Este jueves, relato: La mano que da la moneda
He soñado que, a plena luz del día, andaba por la calle, literalmente: desnudo.
Valentina, mi interpretadora de
sueños, me aclara que éste, en particular, vaticina una situación económica precaria, cuando
no, desastrosa.
Salgo de casa y, como cada día,
rebusco en mis bolsillos hasta confirmar que llevo suficiente para el desayuno.
En la esquina, con precisión geométrica,
justo donde se juntan los dos pasos de peatones, está Isidoro y,
como cada día, me hace un gesto con la mano insinuando algo que llevarse a la
boca… Hurgo en mi bolsillo, detecto y le doy una moneda de 50 céntimos.
Cruzo la avenida y paso junto a la
iglesia de San Roque. Ramona es extranjera y tiene la exclusiva de la puerta
principal. Luce (o más bien, desluce) una melena blanca, casposa y despeinada.
Te recibe con la mirada y, agradecida, la vuelve rápidamente en busca del siguiente paseante. Hurgo de nuevo y… 50 céntimos.
Mateo, de origen y aspecto similar,
ocupa con autoridad la puerta lateral, la de la sacristía; es mudo, un cartel
dice por él: «Tengo cinco hijos. No tengo trabajo. ¡AYÚDEME!»… Al tacto, 1
euro.
Ulises es un sureño que toca la
guitarra, sólo la toca. De pie, inventando un texto en inglés que encaje con
una melodía que improvisa, mira de reojo la funda que, abierta, exhibe como
cebo varias monedas… dejo 50 céntimos «La música hay que pagarla», decía mi
abuelo.
En la puerta del bar me saluda, sin
mirarme, Clotilde, sentada en una caja de cartón que esconde entre la falda de
su voluptuoso traje de novia; un traje que alguna vez fue blanco y estuvo
planchado; un traje que alguna vez lució una novia menos obesa; un traje al que
seguramente le acompañaba un ramo de flores naturales y no, el ramillete de
acelgas de plástico que compró hace unos meses en el «chino» de al lado.
Quieta, impertérrita, impasible al ademán, espera que como cada mañana le deje
caer en la caja de cartón unas... 1 euro —La mímica es un arte—.
Entro en el bar con la duda de si
llevaré suficiente para el desayuno. Mi pesadilla de esa noche está tomando
cuerpo —¡Vestido, claro!—.
Muy bueno Alfredo. Además perfectamente se visualizan los personajes, tu acercamiento a ellos que no es nuevo y se nota, te esperan como cada mañana. Felicidades.
ResponderEliminarTienes razón , a veces hay tanto mendigo en nuestro camino que al final el que le falta dinero para un café es a nosotros mismos .
ResponderEliminarUn abrazo y feliz semana.
Caramba Alfredo: Yo sabía que eran muchos los mendigos, pero estan la mitad en tu calle. Buén retrato de todos ellos. (porqué lo cortés no quita lo valiente). Abrazos.
ResponderEliminarPues es verdad, a veces decides si das a uno o a otro porque si das a todos, igual alguno no se lo merece. Es dificil saber discernir entre lo verdadero y falso.
ResponderEliminarMuy buen relato.
Un abrazo
Es mas valioso quien comparte lo poco que tiene que aquel que sin sentirlo, regala lo que le sobra.
ResponderEliminarUn relato muy interesante, que empieza con un sueño y acaba en la realidad, con un toque de humor y detalles (como el de la mujer vestida de novia) que me han encantado ;)
ResponderEliminar¡Un abrazo!
Igual por ese miedo a encontrarse en la misma situación que "sus" mendigos da lo que encuentra en su bolsillo. Texto para tenerlo encuenta.
ResponderEliminarBesos.
Que bueno!!! Y que buena la descripción que haces de cada personaje, me quedo con la novia soy de las que suelo embobarme ante los mimos.
ResponderEliminarMagnífico recorrido descriptivo por las diferentes personas que, en la calle, solicitan de nosotros una ayuda. Habría que añadirle el de los pañuelos, el limpiacristales, el malabarista y tantos otros, son legión, tantos que es imposible atenderlos a todos por muy solidarios que seamos, salvo que queramos correr el riesgo de acabar desnudos en el sentido literal de la palabra.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
¡Hola! Muy buen relato. Hay tantos mendigos que es dificil ayudarlos a todos.
ResponderEliminar¡Un abrazo!
La mano de tu personaje es generosa y su corazón muy grande. Me gustaría pensar que es real y que su ejemplo fuera más común.
ResponderEliminarMe ha encantado el relato.
Un abrazo.
Ay! ese prójimo tan demandante...y un bolsillo generoso pero donde siga así, se quedará vacío hasta de calderilla ;)
ResponderEliminarPor suerte lo que sigue en crecimiento son los personajes y sus buenas descripciones.
besos