japón, Italia o España, y diseña complementos exclusivos para las más reputadas empresas de lujo, desde Chanel a Louis Vuitton, con un sin número de brillantes ejercicios efímeros como el pabellón itinerante de la misma Chanel o las escenografías de Pet Shop Boys.

Zaha, sabe que no es completamente aceptada, su arquitectura se caracteriza por una fuerte propuesta y para lograrlo cree que es muy importante construir los proyectos teóricos o sea, los proyectos ideológicos, pues de ese modo se trasciende la idea de hacer estructuras interesantes para lograr verdaderas estrategias construidas. La morfología de de sus propuestas se despliegan como aplicación de un código visual propio. Su obra está en una incesante recreación, en un movimiento circular de signos en rotación.

Tuve oportunidad de pasear por su pabellón puente, en la Expo de Zaragoza y me gustó, fue como entrar en un museo y meterte dentro de una obra de Arte, a veces puente, a veces túnel, toda una anécdota