21 de febrero de 2008

Las Fallas y yo,


Mi relación con el mundo de las Fallas ha sido especialmente difícil, con toda seguridad un incidente sucedido siendo niño, en el que los falleros de mi barrio, pusieron de manifiesto lo tremendamente cruel, que una decisión clasista e irrelevante, puede con el tiempo trascender en la que sería a partir de ese momento una continua y alimentada disposición adversa hacia las Fallas y su entorno.

Nunca le he vuelto la espalda a los acontecimientos Falleros, pues si bien es cierto que a pesar del torpe comportamiento de aquellos vanidosos y falsos falleros, siempre he sentido con lógica y evidente emoción la esencia y los detalles de una Fiesta, que aunque a veces no lo parezca, pertenece a todos aquellos que son capaces de percibir con un mínimo de sensibilidad, (que no-sensiblería) sus autenticas señas de identidad, y que obviamente no son, ni las diferencias sociales, económicas o culturales, ni tampoco los excesivos y empalagosos adornos de reconocimiento a una Tierra y a un Mar que si hablasen por si mismos, exigirían un trato diferente.

Sin poder evitar esta obsesión inconsciente que tengo de racionalizar mi percepción de las cosas, me atrevería a dar una interpretación casi esquemática de este acontecer histórico, “El Barrio que ya existía, invento la Falla, ésta en su ejercicio, auto-inventó el Fallero, y éste, hombre al fin y al cabo, en una aplicación mal entendida de responsabilidad global se distanció del barrio”

Muchos años después, algunas Sociedades falleras se han convertido en agresivas y competitivas empresas, con Presidentes ejecutivos e inaccesibles comisiones, que ha veces, ni siquiera conocen el Barrio al que representan, y cuya única ocupación y preocupación es, en una loca y desmedida carrera de despropósitos, posicionar su monumento, y solo a golpe de talonario, en el primer lugar de una clasificación por ellos mismos creada.



Afortunadamente existe otro Mundo Fallero, nuevas y jóvenes generaciones, las de aquellos que condicionan su intervención a unas Fiestas mas participativas, las de aquellos que generan una conciencia colectiva, y en el ejercicio de un equilibrado proyecto económico y cultural, proporcionan y devuelven al Barrio, algo de lo que éste les adelantó un día no muy lejano,

Su Vida y la de Sus Personajes.Con gran satisfacción, y por que no decirlo, con cierto miedo y rubor he recibido en varias ocasiones, la petición de entrañables y próximos amigos, de asumir el papel de Mantenedor en el Acto de la Presentación como Fallera Mayor de alguna de sus hijas. Mi pequeña aportación, arriesgada, por posiblemente mal entendida, pero fresca, breve y sobre todo consecuente con la personalidad de la homenajeada, a consistido en darle a esta locución tan particular, un contenido diferente, ideas y textos menos encasillados que los habituales, generalmente amanerados, rancios y sin personalizar, los que con toda seguridad, y tan solo cambiando los nombres se utilizan Presentación tras Presentación y año tras año, indistintamente de quien sea la Protagonista, con adornos gratuitos y excesivos que llenan interminables minutos de tedio entre de los asistentes.

La oportunidad que me han dado: Laura Fornés, Pilar Viçent y Fernando Ferrer, Amparo Díaz, María Alemany, Julia Viçent y Fernando Alemany, me ha permitido con su beneplácito y complicidad, y con mis propios criterios, recuperarme de una herida que latía sedimentada en el fondo de mis recuerdos.

Con un cariñoso recuerdo para todos ellos me he permitido reproducir el Discurso de Mantenedor, que le ofrecí a María Alemany, la tarde de su Presentación como Fallera Mayor Infantil.
Maria tenía 9 años:



Aquella tarde, las calles próximas a la falla, estaban especialmente iluminadas, en sus balcones ondeaban banderas y guirnaldas.

Los vecinos y familiares, se agrupaban en multitud para presenciar, el que iba a ser, uno de los más atractivos pasacalles de la semana fallera.
La comisión infantil de la falla “Periodista Azzati-San Vicente” empezaba una maravillosa e inolvidable cabalgata de disfraces.

Todos los niños y niñas revoloteaban buscando su lugar en las filas, reagrupándose según convenía, para representar, los personajes de cada cuento.

En primer lugar y abriendo la cabalgata desfilaba “Spiderman”, que llevaba el estandarte de la comisión, a su lado “Blancanieves”, que estaba más bella y radiante que nunca, iba acompañada por sus siete inseparables “enanitos”, “Pedro Picapiedra, Pablo, Vilma y Betti” conducían un piedro-coche descapotable, “Peter Pan” y “Campanilla”, corrían de un lado a otro esquivando los zarpazos del malvado “Capitán Garfio”, que no podía evitar ser comido una y otra vez por el incansable “cocodrilo”.


En un tren con muchos vagones multicolores y conducido por una máquina de carbón, disfrazados de maquinistas estaban “Mickei Mouse” y “Pluto”.

Todos, absolutamente todos los personajes de nuestros cuentos y dibujos animados formaban parte de esta maravillosa cabalgata, pero todos ellos no eran, sino el prólogo de un final apoteósico.

De pronto, apareció entre una tupida lluvia de serpentinas y confetis, una inmensa "calabaza", que se movía con lentitud empujada por cientos de ratones plateados,
En medio de los aplausos, del interior del último vagón salió una resplandeciente hada, que no era otra que “Silvia Aparisi”, por un segundo pasaron por su memoria, todos los recuerdos de su reciente reinado como fallera mayor infantil.

Recordó con ansiedad, los nervios el día de su elección, se recreó en los momentos de la inolvidable fiesta de su presentación, la agotadora actividad durante el ejercicio, asistiendo en representación de su comisión, a múltiples y diversos actos y la irrepetible noche en la que su falla se elevo al cielo entre llamas y lágrimas.

“Silvia”, ya sabe de las emociones acumuladas y de los agradables recuerdos que le acompañarán a partir de ahora, y que volverán a su memoria, cuando quiera recordar como fue en su vida, esta apasionante experiencia.
y ahora en sus manos, con su magia, tenia que obrar el milagro y materializar el instante de su relevo, ...avanzó lenta y majestuosa hacia la calabaza y los ratones, y poso sobre ellos su varita mágica.

De pronto, la tarde noche se lleno de miles de estrellas, el cielo se ilumino y el silencio se hizo música, entre una densa nube de flores y golosinas, la calabaza se convirtió en una maravillosa carroza realizada con maderas y piedras preciosas, los ratones se transformaban, unos en inmaculados caballos blancos que tiraban de la carroza y otros en elegantes y uniformados músicos que amenizaban con alegres marchas.

La capota de seda y marfil que coronaba la carroza, se abrió como se abren las palmeras de los castillos de fuegos artificiales y de su interior surgió la más bella y deslumbrante visión que podíamos imaginar, una hermosa realidad vestida de princesa
“Maria Alemany Viçent”.
Ahora empezaba para Maria su particular y maravillosa cabalgata, un viaje lleno de emociones, de frenética actividad fallera, de compromisos, de muchas alegrías y alguna que otra lágrima.
“Maria,... la Princesa”, saludaba desde lo alto de la carroza, estaba radiante de felicidad, a su alrededor “el Rey León”, cantaba alegres melodías, “el Gato con Botas” vestido elegantemente de paje, le hacia exageradas reverencias, “Bambi” le mordía juguetonamente la cola del traje y el “Pato Donald” le repetía con su peculiar voz lo bonita que estaba.

En ese instante, y ya de noche, en el reloj del ayuntamiento, sonaron diez campanadas, el corazón de “Maria” se aceleró, pero esta vez no tenía motivos para asustarse, aquello no era un cuento, era el más hermoso de los sueños convertido en realidad.
Entonces, se le acerco un pequeño y simpático personajillo disfrazado de “Pocahontas” era su inseparable hermana y amiga, “Sara Alemany” y juntas se acercaron al principio de una larguísima traca.

Los vecinos, familiares, amigos, y la comisión en pleno, se unieron formando un enorme corro alrededor de la “falla”.

De las manos unidas de “Maria, la Princesa” y “Sara, Pocahontas”, salió un destello luminoso que encendió la noche y puso en marcha el más esperado de los castillos. Minutos después, unas lágrimas de tristeza resbalaban por las mejillas de “María”, mezclándose con las cenizas de la que había sido hasta ese momento la falla de su reinado.

Esta mañana, “María” se ha despertado sobresaltada, y al ver tirados por el suelo de su habitación, decenas de cuentos con sus personajes favoritos, ha pensado que toda esta historia, había sido solo un sueño, pero al levantar la vista, junto a la ventana e iluminado por un rayo de sol, estaba el mas bonito traje de fallera mayor infantil que jamás había soñado.
“Maria” hoy, es inmensamente feliz.”

17 de febrero de 2008

Balú y la Unión



“Balú” era un pequeño Pub, tan pequeño que a veces para poder bailar, (actividad que por supuesto debido a las justas dimensiones del local era del todo imprevista) había que retirar los cuatro sillones que tenia en el pasillo de acceso a los baños.
El ambiente era tan íntimo y familiar que solo con frecuentarlo varias veces continuadas, reconocías al resto de los contertulios, incluso echabas de menos a los ausentes.
Su propietario, Jose era el elemento conductor que relacionaba personas y acontecimientos, como un maestro de ceremonias multidisciplinar que igual preparaba un contundente Dry Martíni, que pinchaba la música mas adecuada para cada momento.

Visita tras visita y como si hubiéramos pactado un tácito acuerdo ocupábamos los mismos asientos, o al menos nos ubicábamos en la misma zona y de esta forma, la música, las copas, los aperitivos, los asientos y Jose se repetían casi de memoria, día tras día.


El local que abría como bar desde primera hora de la mañana, mantenía una actividad razonable y ordenada en horas de desayunos y aperitivo, pero era a partir del final de la tarde cuando el anochecer lo envolvía con un alo de atractivo lúdico, que invitaba a esconderse entre los estampados de las cretonas inglesas que forraban sus paredes, la iluminación competía tímidamente con la noche creando un ambiente de claroscuros.
La música que se oía hasta bien entrada la noche se paseaba lentamente entre Baladas y Clásicos del Swing, Sting, Sinatra, Cocker, Orbisón, Bee Gees, Etc.
Jose, desde un mas que premeditado control se dejaba querer, solo para los momentos de mayor aglomeración a altas horas de la madrugada buscaba ayuda, mientras tanto el se bastaba para atender con una memoria y eficacia inusual a todos los parroquianos que después del trabajo, de la cena o del cine, íbamos dejándonos caer por su peculiar local, digo que se dejaba querer porque algunos de nosotros, participábamos con su total complicidad en parte de la actividad lúdica del local, seleccionando la música, o proporcionando aperitivos para acompañar las últimas copas.


Quizá no era su intención, pero tal y como avanzaba la noche, la elección de la música iba adquiriendo mas protagonismo y los temas que hasta ese momento solo habían dibujado el fondo sonoro a nuestras tertulias y discusiones, nos contagiaba de un ritmo que solo por el hecho de no haberlo hecho nunca, nos mantenía pegados en nuestros asientos.

No recuerdo cuando fue la primera vez, ni quien la inició, pero si recuerdo la canción “Lobo hombre en París”, el tema de La Unión y nuestro deseo reprimido por un falso pudor que por otra parte estábamos dispuestos a obviar, propició que a partir de ese momento el diminuto Local de encuentros y tertulias, cada noche y a partir de un determinado momento se convirtiera en la Sala de Baile mas trepidante y cuarentona de la Ciudad, todos bailábamos, unos con otros, indiscriminadamente, según venia el “tempo” lento o rápido y Jose con todas, hasta que el amanecer nos sorprendía a través de los ventanales de aquel deseado y entrañable local.

                                                    

8 de febrero de 2008

Me enamoré de Chrissie



Mis viajes a Londres se han caracterizado por un cúmulo de incidencias y malentendidos, relacionados directamente con los vuelos de avión. En cambio, las estancias, han sido espléndidas y repletas de situaciones agradables. La elección de los Hoteles, los restaurantes y los establecimientos culturales y comerciales visitados me han proporcionado experiencias apasionantes.
Juan Melero es un amigo de los que se dicen “de toda la vida”, relación esta, que se inició no se sabe cuándo, pero seguro, que fue compartiendo actividades escolares en las Escuelas Profesionales San José, y aunque pertenecíamos a cursos diferentes, pues él es un año mas joven que yo, seguro que coincidimos en la creación y organización de cualquier evento relacionado con el deporte y la cultura.

Inquieto, emprendedor y con una gran capacidad para proponer e iniciar con aparente soltura, cualquier tipo de actividad, cualidades estas, que él creía compatibilizar con mis habilidades en el terreno artístico y creativo, del ejercicio de este tipo de relación salió un proyecto de equipo de diseño, al estilo de las agencias de publicidad convencionales con la incorporación de algunos matices en la línea de servicios y ofertas, innovadores en ese momento, el nombre que le pusimos ya tenía su complejidad “Chaplin Técnico 2”, la referencia al cómico universal, era un homenaje subliminal a la creatividad e imaginación, seguido de una rigurosa acepción que cerraba el circulo de una perfecta oferta, como tantas ilusiones que abrazas en la adolescencia, esta se fundió al poco tiempo de comenzar.


Recuerdo perfectamente, aunque él siempre lo ha eludido, el día que se planteó, estando en el Studio de nuestro común amigo el fotógrafo Paco Alberola, la posibilidad de hacer juntos, con el patrocinio de uno de sus más importantes proveedores, un viaje a Londres. El motivo era la visita a la fabrica y a una Feria sectorial, invitación que entendimos formaba parte de un plan de presentación y promoción de producto por parte del citado fabricante, a nuestra lógica perplejidad le siguió un pregunta inevitable, ¿en calidad de qué, justificamos nuestra presencia en la citada visita?
Su respuesta fue inmediata y convincente, Paco y yo, seriamos respectivamente, fotógrafo y asesor de imagen de su empresa.

Por cuestiones profesionales tuve que posponer mi salida un día después a la prevista, circunstancia que me hizo perder el derecho de uso de un pasaje que no admitía cambios, con el consiguiente desembolso extra.
Mi llegada al aeropuerto Heathrow fue desoladora y desconcertante, no existía la CEE y el trato a los españoles no distaba mucho del dispensado a cualquier sospechoso venido del tercer mundo, cacheos, registros y una vez en el hall de llegadas, una desesperada búsqueda del enlace que se suponía me trasladaría al Hotel, la espera se hizo interminable, pues mi total desconocimiento de ingles hacía más difícil la localizacición de esa deseada señorita uniformada, con una bandera en alto que pusiera Mr. Cot.

Una vez en el Hotel, y a la vista de semejante establecimiento, recuperé mi habitual estado de ánimo, decidí deambular por sus proximidades hasta bien entrada la tarde. El Hotel Grosveenor House goza de una ubicación perfecta, de espaldas al elegante barrio de Myfair, uno de los más bellos de Londres, y frente al maravilloso y extenso Hyde Park, uno de los mejores hoteles que he conocido, suntuoso y fiel en su estilo y espíritu británico y vanguardista en la concepción de los servicios.

Sobre las siete de la tarde, regresaron Paco y Juan, con el tiempo justo de recomponerse para la cena, que compartimos con otros clientes y personal directivo de la Fábrica, recordaré siempre la velada gastronómica que disfrutamos aquella noche, el Restaurante Café Royal es un local entrañable y especial, atendido espléndidamente por unos ancianos con levita, que se mueven con lentitud, arrastrando los carros de viejo nogal sobre los que se posaban y repartían los diferentes platos del menú, cubiertos por las clásicas tapaderas de plata, la ceremonia se repetía parsimoniosamente en la entrega de los primeros, los segundos y los postres.

Solo, en mi habitación del Grosveenor House no podía conciliar el sueño, eran demasiadas emociones juntas, de uno y otro signo y estuve zapeando por las diferentes cadenas del pequeño televisor, hasta que encontré la emisión nocturna de “Music Box” especializada en la retrasmisión ininterrumpida de videos musicales, entrevistas y actuaciones de los más representativos grupos de Rock y Pop, después de una corta pausa publicitaria empezó un largo reportaje que atrajo mi atención, era un video recopilatorio de aproximadamente una hora de duración, para la promoción del ultimo disco de “The Pretenders”, creí reconocer alguna de las canciones, hasta ese momento desconocía cualquier detalle sobre el Grupo o sus componentes, pero esa noche me enamoré de su cantante, la hermosa y enigmática Chrissie Hynde, y de una canción “Don’t get me wrong”, que inevitablemente me traslada siempre que la oigo a aquel fin de semana londinense.
De nuevo en el aeropuerto para regresar a Valencia, al pasar la aduana, uno de los clientes de Juan, residente en Mallorca, que compartía el regreso con nosotros hasta Valencia en transito a Palma, y con el que yo había simpatizado, fue requerido a un despacho privado, para justificar un defecto de forma en su documentación, yo, me ofrecí a esperarlo, y así, que el resto de la expedición dedicara unos minutos a las inevitables últimas compras en el “Dutty Free Shop”, una vez aclarado lo del pasaporte al “mallorquín” lo reincorporaron al interior de los pasillos próximos a las puertas de embarque, pero por una puerta diferente a la que había entrado, tras la que yo, permanecí esperando durante casi media hora, alimentando a cada minuto que pasaba una situación nerviosa, que me trasladaba inconscientemente a las incidencias del viaje de ida. Faltando unos minutos para el cierre del embarque, decidí actuar, y al salir e iniciar la búsqueda de la puerta de embarque de nuestro vuelo, apareció Juan que preocupado y ajeno a lo acontecido, pensó que me había perdido por ese laberinto de pasillos y salas que es el difícil aeropuerto de Heathrow.

2 de febrero de 2008

París, bien vale una misa.



Paseaba por el “Pont de L’alma", -pasear, por los puentes que son abrazados a su paso por el Sena, es entender a nivel del agua la historia y percibir los diferentes paisajes que han configurado esta maravillosa Ciudad- y reparé con sorpresa en la total inexistencia de los recuerdos con los que habitualmente los paseantes homenajeaban a “Lady Di” y que cubrían el contorno de la réplica de la antorcha de la Libertad que existe al principio del puente, el Ayuntamiento ha decidido cortar de raíz estas manifestaciones de cariño que le dedicaban a la Princesa de Gales, ahora la base del monumento está llena de incontables y sucios restos de cinta adhesiva ¿penoso no?.
Se oyen sirenas, en París siempre se oyen sirenas.

El “Pont Neuf”, que paradójicamente es el más antiguo de París, es sólido, contundente, a la vez que íntimo y sensual, quizás uno de los de “ojos” laterales de ribera transitable más largos y profundos, París entero pasea por ellos, 100 m2. de sombra que habrán presenciado 100 millones de apasionados besos y otras tantas declaraciones de Amor.
...otra vez, mas sirenas, “La Ciudad de las Luces” tampoco descansa.

38 segundos, tarda el ascensor más rápido de Europa en elevarte al cielo de Paris, desde el piso 56 de la Torre Montparnasse la panorámica de la ciudad es un espectáculo inenarrable, en un duelo particular con la Torre Eiffel a la que se enfrenta con descaro, y compartiendo ambas esa singular y magnifica vista de la ciudad. Por la noche desde las grandes cristaleras del Restaurante, se adivina el sinuoso Sena dibujado por las luces de luciérnagas que son los Bateaux-Mouches en su lúdico recorrido fluvial.

Reinventar la historia en el Barrio Latino es tarea fácil, recordar los relatos de Cortazar, Vargas Llosa o Hemingway, es andar de café en café, de plaza en plaza hasta los jardines de Luxemburgo y mas tarde al anochecer prolongar el paseo hasta el boulevard Saint-Germain y entrar en el Café de Flore, acariciar los cantos erosionados de las mesas, desgastados por horas de descanso o ardientes tertulias de apasionados antepasados, después, cruzar el boulevard y cenar en la Brasserie Lipp, buscar tú imagen reflejada en los enormes y envejecidos espejos, codo con codo con tú vecino de mesa, dando buena cuenta ambos del codillo con col agria que hiciese las delicias de la “niña mala” de Don Mario. De nuevo las sirenas me sacan del ensimismamiento de tanto recuerdo revivido.