28 de noviembre de 2012

Este jueves, relato. "A la luz de una vela"



Su voz era como un susurro cansino, hablaba y hablaba sin obviar detalles.
A esas horas de la noche, los pormenores sobre la historia de nuestra familia me adormecían sin poder evitarlo; bueno, era la noche y no los pormenores, pues había sido yo el que había animado a mi madre a contarme de nuevo esas aventuras que tanto me entretenían.

Con la cabeza apoyada sobre el mantel de hule, la miraba en un esfuerzo agradecido por ser como era.
Ella, mientras hablaba seguía cosiendo, pespunte tras pespunte, hilván tras hilván.

La vela, constante, sabía que no podía consumirse antes de que ella acabase su trabajo.
Sus manos y los bajos de aquel traje de novia estaban iluminados al cien por cien, la penumbra era la dueña del resto. Su rostro, quedaba sesgado en un contrastado claroscuro.

Era guapa, ancianamente guapa, sus arrugas parecían tener nombre propio. Los ojos perseguían la aguja, haciéndola coincidir con la tela y después con la superficie metálica del dedal.
Toda su vida pasaba por aquellos puntos, contenta por ser querida. Tan sólo una costurera, pero feliz, muy feliz.
A la luz de aquella vela, aprendí, entre cabezazos sobre el cálido hule, que se puede tener todo, sin tener casi nada.

21 de noviembre de 2012

Este jueves, relato. "Quehaceres paralelos"



Tengo  respuestas imposibles  para todas las preguntas posibles.
Todas…  menos para una.
Toda una vida de compartir conmigo mismo el mayor de mis secretos.
Dejando translucir solo opiniones divergentes  y emociones convergentes, con el único objetivo que esconder un Arte Paralelo. 
Una vida tangencial al margen de lisonjas y tormentas. Una doble cara. Un antifaz verde fósforo sólo visible en la oscura soledad.
Un taparme con la palma de la mano los ojos en pleno día para distraer mi desconcierto, mi gemela e impresentable otra personalidad.
Pero ahora, desnudo y comprometido, sé que ha llegado mi hora, la de la verdad.
De nada me vale desviar la atención disfrazándome tras un engañoso código bloguero de cartón piedra o de una exquisita apariencia con sombras de dudosa propiedad.

Ahora, saboreando mi engaño y mi secreto, viene Gastón y me obliga a destapar mis otras cosas, esas que posan sedimentadas en el fondo del armario. Eso por lo que no cobro, aunque  me pagan. 

¡Sí, claro que tengo un Arte paralelo!
¿Y quién no?

15 de noviembre de 2012

Este jueves, relato. "Una de tres"



Humo detrás del cristal.

Tengo que decir que me resultó difícil.
No quería que pareciese un plan de fin de semana.  Estaba frente a mí, en aquella sala de estar de su piso de separada.  Me gustaba mirarla, con la mirada ambiciosa del que está modelando un futuro.
Quería aprendérmela de memoria. Conocer su perfil,  disfrutar de todas las formas posibles de su cuerpo y retener esas tres dimensiones que me empezaban a enloquecer.

Tengo que decir que fue precisamente el desafío lo que me retuvo allí.
A su lado, archivo en casillas virtuales sus sonrisas, que son varias. Sus besos que mórbidos me descubren la morbidez de sus labios y, de los míos.
La madrugada transcurría plácida, llena de expectativas. La noche, ya vencida, quedaba borrosa entre sábanas de papel. Ella me fascinaba.  Jugué a levantarme y analizar la situación desde la distancia, me acerqué a la ventana y le invité a compartir aquel amanecer.

La primera calada de mi pitillo se escapó entre los cristales. El humo,  dibujó mis dudas en la superficie pulida entre visillo y visillo. Ella se acercó, y su vaho y mi humo se unieron para siempre.

A fuego lento. Harry´s Bar - Venecia


A mediados de 1950, a la condesa Amalia Nani Mocenigo, le recetaron una dieta extravagante a base de carne cruda. Habitual del Harry's Bar de Venecia, le explicó a su dueño Giuseppe Cipriani tal contrariedad, y éste, pensando cómo podría hacerle más agradable la comida sacó de la cámara frigorífica un solomillo de buey que fileteó en finísimas láminas. Lo presentó acompañado de una salsa de mayonesa  mostaza y worcesterhire.


El amarillo de la salsa se superponía al rojo intenso de la carne, lo que le recordó las texturas utilizadas por su pintor favorito, el también veneciano Víttore Carpaccio. No hace falta decir que este Bar, también lo frecuentó Hemingway
                         


En mercado:
300 gramos de solomillo de buey, 50 de queso parmesano, 2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen, una de zumo de limón, 1 de alcaparras y media de sal.
En Cocina:  
Se limpia el lomo  quitándole cualquier vestigio de grasa o nervadura, se envuelve en plástico y se pone en el congelador 2 horas.
Se corta en láminas finas, estirándolas sobre madera con un rodillo, sin romper la carne.
Se le agregan unas gotas de limón, el aceite de oliva, la sal, el queso parmesano y las alcaparras.
Reposar en frío 15 minutos y servir acompañándola con hojas de rúcula.




12 de noviembre de 2012

The beat of the night.



Mi noche tiene el latido de un corazón. Me gustaría decir que late inconsciente, distante de la realidad que acompaña el paso de los minutos, ausente de mi mismo. Pero no es así. Mi noche respira a mi lado, con una sutil secuencia de vida, con un ritmo pautado que dibuja luces en la oscuridad.
Así es alguna noche de mis pasadas noches. No es la noche de aquí exclusivamente. 
Somos mi noche y yo, esté donde esté, y en la parte de la noche que sea.

Pero es aquí donde mi noche se viste de misterio, donde es dos veces negra, más cómplice que nunca, donde la luminosa ilusión en la oscura realidad eriza el despertar y, aún no amanece.

Esta desnuda realidad, me recuerda que el sueño no es un sueño y que esa mirada perdida en el oscuro  horizonte, es una mirada a mi despertar. Y espero para abrir unos ojos que no se han cerrado todavía. 
Y despierto, me pregunto…  ¿Hay algo más importante que mi noche y tú?