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Este jueves, relato: Objetos

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Objetos. Costura. El local, en principio pequeño, estaba atestado de artículos delicados ordenados en estantes y pequeñas cajas transparentes que dejaban entrever todo tipo de carretes de hilo, cintas de medir, botones, blondas y un sinfín de productos de pasamanería Ella, mientras hablaba, seguía cosiendo, pespunte tras pespunte, hilván tras hilván. Los ojos perseguían la aguja haciéndola coincidir con la tela, primero, y después con la superficie metálica del dedal. Una y otra vez enhebraba la aguja llevándose el hilo a la boca donde lo cortaba con los dientes. Por la noche, solía hacer los encargos de la modista del centro. Eran los momentos de mayor paz y concentración. El silencio de la noche era inspirador, y yo, al fin y a la postre, acabaría durmiendo en unos minutos. Los encargos de la señorita Julia le permitían adentrarse en un universo de lujo; con esas prendas entre sus manos podía soñar, y la noche, para esos sueños, era lo mejor. Con frecuencia me preguntaba qu

Este jueves, relato: Participantes

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M Y r i A M M ó N I c a G a B I L a n T E C e C Y C A M p i R e L A D i V a d e N o c H E M O L i d e L C a n Y E R M a R í a J o s É A L f R e d A L b a d A D O s V í c T O R M ağ a de Q a M a r M A r í A L i B E R o n a D e M I u r g o M u j E R D E N e g R o A L f r e D o

Este jueves, relato: Objetos [Convocatoria]

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En la nómina postmorten que realizaban los notarios en el siglo XVIII, apenas se relacionaban una docena de objetos personales por cada difunto. Hoy en día cada habitante occidental almacena un promedio de 75 muebles y un total aproximado de 110 objetos personales —los cuales se renuevan vertiginosamente de forma semanal, mensual o anual, en su mayoría—. La industria vomita sin descanso miles de millones de objetos cada año, para ser vendidos, usados, revendidos, maltratados, olvidados y, finalmente, abandonados. Pero hay objetos y objetos: los que forman parte de nosotros, que nos acompañan dónde vamos; que, tan próximos, tan cotidianos, tan nuestros que incluso han llegado a protagonizar alguno de nuestros más vitales sucesos o a acompañarnos en el desenlace de otros. Así, pues, hoy vamos a contar, inventar, exagerar, mentir o confesar cómo algunos de estos objetos han protagonizado un instante de nuestra vida. Adjunto objetos cotidianos para vuestra inspiración, con la l

Este jueves, relato: Plop, plop

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Plop… plop. Creo —me atrevería a asegurar— que todos tenemos uno. Algunos, dos o tres. Mi plop… plop es un tic, tac… tic, tac . Mi tic, tac vela a mi lado; vive, reza, duerme, bosteza y hasta ronca conmigo. Es díscolo, trasgresor, inicuo. Se manifiesta caprichosamente con un secuencial y molesto orden. En un primer sueño, el más profundo, me descubre a un niño saltando un muro. Lo recuerdo a trozos , como fragmentado, sorteando charcos de agua embarrada, aupándose sin llegar hasta la cara superior de esa pared, cubierta de vidrios. Mi tic, tac me moja el cuerpo. Me confunde. ¿Ese niño…? Le intento ayudar pero sus piernas se escurren entre mis manos. Me fijo en sus ojos, no tiene. Después de dar vueltas en la cama, voy al baño, bebo agua, apago la luz y escondo de nuevo mi subconsciente bajo la almohada. Mi tic, tac me dibuja al niño indefenso, frágil, amenazado y le grito: «¡Salta! ¡Date prisa! ¡Te ayudo!» Mi grito, mudo, se apaga. A lo lejos, un Kalashnikov escupe

Calenturas de verano. [1] Otros agostos...

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Otros agostos. «A ver... ¿lo llevo todo?» Me pregunto y me respondo: «L a crema solar, protección 9;  el bañador de lunares amarillos;  las chanclas a juego;  las gafas de sol (graduadas, claro);  el último de Posteguillo;  mi nieto (y, sospecho, que sus padres);  pastillas para los mosquitos;  pastillas para la tensión;  el MP4 con los Grandes Éxitos de Antonio Molina;  la sombrilla de Coca Cola;  el pijama a rayas, para la siesta;  el balón de NIVEA (para ligar);  el portátil; ¡Vale, vale... el portátil no! y mi mujer,  ¡por Dios, que no se me olvide mi mujer!  En fin, que no es un adiós, tan sólo un hasta luego. S acudo el pañuelo blanco, tamaño folio, para que resulte más cómodo el movimiento y, dejando flotar la sonrisa cómplice por lo que todavía me espera, dejo asomar media lágrima de afecto para todos aquellos sufridores en casa, que me siguen leyendo y que siempre encontrarán un banco a la sombra en esta querida plaza».

Este jueves, relato: Internet

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Vivimos de la imaginación. Vivimos en un inmenso archivo de medias verdades y el contacto con la realidad no sólo nos decepciona, también nos paraliza. Nuestra sensibilidad se ve reducida a un ligero paquete de emociones que filtramos a golpes de ficción, e Internet es el Olimpo de ella. Esta realidad irreal se produce como algunos acontecimientos espaciales a partir de unas extrañas e inusuales coincidencias naturales; casi tan rápida como un atardecer, como una conexión a ciegas, como un bautismo internauta: «Mi  nombre  es  I.P. 134.32.106.42, es lo único de verdad que exteriorizo. Las máquinas no se equivocan y esta identidad es la única real que manifiesto y no la puedo obviar. El nombre de mi blog, mi contraseña, mi perfil, mi foto, mis intereses, mi edad, mi signo zodiacal o el chino, son los que son, pero podrían ser otros bien diferentes. Un día se cruzó en mi camino internáutico el I.P. 23.127.89.33 y me dejó un comentario: "Hola, soy Altea, llego a ti a travé

Un día en Londres.

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Un día en... Londres 7’30 Con ropa deportiva atravesamos en hall del Grosvenor House y, una vez en Park Line, buscamos la entrada próxima a Hyde Park. Hace frío en este día de invierno, frío del que el corredor se sustrae fácilmente por la belleza del lugar. Giramos en el Speakers’ Corner y seguimos hasta la orilla del Lago Serpiente, a continuación el palacio de Cristal y de nuevo camino del Hotel. 9’45 La primera distancia la cubrimos en metro, la entrada más próxima está en la esquina de Park Line con Oxford St. cerca del arco de mármol blanco que da nombre a la estación del suburbano: Marble Arch. Después de algún trasbordo, llegamos a nuestro primer destino, una de las librerías más impresionantes de Londres, Waterstone’s, hay otras de la misma cadena en la ciudad pero este edificio tiene algo especial, mantiene el aspecto y sabor de los libreros que le precedieron, la famosa librería Dillons, tal y como la conocimos en Torrington Place. 12’00 Es hora

Este jueves, relato: Escaleras

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Escalera vital. Mi vida es como una escalera multicolor. Me descubro iniciando la subida, los colores están allí y yo tengo que cubrirlos. Miro el primero, amarillo, y me veo espontáneamente perfilado, aparentemente hermético, dentro y fuera. Subo. El segundo es verde, accesible, como yo, pero vacío para recibir y alojar en su superficie todo lo que venga: ordenando, racionalizando, apurando los milímetros que adivino y piso. Subo. El tercero, rojo; acerco mi vida y vuelco emociones, traiciones, gente y más gente que empuja por adelantarme en la subida. Detrás, manos amigas me sustentan. Subo. El cuarto es naranja, al pisarlo se me descuelgan kilos de textos, enciclopedias, libretas, lápices y gomas de borrar; billetes de avión arrugados por el miedo, la factura húmeda de un hotel de Venecia, camisetas con el número 3 y cientos de zapatillas rotas por su continuo encuentro con la tierra. Subo. El siguiente es violeta; allá va mi colección de vinilos, mis cartas

Este jueves, relato: Mudanzas

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Primero fue la mudanza. Que si esto no porque esta viejo y esto tampoco porque es de tu madre y esto menos todavía porque está pasado de moda y aquello ni se te ocurra porque a saber cómo ha llegado hasta aquí y esto otro ni pensarlo porque… ¡La mudanza! ¿Qué mudanza?, si la mitad de mis cosas se quedaban perdidas, olvidadas, dilapidadas e irrecuperables para siempre. De esa mudanza o lo que es lo mismo: alevoso atentado o irrespetuoso abuso o irreverente expolio solo quedó el derecho al pataleo más infantil e indefenso que os podáis imaginar. Todo lo suyo cupo, ordenado, en el espacioso contenedor del inmenso camión y lo mío, desordenado, en el irregular y minúsculo capó del coche. Segundo fueron las obras en la nueva casa. Había costado poco y pensamos que, con algo más de inversión, nosotros mismos podríamos restaurarla. Sólo había que sanear algunos tabiques, actualizar la fontanería, barnizar las puertas y ventanas, y que con una mano de pintura, quedaría como nueva —o

Este jueves, relato: Cuentos de botica, boticarios y demás sanitarios.

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Hoy he estado en el hospital; ese al que acudimos muy a pesar nuestro acompañando a alguno de nuestros hijos con una brecha en la cabeza o siendo acompañados por alguno de ellos porque se nos ha disparado la tensión; ese en el que esperas de pie horas y horas hasta que pillas una silla donde pasar más horas y horas esperando con ansiedad creciente un estridente altavoz que me señale con el dedo diciéndome: «¡AC327, pase por la consulta 22!»; ese en el que sabes a qué hora entras, pero no a qué hora saldrás: Expedientado, visitado, radiografiado, diagnosticado, medicado y recetado en menos de quince minutos —Que podrían haber sido menos, si las enfermeras hubiesen dejado los detalles de la próxima boda de la Presley para otro día—.   Sin embargo y en otro orden de cosas no es tan mala la soledad del paciente visitador de Hospital cuando las cosas suceden en silencio apacible, con celeridad y eficacia y sobre todo cuando te aseguran que lo tuyo, no es un desplazamiento de la prót

Cuentos de andar por casa: ¡Cumpleaños!

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¡Cumpleaños! Estaba yo viendo detenidamente al gusano buscándole el agujero por todos los lados, pero no había forma. Primero le apliqué la teoría esa de las cuerdas y nada, que si quieres arroz Catalina, luego le puse a ambos lados, equidistantes, dos globos terráqueos y por más que intentaba mantener el paralelismo entre ellos, él se movía convirtiéndolo en un espacio asimétrico divergente. Desesperado por lo infructuoso de mi intento, pensé que necesitaría una ayuda especial, alguien que por la pureza de su alma, la limpieza de su mente y la grandeza de su corazón, entendiese de igual a igual el sublime y misterioso mensaje que hasta ese momento parecía recibir de un simple gusano de seda. Cabizbajo y meditabundo me sorprendió mi nieto Alejandro que con la mirada se interesó por mi abstracción y al que intente explicar, como se le explican las cosas a un niño, el motivo de mi profunda preocupación. Habría asumido, como era lógico, que él no hubiera entendido absolutament

Este jueves, relato: Suspiros en blanco y negro.

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Suspiros en blanco y negro [Margaritas*] Me quiere, no me quiere… La conozco, la tanteo, me gusta, me aproximo; primero con timidez y luego con determinación. No hay reparos, un beso descubierto es consustancial con la situación. Las manos que primero se rozan, acaban juntas y apretadas, no importa dónde. Me quiere, no me quiere… Las caricias trascienden a la claridad del día y los besos se consumen a plena luz del sol o a plena sombra de la luna. Los abrazos se dan y se reciben bajo la lluvia, bajo un puente o bajo el cielo abierto. El vértigo, el miedo, la presión tienen demasiada presencia. Una vida buscando algo tan sublime, tan apasionante y cuando la fortuna te lo regala, lo tenemos que esconder. Quiero hablar de ti, necesito hablar de ti. Deseo contar lo que siento cuando te leo, cuando me lees. Me quiere, no me quiere… Me gustaría exteriorizar mi felicidad después de compartir miradas. Se nota tu luz en mis ojos, en mi sonrisa. Presumir de la amistad, ponerle

Cuentos de andar por casa: Reflexiones de un emprendedor.

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Reflexiones de un Emprendedor. Mi trabajo consiste en fabricar colores. Los lunes hago amarillos; se venden bien, no lo que me gustaría, pero para empezar la semana no está mal. Por la noche siempre recojo sobrantes que están en buen estado y los guardo para el miércoles.  Los martes, azules. De este a veces repito, siempre hay algún cliente que me sorprende con la cantidad. No es problema, habitualmente siempre hago de más. El miércoles, verde, que consigo mezclando los amarillos y azules sobrantes de los dos días anteriores. Es el más rentable y el más variable… a veces es más azul y otras más amarillo. Todavía no le he cogido el tranquillo a la mezcla. Los jueves —además de escribir— fabrico rojos, me lo quitan de las manos. En este país casi todo se pinta de rojo, hasta el asta del toro negro. Los viernes, morados, en todas sus gamas: lilas, fucsias, violetas, índigos. Ante la proximidad del fin de semana el personal está al borde del colapso y un poco de equilibri

Este jueves, relato: Dime de qué película hablo.

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La música…, siempre la música.  Las notas de Jarré sobre la ciudad nevada resbalaban sobre sus oídos. Sucedió a algo más de doscientos kilómetros de allí, en una pequeña ciudad inventada por un escritor y, a pocos kilómetros de esa pequeña ciudad, una casa de campo con todo el lujo que una familia adinerada y noble merecía. Una casa lujosa en medio de la nada, con jardines y bosques y algún que otro lobo aullando por la noche. Fue una mañana de un frío invierno cuando la casa, abandonada por la guerra, sintió de nuevo el calor humano de unos precipitados e imprevistos visitantes. Anónimos furtivos de la revolución. En mitad de la madrugada, ella dormía al calor de un hilo de madera ardiendo y él, sobre la pulida y helada mesa, desgarraba alma y hojas en busca del poema que le devolviese a la vida. Varykino fue el último lugar que los vio juntos. El último que los vio felices. Luego, la muerte. Años después, desde el tranvía, la vio caminando, acelerada, ausente, casi perd