26 de octubre de 2008

...El Efecto Mariposa

Simonne, despachaba documentos que le llegaban con la firma impresa, doblaba, encartaba y enviaba con la misma falta de entusiasmo con la que mas tarde en casa repetía el menú, releía un libro o revisionaba la película de siempre, esperaba un milagro que se estaba empezando a demorar, estaba cansada, sólo eso o al menos eso creía, su vida transcurría monótona y repetitiva, nada especial sucedía a su alrededor y era incapaz de propiciar el mas mínimo suceso que desestabilizase su comodidad y le confirmase que todavía era capaz de remover sentimientos o albergar expectativas en un presente que se prolongaba demasiado anodino.

En un Meridiano diferente, Jean Paul, hacía balance, como buen Capricornio racionalizaba hasta las oraciones de la mañana, pero el resultado no le gustaba, su particular cuenta de explotación daba perdidas una vez más, de vuelta a casa intentaba recordar sus acciones laborales del día, un traje torpemente vendido, dos camisas de color inadecuado, una corbata pasada de moda, él nunca quiso vender ropa en un gran almacén, ni siquiera quiso vender nada, desde esa complacencia cumplía objetivos, sobrevivía acomodado y no quería pecar por quejarse de estar tan bien.

Alguna mariposa aleteó en algún oasis perdido en las direcciones rectas que le distanciaba de ambos y que casualmente eran los mismos kilómetros que ellos estaban separados entre si, el efecto tuvo su efecto cerrando la magia en ese virtual y ventoso triángulo equilátero que se formó con vértices en tres lugares diferentes del mundo.

Fue en la ducha, donde Simonne paró el tiempo, se detuvo ante un Stop con espuma de gel vistiendo su desnudo cuerpo, vibraron las paredes chapadas con baldosas de arcilla blanca y levitó su alma por encima del nivel de la cenefa de corazones verdes y amarillos diseñados por Ágata Ruiz de la Prada, en ese punto, adivinó un horizonte desconocido, había detectado en medio de una excitación eléctrica la sensibilidad de un relámpago que golpeo su alma dormida y supo que hacer o al menos que intentar hacer.

Antes de llegar a casa, donde sólo le esperaba el silencio y su conciencia, después de haber intentado en vano colocarle un traje a cuadros a un cliente obeso, Jean Paul tomaba unas pintas de Guinness en el Pub Gourmet del centro comercial, su memoria se suspendió en el aire y se vio niño, un niño que quería ser muchas cosas de mayor pero nunca había acabado siendo, extendió sus manos y alcanzó lugares inalcanzables, situaciones y personajes que esperaban al otro lado de su Áurea, comprendió que había bebido y también que estaba sacrificando su mañana, sólo le quedaba tiempo y la decisión de dar la vuelta, rebobinar y partir del punto en el que antes de joven sabía decir, basta.

Simonne, se lo propuso y lo consiguió, tarea nada fácil, pero lo consiguió. A costa de discusiones, algún tranquilizante, alguna copa de vino de más y algún "hacer el amor" de menos, acabo tomando un avión y se fue lejos, sola y desprotegida, decidió que para comenzar lo mejor era algún pueblo perdido, tan anodino como ella, tan necesitado de vida como ella, tan abierto a dar bienvenidas, como ella, en el que buscar una ocupación nada mental, nada intelectual en el sentido tradicional del término y así las cosas encontró que en esa Posada Rural a las afueras de aquel pueblecito necesitaban una camarera, y supo que eso era para ella, su experiencia previa ya le validaba: años de atender hijos, marido y perro.

El tren que conducía a Jean Paul a ninguna parte, (al menos prevista) salió temprano en la mañana, atrás dejo su cinta de medir camales y cinturas, su tiza de marcar largos de pantalón o entradas de culera, fuese donde fuese no las necesitaría, es más, antes de salir regaló la mitad de su armario, es lo que tiene trabajar en la moda, cada día vas vestido de Domingo, y acumulas vestuario, pero para esta nueva etapa aligeró la maleta y rearmó su vieja mochila de piel flor teñida en ocres terruños, el Súper Tren devoraba paisajes, lagos, llanuras, los pueblos quedaban desenfocados al paso de aquella máquina de la que si no bajaba pronto daría la vuelta al mundo y lo devolvería al punto de partida, tenía que reaccionar y elegir un destino, por que no, la siguiente parada?

Simonne comenzaba a sonreír, yendo de aquí para allá, viendo caras nuevas, con un patrón agradable con quien a la noche podía conversar, contarle de su tierra, tan querida, tan herida, no de muerte total, solo en estado de coma, a los pocos días empezó a cruzarse con una sombra, una cara nueva, como ella, el empleado también recién llegado de aspecto distante y taciturno, pero de porte agradable y maduro y supo que en algún otro momento pudo ser un arrogante conquistador, quizá lo percibió en esas lides y trató de no darle importancia, nada peor que la vanidad de un hombre para suponer que a los cinco minutos una puede estar en su cama.
Supo por su patrón que el recién llegado se llamaba Jean Paul, era el maletero del turno de la tarde, de brazos fuertes como lo exigía su labor y como lo hubiera exigido ella al momento de escribir a un correo sentimental, solicitando amor.

Se espiaban, se escondían, se ignoraban, hasta que el tiempo y las ganas hicieron evidente su recíproca atención, la vida se les llenó de colores y tomaron el rosa tenue del despertar del amor, y luego el rojo naranja de la atracción y el deseo y una noche de luna, de día franco y de franquezas mutuas decidieron darse la oportunidad de hacerse felices por primera vez.

Esto lo sé, porque me lo contó el Patrón, no se mucho más de ellos,
porque mi estancia en aquella posada alejada y encantadora, llegó a su fin junto con mis días de descanso, pero creo que a ellos la vida no les dio tregua por un tiempo, tanto que se olvidaron de volar encontrando en la habitación del fondo, detrás de la cocina, un paso siguiente a su mayoría de edad.
¿porqué, por un momento me acordé de Francesca y Robert y pensé otro final para los “Puentes de Madison”?




19 de octubre de 2008

...Cantos d'Auvergne

Joseph Canteloube, nació en una familia con profundas raíces en la región francesa de Auvernia, estudió piano desde los cinco años con Amélie Daetzer amigo de Chopín.
Después de completar sus estudio de bachiller trabajó en un banco de Burdeos, regresando mas tarde como consecuencia de una enfermedad con su familia en Malaret, pero cuando su salud se restableció, decidió hacer una carrera en la música en París.

Canteloube fue un apasionado recopilador de canciones populares francesas, muchas de ellas se pueden clasificar como de “Música Natural” armonizando, orquestando y describiendo con sus melodías la belleza de los campos que le vieron nacer.

La Música popular francesa despertó en él un gran interés por lo que viajó por toda Francia en un largo trabajo de investigación tomando apuntes y fragmentos del folclore galo, escribió arreglos sobre estas canciones incluso algún tratado sobre ella, conviniendo que “la canción popular alcanza las mayores cotas artísticas en el sentimiento y la expresión, incluso en la forma”

Canteloube tardó más de treinta años para completar la recopilación de sus más admirada y famosa colección de canciones, “Chants d’Auvergne”. las canciones reflejan los paisajes de la exuberante Auvergne en colores orquestales y han permitido al folclore francés y rústico convertirse en melodías más conocidas.

Cinco volúmenes componen la colección que inició en 1.895 inspirada en el Amor que profesaba hacia la tierra de sus ancestros y mas de 1.300 canciones revisó en una Antología de Cantos Populares.

En 1941, ingresó en el gobierno de Francia de Vichy durante la ocupación nazi, y escribió en el periódico monárquico Action Francaise


Uno de los temas más conocidos de la colección es “Bailero” escrito para orquesta y soprano, en esta ocasión interpretado por Kiri Te Kanawa

13 de octubre de 2008

...Paradores y Queen

Habíamos perdido la costumbre de utilizar con una frecuencia razonable los Paradores Nacionales de Turismo, hoteles habituales en nuestras escapadas por España, así, de esta forma siempre que lo hacíamos, o bien el objetivo era el propio Parador, o bien modificábamos sensiblemente la ruta y los horarios para hacer coincidir la noche o el mediodía en alguno de ellos.

Este fin de semana con motivo de la asistencia a la boda de un familiar en Albacete, nos hemos alojado en su Parador.
La Red de Paradores es poseedora de establecimientos de bellísima factura entre los que se han rehabilitado y acondicionado Palacios, Castillos, Conventos, Monasterios o Posadas de marcado carácter regional.

El de Albacete es un jardín en el corazón de La Mancha, solitario en una llanura a poca distancia de la Capital, es un edificio de una sola planta en un entorno natural y tranquilo que invita al descanso y al paseo. Esta quinta manchega, presume de un largo corredor perimetral interior de amplios ventanales que dan a un cuidado patio desde donde la luz natural adquiere una presencia confortable.

Los Paradores Nacionales de Turismo, tienen una historia de mas de 80 años, hoy convertidos en una Sociedad Anónima con un único socio que es el Estado Español, su política turística quiere proyectar la imagen de modernidad y calidad de nuestro turismo contribuyendo a la recuperación y mantenimiento del Patrimonio Histórico-Artístico de nuestro país y a la preservación y disfrute de espacios naturales,

Añado algunos datos, durante el ejercicio 2007, la Red facturó 283,77 millones de euros, atendió a un total de 1,45 millones de clientes y sirvió 2,5 millones de cubiertos. La restauración sigue siendo un negocio fundamental para Paradores, que ingresó 131,26 millones de euros, que supone el 47% de las ventas de la Red.

Estos dos últimos párrafos resaltados en color amarillo están extraídos del Plan estratégico Paradores 2004/2008, pero mucho me temo que el de Albacete se les debió olvidar en el intento, porque si bien el entorno, los jardines, el servicio y la gastronomía son de “Matrícula de Honor” las instalaciones en el interior del edificio, las habitaciones y los Aseos son de un "Suspenso Mayúsculo", quizás estaban bien para hace cuatro o cinco décadas, pero hoy su precariedad y falta de actualización claman al cielo, cuidado, que no se trata de ponerlo todo “patas para arriba”, este Parador debe mantener sus señas de identidad, esa misma con la que nació y que nos recuerda una Mancha por la que seguro cabalgó nuestro Hidalgo Caballero de la triste figura y lanza en Astillero.

Hoy, sería difícil señalar cual de todos los frecuentados nos ha gustado más, cada uno de ellos desde su peculiar ubicación, el tipo de Edificio, etc. propone alternativas diferentes y todas apetecibles, pero me atrevería a asegurar que nuestro favorito es el Parador del Emperador en Hondarribia, que a pesar de lo distante, es el que mas hemos visitado, enigmático y majestuoso torreón del siglo X con hermosas vistas sobre la costa francesa y un patio interior decorado en piedra de increíble belleza.

Por una cuestión simplemente práctica no me detendré en glosar las privilegiadas cualidades de estos peculiares Hoteles en los que por una u otra razón hemos disfrutado momentos de singular descanso, solo mencionaré a grandes rasgos algunos de Ellos de los que guardamos más y mejores recuerdos y que en un orden totalmente aleatorio, podrían ser los siguientes:

El Parador de El Saler, recientemente remodelado a tan solo unos kilómetros de Valencia, edificio de concepción moderna y mediterránea, que fue el punto de partida de esta afición en estos momentos un tanto postergada.
Javea, junto al Mar y con su jardín repleto de buganvillas y todo tipo de flores.
El sobrio Palacete de inspiración Mudéjar que lo es el de Teruel.
La agradable Casa Solariega en la villa cantabra de Santillana del Mar con un entorno callejero en el que parece haberse detenido el tiempo.
Olite con sus preciosas vidrieras y arcadas propias del medievo.
Mojácar, edificio de una planta blanco y luminoso con todas sus terrazas sobre el Mar. Las Cañadas del Teide, delicioso refugio en medio de un paraje desértico de intenso color ocre y a la sombra del magnifico volcán.
Cuenca, Convento Agustino del s. XVI frente a las Casas Colgadas.
Cinchón, Calahorra, o Benicarlo, quizá este el edificio menos atractivo de todos con una arquitectura uniforme y anodina.
Alarcón, privilegiado testigo de la Reconquista con una evidente influencia árabe y unas habitaciones que aunque un tanto rancias evocan las más románticas leyendas.
O el noble edificio de estilo aragonés que se alza en la histórica villa de Sos del Rey Católico, cercano a los hermosos valles del Pirineo Aragonés y Navarro.

El Parador Nacional de Antequera en la provincia de Málaga, que fue testigo en Junio de hace ya unos cuantos años del triunfo del Valencia en la Final de la Copa del Rey, que consiguió en el Estadio Olímpico de Sevilla frente al Atlético de Madrid.

El tema “We Are The Champions”, sonó una y otra vez, coreado por las miles de rotas gargantas, que exhaustas no consentían en poner fin a aquella multitudinaria celebración. La canción de los Queen ya se había convertido en imprescindible himno de cualquier acontecimiento deportivo que se preciara.


The Queen y el Valencia, C.F. fueron los Campeones aquel fin de Semana en el Parador de Antequera.

5 de octubre de 2008

...Temprana lluvia de la mañana

Eran las cinco de la mañana, la cabeza me pesaba, los ojos se cerraban cabeceando sobre el tablero de dibujo, el Domingo amanecería en unos instantes, dos diseños mas y lo dejaría, la pausa del fin de semana me permitía relajarme, en cualquier caso, el lunes a primera hora tenía que entregar todos aquellos trabajos, que esparcidos por la mesa esperaban los últimos retoques.

Eran tiempos de Radio, también lo eran de trasnochar sobre aquella superficie empapelada y protegida con cartulina verde cuché, rodeado de lápices, pinceles manchados de acuarelas y hojas de Letraset.

Los primeros rayos de luz se vieron acompañados por un sonido de aviones despegando, los del “Vuelo 605” de Angel Álvarez y especialmente aquella mañana iluminaron más si cabe con el descubrimiento de un poeta de la canción, el canadiense de Ontario Gordon Lightfoot, la canción “Early morning’ rain” sonó por primera vez y me pareció una canción hermosa, de las más hermosas que había escuchado

...¿y quien era el tal Gordon? Nadie lo conocía y sus discos todavía no se editaban en España, pero ahí estaba al frente de ese inolvidable programa de Radio Peninsular el apasionado y recordado Angel Álvarez para ilustrarnos hasta la saciedad.

Angel era asturiano, radiotelegrafista y piloto de Iberia, con más de 38.000 horas de vuelo, lo que le permitió hacer innumerables viajes a Nueva York recopilando gran cantidad de vinilos imposibles de encontrar entonces en España, en 1960 comenzó su trayectoria como comentarista musical radiofónico en La Voz de Madrid, hasta 1963 que despegó el morro de su “Jet” con agujas de zafiro en aquel mítico “Vuelo 605” permaneciendo en antena mas de cuatro décadas con el encomiable objetivo de difundir aquello que te gusta, compartiendo ese tesoro que pierde parte de su sentido si se disfruta a solas.

Con voz cálida, rotunda y pausada nos introducía en las novedades de la Música Ligera descubriéndonos músicas y músicos desconocidos para nosotros y que desde entonces se convertirían en compañeros vitales, en un ejercicio de solidaridad, compañía, y complicidad que nos regalaba desde las ondas, enriqueciendo el triste panorama musical de la época y abriendo los oídos a varias generaciones de oyentes que agradecidos siempre le pagaron con su fidelidad.
Gran admirador de Dylan y no tanto de Los Beatles reverenciaba a Elvis Presley, Pete Seeger, Eddie Cochram, Peter Paul & Mary o Simon & Garfunkel, entre otros.

Recibió los grandes premios como el Nacional de Radio en 1973, el Ondas en 1996, el Antena de Oro en 1999, el premio de la Música en 2002, o el Oscar de la publicidad al mejor programa musical por "Vuelo 605"

Pero sobre todo, enseñó una forma de comentar didáctica, documentada, entretenida creando una escuela que sería seguida por los Iñigo, Salaverri, Revert, Manrique, García Pelayo, Julián Ruiz o el mismo Trecet, nos dejó en Agosto del 2.004


Acabó el tema de Lightfoot, desaparecido desde no se cuando aquel tablero forrado de cuché, sustituidos los pinceles (que no el lápiz) por alguna que otra herramienta de Auto CAD y pasados unos cuantos cientos de fines de semana, vuelvo a encontrarme con esa “temprana lluvia de la mañana” del poeta - cantante - compositor de Ontario que el próximo Noviembre cumple 70 años.

Mas de doscientas canciones a sus espaldas algunas de ellas grabadas por artistas de todo el Mundo y en especial esta “Early morning’ rain” que la hemos oído entre otros por Bob Dylan, Elvis Presley, Peter Paul and Mary, Eva Cassidy o los Kingston Trío.




Aunque a mi me gusta mas la versión de Dylan, en este caso ilustro el comentario con la de un ya mayorcito Gordon Lightfoot.